Crímenes de honor: “La familia es lo primero”

La joven paksitaní Saima Bibi, de 17 años de edad, fue electrocutada y murió a manos de sus propios familiares, que se reunieron en un “Consejo de Aldea” y decidieron que debía ser castigada. Su delito: haberse enamorado de un hombre al que su familia no aceptaba e intentar casarse con él. Saima Bibi “deshonró” a su familia y por ello, según un portavoz policial, se hallaron en el cuerpo de la joven “indicios de tortura y quemaduras en el cuello, espalda y manos”. El padre y un tío de la niña fueron detenidos.

 El asesinato no fue cometido en un arrebato de furia o en medio de una discusión – lo cual no implicaría ningún atenuante – sino que fue fría y cruelmente premeditado.

Según la agencia de noticias Europa Press, “Al parecer, Bibi se enamoró de un vecino suyo, Dilawar, con quien se fugó hace un mes a Karachi, la principal ciudad del país. La joven regresó a su aldea de origen con la promesa de sus familiares de que permitirían su matrimonio, pero éstos finalmente se negaron alegando que el joven procede de una casta inferior”.

Los crímenes de honor representan un método abierto y brutal de control, opresión y subordinación de las mujeres por los hombres.

En las sociedades modernas el concepto de “honor” se refiere a la conducta individual, a la integridad de una determinada persona de acuerdo a su comportamiento social. En las sociedades comunales, este término abarca el comportamiento social colectivo de una familia. En este tipo de sistemas, un individuo es responsable por el honor de todo el grupo familiar, así, el honor de un hombre depende del comportamiento de su mujer, el de un padre, de la conducta de sus hijas.

Es por ello que las mujeres se ven obligadas a considerar cada aspecto de sus vidas en función del honor familiar y su reputación depende de cualidades tales como sumisión, modestia y obedicencia. Las posibilidades de que una familia perdone lo que considera una ofensa al honor son mínimas y si la víctima potencial logra escapar del castigo, necesitará protección a perpetuidad, especialmente si se tiene en cuenta las amplias redes de parientes y amigos que estarían dispuestos a ejecutar la sentencia o a delatarla.

Debido a que este fenómeno se produce generalmente en comunidades cerradas, ello genera una red de vigilancia y rumores, y tanto la familia como la comunidad tienen un rol activo en la represión de la autonomía de las mujeres. Además, el concepto de ofensa al honor se centra más en una percepción pública que en un comportamiento real, y el “juicio”, como así también la “sentencia” se producen sin ninguna necesidad de pruebas por parte de quien acusa y sin posibilidad alguna de que la mujer presente pruebas de su inocencia.

Por otra parte, las faltas al honor suelen ser castigadas en forma pública y con extrema crueldad, de modo tal que produzcan un “efecto disuasorio” en las mujeres en general.

Algunas de las acciones o situaciones fuertemente ligadas a la violencia supestamente destinada a defender el honor y que pueden provocar la pena de muerte son:

  • Pérdida de la virginidad fuera del matrimonio
  • Embarazo antes del matrimonio
  • Infidelidad
  • Mantener una relación que no cuenta con la aprobación familiar
  • Pedir el divorcio
  • Pedir la tenencia de los hijos después del divorcio
  • Dejar el hogar familiar o marital sin autorización
  • Causar escándalo o provocar rumores en la comunidad
  • Ser víctima de violación

 

De todos modos, algunos casos de violencia y crímenes de honor son motivados por conductas tales como reir en exceso o en forma estridente, mirar por la ventana, recibir un obsequio o utilizar un baño público.

De acuerdo con la prensa internacional, al menos 650 mujeres fueron asesinadas durante el año 2009 en Pakistan por delitos de honor.

Este dato, parcial y no oficial, muestra a las claras que este tipo de atrocidades sólo se cometen en el contexto de un “terreno fértil”. Un espacio que la ley y la justicia han dejado vacío y que ha sido ocupado por la opresión y la brutalidad contra una gran cantidad de mujeres a las que nadie defiende.

Fuentes de información: Europa Press , “Women Against Shariah”, “The Republic of Cousins. Women’s Opression in Mediterranean Society” (Tillion)

¡Kafa, Enough, Basta ya!

 

 

Es cierto, los periódicos libaneses hablan de la reunión de gabinete a poco de conocerse el informe sobre la investigación del asesinato del ex primer ministro Rafik Al Hariri. También muestran a su hijo, Said, que ha encendido las luces de un bello árbol de navidad en pleno centro de Beirut. Y, por supuesto, el frío, el pronóstico meteorológico y los rumores sobre la supuesta boda de la cantante Elissa con un empresario libio.

Sin embargo, hay más noticias en la realidad libanesa, aunque no todas se destaquen por igual.

 Cientos de personas – hombres y mujeres – participaron el pasado viernes en Beirut, en la formación de una cadena humana para reclamar respeto a los derechos de la mujer y el fin de la violencia doméstica. Los manifestantes llevaban banderas y pañuelos blancos, y pancartas en las que podía leerse: “Sé un verdadero hombre, súmate, para poner fin a la violencia contra la mujer”.

 Anthony Keedi, uno de los organizadores, ha explicado que se trata de una camapaña destinada a involucrar a los hombres en esta causa, y que , si bien se trata de una campaña mundial que se viene desarrollando desde hace varios años, es la primera vez que se introduce en Medio Oriente. De acuerdo con Keedi, “muchos libaneses apoyan esta causa una vez que comprenden que se trata de un asunto de derechos humanos y no exclusivamente un problema de mujeres”.

 Esta manifestación no ha sido la única en Bierut en las últimas semanas, sino que ha formado parte de la campaña mundial denominada “16 Días de Activismo Contra la Violencia Contra la Mujer”. En Beirut, la campaña incluyó la presentación de un estudio piloto realizado por las organizaciones activistas “Kafa” (Basta) y Oxfam.

El estudio indica que la mayoría de los hombres en El Líbano crecen ya sea como testigos o víctimas de violencia doméstica y que ésta se encuentra por igual en las familias libanesas, sin distinción de status socio-económico ni de religión. También muestra que para los libaneses la violencia doméstica consiste en golpes o violación, pero no incluye maltratos, ni abusos piscológicos o verbales. Además el estudio indica que los libaneses son, desde pequeños “bombardeados con las normas de la masculinidad”.

 

Por una ley que proteja a las mujeres

 La campaña encabezada por la organización Kafa tiene como principal objetivo lograr un cambio en la legislación libanesa, en la cual no existe ninguna norma que proteja a las mujeres de la violencia ejercida dentro de sus propias casas.

La activista Marita Kassis, citada por medios internacionales, ha criticado a los gobiernos de Medio Oriente que “firman tratados internacionales de protección de los derechos humanos, como lo hiciera El Líbano, pero no los respeta,  no los aplica cuando se trata de las mujeres”.

 En este sentido, Joseph Jabbra, presidente de la Universidad Libanesa Americana, que participó en la campaña, aseguró al periódico The Daily Star: “Vivimos en un país en el que creemos que gozamos de muchísimos derechos, pero nuestras normas relativas a la mujer son algunas de las más arcaicas, datan del período otomano”. “Tenemos que ejercer presión sobre los gobiernos para cambiar estas leyes obsoletas, de modo que el conjunto de la sociedad pueda avanzar”, agregó.

 Cuatro universidades participaron en la campaña y en ellas se recogieron 850 firmas al petitorio en el que se exige una ley que proteja los derechos de la mujer. De acuerdo con los organizadores, se estima que un 42% de esas firmas pertenecen a hombres.

 ”No se trata sólo de hablar o de colocarse una cinta blanca, sino de una acción real”, aseguró Anthony Keedi. “La firma del petitorio es una forma directa para que los jóvenes comiencen a detener la violencia contra las mujeres en su país”.

 

 

De acuerdo con el sitio web de la ONG libanesa Kafa, se trata de un grupo de “profesionales multi disciplinarios y activistas de derechos humanos que han fundado en 2005 esta organización sin fines de lucro, apolítica, no confesional y comprometida con el logro de la igualdad de género, la no discriminación y la promoción de los derechos humanos de mujeres y niños”.

“Kafa pugna por una sociedad en la que todos sus integrantes lleven una vida libre de violencia y explotación, que tengan un acceso equitativo a las oportunidades, y que sus derechos humanos sean protegidos y respetados”.

“La misión de Kafa es trabajar por la erradicación de todas las formas de violencia de género y la explotación de mujeres y niños, a través de la reforma jurídica, el cambio de políticas y prácticas que influyen en la opinión pública y el apoyo a mujeres, niños y todos los grupos y personas marginadas”.

 

Fuentes de Información: The Daily Star Lebanon, Voice of America, Kafa.org.lb

No, no es una broma pesada …

 

Desde hace unas semanas Irán ocupa un sitio en la Comisión de Derechos de la Mujer de la ONU. Organismos de Derechos Humanos de los más diversos países del mundo han hecho escuchar sus voces y calificaron el hecho de “inadmisible” y hasta de “broma cruel”. Personalmente creo que han pecado de educados, discretos y diplomáticos.

Según explica el sitio web de la ONU, la ” Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, formada por 45 Estados Miembros, examina el progreso de la mujer hacia la igualdad en todo el mundo, prepara recomendaciones sobre la promoción de los derechos de la mujer en las esferas política, económica, social y educacional y trata problemas del derecho de la mujer que exigen atención inmediata. También redacta tratados y otros instrumentos destinados a mejorar la condición de la mujer en la ley y en la práctica”.

 ¿Cómo se explica, entonces, que Irán forme parte de esa comisión? Técnicamente, había dos sitios libres y sólo se presentaron dos candidaturas, la de Irán y la de Tailandia, por lo cual el ingreso fue prácticamente automático. De todos modos, habría resultado más productivo y sin lugar a dudas mucho menos nocivo, que el sitio de Irán quedara vacío.

Pero el mundo mira y calla. Los países occidentales y democráticos observan. La Casa Blanca se ha conformado con un tibio comunicado según el cual “Irán trata a las mujeres muy por debajo de las normas internacionales y no merece pertenecer a esa comisión”.

Además, Irán intentó en primer término ser aceptado en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, pero no lo consiguió. O sea que, los mismos países que no permitieron que un régimen autocrático y dictatorial sea parte del selecto grupo de luchadores por los derechos de los mortales, no tienen inconveniente alguno cuando se trata de las mujeres.

¿Qué podrá aportar Irán a la labor de esta comisión? ¿Una nueva perspectiva sobre los derechos de la mujer? ¿Nuevas ideas sobre cómo implementar la igualdad de géneros? ¿Un debate profundo sobre el respeto a la dignidad, en este caso de la mujer? ¿Nuevas propuestas para promover la integración de la mujer en ámbitos de los que es excluida?

Porque … a no engañarse, señores: En Irán las mujeres tienen muchos derechos:

Derecho a mirar a través del Burka.

Derecho a ser lapidada si se sospecha que cometió adulterio o alguna conducta indigna.

Derecho, a los 9 años de edad, a estar casada con alguien mayor que el padre.

Derecho a gozar de la compañía de un hombre, cuando éste decide que ella puede salir de su casa.

Derecho al castigo y la opresión.

Derecho a callar y a sufrir.

La inclusión de Irán en la Comisión de la Condición Social y Jurídica de la Mujer en la ONU realmente parece una broma pesada. Pero no es más que un acto de crueldad e injusticia, de indiferencia e insensibilidad, cuyo resultado nefasto se mide en vidas perdidas.

¿Hacia dónde nos llevan los autobuses “Kosher”?

 

 

 Algunos historiadores aseguran que en la Edad Media se discutió si la mujer tiene alma. Aquí, en Israel, por estos días, se discute la legalidad de los autobuses “kosher mehadrin”, o sea autobuses en los cuales los hombres viajan en la parte delantera y las mujeres, atrás … sólo atrás. Se evalúa, en realidad, la posibilidad de institucionalizar la discriminación.

 Es sabido que algunas instituciones y personas particulares, recurrieron a la justicia para intentar frenar lo que consideran un abuso de poder, humillación, discriminación y violación de los derechos más básicos de las mujeres. Y, por esas cosas de la justicia, nuestro ministro de Transporte, Israel Katz, (que quién sabe cuándo habrá subido a un autobús por última vez) debió expresarse.

 Y el hombre dijo, muy serio, que está a favor de la separación entre hombres y mujeres en esas líneas de transporte, pero que ésta debe hacerse en forma voluntaria. También aseguró – y no, no estaba bromeando – que hay que poner un cartel que indique que la separación no es obligatoria. Lo cual refuerza mi teoría de que el funcionario no sólo no viaja en autobús desde la época de la secundaria, sino que además no tiene idea de cuál es la realidad en la que viven y viajan las mujeres en el mundo ortodoxo. ¿O será que sabe y no le interesa? ¿O será que le interesa pero menos que sus propios intereses?

 En este mismo blog escribí, hace un tiempo, una nota sobre el trato que recibí en más de una ocasión al subir a un autobus en el que había religiosos ortodoxos. Y ni siquiera se trataba de los autobuses kosher mehadrin… Algunas de las mujeres que presentaron la demanda contra esta medida relataron situaciones similares, y aún peores.

 Pero, más allá de las anécdotas, toda esta situación – a mi entender – plantea algunas preguntas más profundas. Preguntas cuyas respuestas, muy probablemente, determinen nuestro futuro como país y como sociedad.

 

 ¿Tolerancia a las minorías o el fin de los valores democráticos?

 Cuando se conoció públicamente la opinión emitida por el ministro Katz, uno de los representantes de la comunidad ortodoxa que encabeza la lucha por la institucionalización de las líneas “kosher mehadrin” dijo que estaban “muy satisfechos porque el ministro reconoce y respeta las necesidades especiales del público ortodoxo”. Y, en este punto, cabe la pregunta: ¿Estamos ante un caso de respeto hacia las costumbres y la cultura de una minoría que vive en nuestro país o de un “permiso oficial para discriminar”?

 Si bien es cierto que toda democracia debe respetar y hacer respetar las culturas minoritarias que viven en ella, también lo es – y en igual medida – que hay valores universales que están por encima. Toda democracia tiene que poder garantizar el cumplimiento de sus valores básicos – derechos humanos y derechos civiles, como por ejemplo la libertad – siguiendo una escala de valores que no puede adaptarse a las circunstancias. No a la cantidad de votos que esa minoría provea al gobierno, no a la coacción comercial y a las medidas que suelen tomar los ortodoxos de dejar masivamente de comprar en tal o cual cadena de negocios, empresa de servicios, etc,etc.

 La libertad, el derecho a no ser discriminado por sexo o por lo que fuera, son valores que superan “las necesidades particulares” de cualquier minoría.

 Más de uno me dirá que a las mujeres ortodoxas nadie las obliga a viajar en la parte trasera del autobus, que viven como viven porque quieren y porque así lo deciden, en base a la educación que recibieron.

 Suponiendo que esto realmente sea así, aquí entra en juego otro principio. El hecho de que se separe a las mujeres de los hombres en un autobus es, en sí mismo discriminación de género.

 Hay valores básicos – insisto, derechos humanos y derechos civiles – que ninguna democracia está dispuesta a resignar , aunque la víctima sí lo esté. O dicho de otra manera: aunque la mujer esté dispuesta a ser discriminada y a que sus derechos no sean respetados, el Estado tiene el derecho y el deber de intervenir para evitar tal discriminación o frenarla, para evitar que sus principios y valores democráticos fundamentales sean pisoteados junto con la dignidad de las mujeres.

 Si un trabajador aceptara, por el motivo que fuese, ser esclavo, el Estado no podría permitirlo. Incluso aunque él insista y asegure que lo hace por propia voluntad, que nadie lo ha obligado.

 Y, justamente por eso, resulta preocupante lo que ha dicho nuestro ministro de Transporte…

 

Viajar en la parte de atrás es más barato

 Más allá del hecho – inexplicable por cierto – de que viajar en autobuses Kosher es más barato (sí, sí, el boleto es más barato que en los demás), no hay que olvidar que se trata de transporte público, subsidiado por el Estado, ese al que todos nosotros le pagamos nuestros impuestos.

 Y precisamente a esto se refirió el juez Michael Jeshin, ex miembro de la Corte Suprema de Israel, a quien escuché decir hace unos días lo siguiente: “si los ortodoxos quieren que las mujeres viajen en el baúl o sobre el techo de los autobuses, yo no tengo inconveniente … pero no tengo por qué subvencionarlo con mis impuestos.

 Lo único que puedo decir al respecto es que yo tampoco pago impuestos para eso.

 

De Rosa Parks a Rosa … la de la línea 1 que circula por Jerusalem

 ¿Alguien recuerda a Rosa Parks? La activista por los derechos civiles que – en Montgomery, Alabama, en el año 1955 – fue arrestada por negarse a cederle el asiento a un hombre de raza blanca en un autobus público. En aquellos tiempos, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos sentenció que “el hecho mismo de la separación en un autobus constituye discriminación y humillación y es contraria a la Constitución Nacional”.

 La separación entre hombres y mujeres en los autobuses me recuerda otras segregaciones, abusos y discriminaciones que hemos visto y repudiado a lo largo de la historia. Hacia allí nos conducen – sin paradas intermedias y a precio subsidiado – los autobuses Kosher.

 

 

Fuentes y autores consultados: Moshe Negvi, Dr. Avi Sagui, Rajel Azaria, Einat Horvitz. Ynet, Haredim, Sentencias de la Corte Suprema de los EEUU, Centro de Pluralismo Judío.

 

 

 

¿Soplan nuevos vientos en la Autoridad Nacional Palestina?

 

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, ha nombrado – por primera vez en la historia palestina – a una mujer como gobernadora del distrito de Ramallah y Al Bireh. Se trata de Leila Ghannam, quien ya ha ocupado altos puestos en el partido Al Fatah, que gobierna la ANP. Entre ellos se destaca la dirección general de Ministerio de Bienestar Social y del Centro de Igualdad y Derechos Femeninos.

Ghannam, quien está al mando a partir de ahora del principal centro político y económico de la ANP, es soltera, no tiene hijos y recientemente ha concluido con éxito su doctorado en Psicología.

 En las últimas elecciones internas de Fatah, en el mes de agosto pasado, ninguna mujer accedió a un puesto en el Consejo Central, aunque más tarde algunas de ellas fueron integradas al Consejo Revolucionario, considerado segundo en la línea de jerarquía institucional.

 Leila Ghannam, entrevistada por el periódico israelí Ynet, se ha mostrado molesta cuando le preguntaron si fue nombrada por su condición de mujer. “Recibí este nombramiento debido a la confianza que el presidente tiene en mí y no por ser mujer. Esto prueba que el presidente Abbas no discrimina a la gente por su género y elige a sus colaboradores de acuerdo a la capacidad”, asegura la nueva funcionaria.

 El despacho de Ghannam está adornado con fotografías de Yasser Arafat y ubicado junto al Hospital General en Ramallah. El cargo que ocupa es clave y de amplia influencia en toda Cisjordania, donde hay sólo 9 personas más (hombres, por supuesto) que ocupan puestos similares. Entre sus nuevas funciones, está la de comandar las fuerzas de seguridad municipales y el contacto con el ejército israelí.

 Si bien Leila Ghannam insiste en presentar su nombramiento como algo natural, está claro que se trata de un hecho novedoso y significativo, distante de la vivencia cotidiana de la mujer palestina. Para más de una mujer en Cisjordania, sin lugar a dudas, esta noticia representa la esperanza de un cambio para mejor.

 

 

Fuentes de la información: Ynet, Ria Novosti, Maan News Agency

Violación y post-trauma: La realidad israelí

Investigadores del Instituto Tel Jai en Israel realizaron un estudio en el que compararon, por primera vez, las reacciones a distintos tipos de traumas con el objeto de establecer quiénes desarrollan síntomas postraumáticos más graves. El estudio revela que las mujeres que han sido víctimas de una violación desarrollan síntomas de post-trauma mucho más graves que aquellos que sufren estrés postraumático por guerras, accidentes de tránsito, enfermedades graves o la muerte de una persona muy cercana.

En la investigación participaron 341 personas que vivieron situaciones traumáticas. Los participantes respondieron un cuestionario elaborado por científicos estadounidenses que mide el nivel de reacción postraumática sobre la base de datos relacionados con el pánico, imágenes recurrentes de recuerdos, flashes, pesadillas, sensación de desamparo, desesperación y depresión. El cuestionario también evalúa el grado de autoinculpación de la víctima.

Los investigadores hallaron que un 25,6% de las mujeres mostraron niveles graves de postrauma, frente a un 11,4% de afectados por otro tipo de situaciones traumáticas. “Las reacciones postraumáticas pueden observarse a través de pensamientos invasivos relacionados con el hecho, flashes, trastornos del sueño, o la sensación de que el hechoMIDEAST ISRAEL CREATIVE traumático domina la vida de la víctima, ataques de pánico y, como consecuencia, problemas y dificultades en la vida cotidiana”, explica la Dra. Avigail Mor, una de las responsables de la investigación.

Las reacciones postraumáticas se desarrollan más allá de la reacción inmediata al hecho y diversas publicaciones médicas describen casos de reacciones que se producen mucho tiempo después de la vivencia traumática, semanas, meses e incluso años.

“El objetivo de la investigación es alertar al público y a las autoridades sobre la gravedad del trauma que provocan las violaciones y poner el tema en un lugar bien alto en el orden de prioridades y la consciencia pública”, asegura Mor. Hay otros aspectos en los cuales los traumas son diferentes. Por ejemplo, en el caso de las violaciones el nivel de autoinculpación es mucho más grave que en los demás casos y se exterioriza mediante expresiones tales como “me comporté como una idiota”, o “me lo merecía”.

 

Según este estudio un 46,2% sintieron culpa por lo sucedido en muy alto grado, mientras que en los demás casos de postrauma la cifra alcanza el 20,4%.  La culpa que sienten las víctimas de violación es consecuencia de la culpabilización social, que es internalizada por las víctimas y se transforma en culpa“, detalla la profesional.

Los responsables de la investigación aseguran que un trauma provocado en forma intencionada y dirigido hacia una persona en particular deja secuelas mucho más graves que otro tipo de traumas, como por ejemplo tras una guerra, donde el soldado se encuentra frente a un ejército, y la situación traumática no apunta exclusivamente a él. En la violación, el ataque no sólo está dirigido a una persona en particular, sino también a su intimidad“, enfatiza la Dra Avigail Mor.

 

Promedio de casos de estrés post-traumático por año en Israel , según las causas que lo producen:

 Violaciones:  3.000CAR ACCIDENT

Guerras:  4.000

 Accidentes de tránsito:  30.000

Anuncio de una enfermedad grave:  20.000

Muerte de una persona cercana:  cientos de miles

 

Fuente de la información: Diario Haaretz

Elogio de la locura

“Tenía 18 años, vestía con desenfado, exigía ser tratada como cualquier muchacha italiana y, por si fuera poco, acababa de irse a vivir con su novio, un católico 13 años mayor que ella. A ojos de El Ketawi Dafani, un inmigrante musulmán de 45 años procedente de Marruecos y que desde hace ocho vive en Italia, su hija Sanaa se había occidentalizado demasiado y estaba ‘deshonrándole’.
Por ello, y tras una semana de intentos en vano, el pasado martes la degolló en un bosque de Pordenone, al noreste de Italia. Italia asiste espeluznada a este asesinato de honor, agravado por las declaraciones de la madre de Sanaa justificando a su marido y asegurando que de alguna manera su hija se buscó ser asesinada. “Sanaa con nosotros estaba bien. Lo único que mi marido no quería era que saliera de noche con chicos. Sanaa cometió un error al marcharse de casa. También se ha equivocado mi marido. Pero es mi marido, el padre de mis hijos, estamos casados desde hace 22 años. ¿Qué sentido tendría que no le perdonara?”, ha sentenciado Fatna Sharok, de 39 años.
Su hija había conocido a su novio hace seis meses en el restaurante en el que Saana trabajaba como camarera y del que Massimo es copropietario. Pero el padre de la joven, ayudante de cocinero en otro local de la zona, nunca había aprobado la relación: no sólo por los 13 años de diferencia entre ambos sino, sobre todo, por motivos culturales y religiosos: él es católico y ella musulmana. La situación se hizo tan insostenible que degeneró el martes en tragedia.
Massimo y Sanaa se dirigían como todos los días en coche al restaurante donde trabajaban cuando, de repente, El Ketawi les obligó a detener el vehículo. Se inició entonces una violentísima discusión a gritos, que se agravó cuando el padre de Sanaa sacó un cuchillo. Massimo trató de interponerse y recibió una cuchillada que lo dejó malherido, mientras Sanaa escapaba corriendo al bosque. Su padre la siguió hasta alcanzarla. “No me había visto nunca hasta ese día. Mató a su hija por motivos religiosos”, ha declarado Massimo desde el hospital”. Diario El Mundo (España)

Por algún motivo que no tengo muy claro, “Elogio de la Locura” fue el título que vino a mi mente cuando leí esta noticia y decidí – instantáneamente -que pasaría a formar parte de mi blog. Y no es que el pobre Erasmo de Rótterdam tuviera algo que ver con la fe musulmana y mucho menos con tan perversa interpretación, con  los crímenes de honor, o la posiblidad de que una madre justifique el asesinato de su propia hija y decida perdonarlo … Pero sí asimilaba la locura con la estupidez, protagonista de su relato.

Claro que el padre de Sanaa, al igual que su amante esposa, están locos en el sentido “cotidiano” de la palabra, el que nos sale de la boca del estómago junto con una gran náusea al leer semejante noticia. Pero sin duda sabían lo que hacían, lo habían pensado, decidido y planeado y no tenían dudas de las razones con que justificarían semejante proceder. En pocas palabras: son imputables. O en palabras propias: juzgables, castigables.

Pero dicho como me sale del alma sería: ojalá pasen el resto de sus días en la cárcel, y alguna vez comprendan que nadie es dueño de una vida ajena, que nada justifica un asesinato y que la vida de un hijo es lo más sagrado, mucho más que cualquier dogma, religión o principio. Que lo comprendan ellos y quienes todavía inculcan el asesinato como modo de enmendar la conducta de los hijos, como salvación de un supuesto honor más alto que el de honrar la vida.

Ojalá el de Sanaa se transforme - en virtud de la publicidad de su calvario, que no tienen ni han tenido tantos otros – en un caso de justicia verdadera y castigo ejemplar, un verdadero “Elogio de la cordura”.

Si no hay sexo, no hay comida

El 9% de los afganos son chiitas, y desde hace unos días, una nueva ley les permite castigar a sus esposas privándolas de comida en caso de que se nieguen a satisfacer sus necesidades sexuales.

mujer afganaEntrevistado por el periódico español El País, el Mulá Mohakik Zada , explica que “la ley no incluye el castigo sin alimentos” , y afirma que “el Corán regula la obediencia de la mujer en el tamkeen y establece cuál debe ser la graduación del enfado del esposo. Primero, dejar de hablarle; después, separar las camas; tercero, darle un aviso, y sólo en último lugar está permitido golpear suavemente sin causar heridas”.

El mulá sostiene que la ley mejora la situación porque permite que la mujer se niegue en caso de menstruación o dolencia, y acusa a la prensa extranjera de sacar este asunto de contexto. “Ocurre en Irak, en Irán y en Siria, ¿por qué tanto ruido con Afganistán?”.

 Además, de acuerdo a la legislación afgana, la mujer debe pedirle permiso a su marido para salir de la casa. Según el Mulá, es más que entendible. “El hombre se compromete a mantener a la mujer en todo desde el momento que ésta sale de casa de su padre, y es lógico que tenga el derecho de permitirle o no salir a la calle”. Además, el Mulá asegura que en la nueva ley hay una mejora, ya que la mujer ya puede salir de su casa en caso de urgencia, como una enfermedad.

 Hay cambios, pero no alcanzan

Allá lejos y hace tiempo, cuando fuera derrotado el régimen talibán, el mundo esperaba ver a las mujeres afganas libres y haciendo pleno uso de sus derechos más fundamentales. Pero los cambios en materia de derechos humanos, en Afganistán, tienen un ritmo mucho más lento que el resto de la realidad.

No cabe duda de que – como lo señalan expertos de la organización Human Rights Watch – el hecho de que las mujeres integren ahora el Parlamento es positivo, y que millones de niñas puedan ir a la escuela primaria es un cambio digno de celebrar.

Pero no alcanza.

El porcentaje de niñas que pueden acceder a educación secundaria sigue siendo mínimo. Según HRW, “la violencia contra la mujer es endémica, las mujeres en la vida pública se ven regularmente amenazadas, y muchas de ellas han sido asesinadas”.

Tal como lo señaláramos en un artículo anterior, la política tiene un rol más que importante en la vida privada de las mujeres. Es que, en momentos en que el presidente Hamid Karzai se siente amenazado o pierde poder, recurre a los sectores más fanáticos y conservadores, y así es como se vuelven más estrictas las leyes que regulan la vida privada de las mujeres, el manejo de sus bienes, la vida familiar y conyugal, e incluso cuántas veces por semana tendrán relaciones sexuales con sus maridos o tendrán derecho a alimentarse.

 

violence

 La investigadora de Afganistán para Human Rights Watch, Rachel Reid,  asegura que “para garantizar su reelección, Karzai no sólo ha hecho acuerdos con líderes chiitas de duro perfil, sino también ha considerado a ex caudillos y a comandantes militares abusivos de todos los grupos étnicos principales como posibles miembros de su gabinete. Muchas de las actitudes retrógradas de estos caudillos la hacia las mujeres son poco diferentes de las de los talibanes”.
Tal vez es más preocupante para las mujeres y las niñas el hecho de que Karzai se está posicionando como alguien que puede llevar al resurgimiento de los talibanes y de otras facciones fundamentalistas. Poca atención se presta a lo que esto significaría para las mujeres afganas, que han trabajado con valentía por las pocas y valiosas libertades que han ganado en los últimos años.

En un artículo publicado en “The Washington Post”, Reid cita a una activista afgana por los derechos de las mujeres, que ha asegurado que “los tratos con los talibanes significarán que todo lo que hemos logrado en los últimos ocho años podría perderse. Habrá sido solo un sueño.”

“Se supone que el gobierno de Kabul y sus partidarios son distintos a las personas contra quienes luchan”, asegura Rachel Reid. “Sin embargo”, dice, “en lo que respecta a los derechos de la mujer, los afganos podrían concluir que no hay tanta diferencia entre los dos, como lo habían esperado”.

Una vez más, los derechos más elementales de las mujeres vuelven a ser moneda de cambio. Una bandera que el mundo occidental hace flamear cuando responde a sus intereses y resulta “políticamente correcto” y que olvida en forma casi instantánea en pro de beneficios y alianzas. Mientras tanto, son ellas las que cada día de sus vidas deben enfrentar la humillación, la vejación y el maltrato, mientras el mundo mira con indiferencia o se lamenta, en el mejor de los casos.

 

  

Buenas noticias para las jordanas

En Jordania se ha emitido una Fatwa (sentencia islámica) que prohíbe el test de virginidad pre-matrimonial.
El Consejo Nacional Religioso y de Estudios Islámicos de Jordania ha concluido que este tipo de exámenes contradicen la ley islámica y por lo tanto no deben realizarse. La Fatwa puntualiza, además, que dichos exámenes son una forma de abuso contra la mujer.
El edicto permite la realización de estos controles sólo si son solicitados por la justicia. “El cuerpo humano es sagrado”, reza el documento. “Nuestras mujeres son demasiado nobles y tiene demasiada dignidad para ser tratadas de manera degradante”,finaliza.
Según funcionarios del Centro Nacional para la Medicina Forense, son cada vez más los hombres que piden que la jerash_young_women_sepia_smmujer sea sometida al test de virginidad. Si bien no hay estadísticas oficiales, el presidente del Centro, Moemen al Hadid,asegura que se realiza alrededor de un millar de exámenes de este tipo por año.
La virginidad pre-matrimonial es un tema al que se le da mucha importancia en la sociedad jordana, y también allí existen los denominados “asesinatos por honor”, por los que un promedio de 25 mujeres por año pierden la vida en ese país.
En esta lista se incluyen también mujeres que han sido violadas y cuyas familias consideran que deben morir ya que han perdido la virginidad antes de contraer matrimonio. Algunas mujeres han sido asesinadas por sus familiares incluso por tener una cita con un hombre.

El “vericueto legal” o permiso para matar

Desde principios de agosto está funcionando en Jordania un nuevo tribunal especial, cuya labor se centra en los casos de “crímenes por honor”, como una manera de acelerar los procesos judiciales y dar a los asesinos el castigo que merecen. Cabe recordar que en el mes de julio pasado la justicia jordana eliminó el “resquicio legal” en el que se amparaban los asesinos de sus propias familiares escudándose en la protección del honor familiar y recibiendo así penas tan mínimas que resultaban absurdas.
El ministro de Justicia, Ayman Odeh, ha dicho que estos asesinatos, “ante la justicia son crímenes contra la humanidad, y así serán considerados”.
Mientras tanto, el sector conservador de la sociedad alega que este tipo de medidas llevarán a que sea tolerada la promiscuidad, y atentarán contra el honor de la sociedad jordana y de la institución familiar. El primer paso – significativo e importante – ya se ha dado.
A partir de ahora, los cambios y las nuevas sentencias religiosas se pondrán a prueba en el examen cotidiano de la realidad.

Fuentes de la información: AWID, Ansa, WebIslam.

Duele la falta,la injusticia, la impunidad…

Con este título, la prestigiosa periodista Ana Jerozolimski publica en la edición de esta semana del Semanario Hebreo de Uruguay una entrevista, al cumplirse 15 años del atentado contra la sede de la AMIA.
Tuve el honor de ser entrevistada por ella y quiero compartir aquí, con los lectores de mi blog, la nota y mi inmenso agradecimiento a Ana por el recuerdo, por su sensibilidad y solidaridad.

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 DUELE LA FALTA, LA INJUSTICIA, LA IMPUNIDAD …
Roxana Levinson, periodista argentina – israelí en entrevista especial al cumplirse 15 años del atentado contra la AMIA
Su familia fue la única que perdió seres queridos en los dos atentados en Buenos Aires
SEMANARIO HEBREO, MONTEVIDEO, 16 DE JULIO DE 2009

 

 P: Roxana, comento aquì, para que lo lean también nuestros lectores, que cuando me enterè por un colega y amigo común que vos perdiste a dos familiares en los atentados en Buenos Aires, me sorprendì ya que aunque nos conocemos años, no lo sabìa. Se ve que cada uno lleva su paquete a cuestas ¿verdad?

Así es, cada familia, cada persona. Claro que a veces el “paquete” tiene un peso muy grande. En Israel, lamentablemente, hay más de una familia que ha sido alcanzada por la tragedia de dos atentados. Pero en Argentina, sólo la mía, y eso, lejos de ser un privilegio, es una mala jugada del destino. Hasta ahora, tantos años después, me cuesta creer que todo sucedió de esa manera y recuerdo el “no puede ser” con que reaccionó mucha gente cercana a nosotros al enterarse.

 

P: En el emotivo texto en tu blog que reproducimos aquí en este número, ya has hecho referencia a cómo viviste esas pèrdidas personales. ¿Podrìas compartir con nosotros algo màs al respecto,còmo te enteraste, y claro está que me refiero a lo personal, màs allà del hecho que había habido atentados, lo cual por cierto salió en los noticieros?

Mi situación respecto de los atentados fue bastante particular. En las dos ocasiones yo estaba embarazada. La primera vez me encontraba en Paraguay, y estaba a cargo del Departamento de Prensa de la Embajada de Israel, en Asunción. El efecto fue instantáneo. De inmediato comenzaron las contracciones y los días que siguieron a la explosión – los de la búsqueda – fueron muy muy difíciles, una pesadilla. Además, me desesperaba saber que no podía moverme de donde estaba, tomar un avión y estar con mi familia en esos momentos tan terribles porque, con toda razón, el médico me lo había prohibido. El nacimiento de Lior   se produjo pocos días después – antes de lo previsto y con dificultades – y también en ese momento la situación fue extraña. Al día siguiente del sepelio de mi tía Graciela, mi mamá llegó a Asunción para ayudar y acompañarnos. Poco después llegaron los demás, incluido mi primo Matías – el hijo mayor de Graciela - al Brit Milá (circuncisión) de Lior y nos dio, a todos, una lección de vida.
Cuando se produjo el atentado a la AMIA yo estaba en Buenos Aires y estaba por nacer Micaela, la más pequeña de mi trío. Mucho tiempo después se me ocurrió pensar que quizás por eso, por haber estado en Buenos Aires y cerca de la familia, el embarazo llegó a término y Mica nació sin problemas. Pero en esa ocasión me enfrenté a una realidad que la primera vez sólo había visto en los noticieros. Lo que ví, olí y sentí en la calle Pasteur no podré olvidarlo nunca. Caminé alrededor de lo que había sido el edificio de la AMIA pocos minutos después de la explosión preguntándole a toda persona conocida que me cruzaba si había visto a mi tío Jaime. Sólo más tarde me dí cuenta que yo lo buscaba entre los vivos, entre quienes daban vueltas en medio de esa confusión y ese infierno y no en alguna lista. Eso llegó después. Me acerqué a un teléfono público y esperé en la fila. Un desconocido me ofreció su celular y así recibí la noticia. Y a partir de ese instante no r cuerdo nada, como si alguien le hubiese quitado una escena a mi película. Que, desgraciadamente, era real. Mi memoria se niega a registrar qué sucedió hasta que por fin me encontré con mi papá, nos abrazamos y lloramos.

 

P: En tu caso, argentina-israelì, habrá sido extraño , supongo , recibir noticias sobre una tragedia personal, cuando de hecho vos misma vivìs hace años en un país como Israel que sufre tanto el flagelo del terrorismo…¿Se mezclan ambas realidades?

Por momentos se mezclan, te hacen sentir parte de esa gran familia que aquí se denomina “mishpajat hashjol”, la familia del duelo, pero es evidente que cada uno tiene su propio duelo, su dolor único e irrepetible. Es como haber pagado el precio de pertenecer a este pueblo, el precio más alto que se puede pagar, la vida de un ser querido. Y, a partir del momento en que la vida te convierte en protagonisita involuntario  de algo tan inentendible como un atentado terrorista, comenzás a ver las cosas de otra manera. Cuando escuchas o lees las noticias acerca de un soldado caído, una mujer muerta en un ataque terrorista, etc, etc, de inmediato piensas en los sentimientos de sus familiares, de las personas que a partir de ese instante comenzarán a sentir la falta, la tremenda necesidad de un abrazo, una palabra, un contacto que ya nunca volverá a suceder.

 

P: ¿Cómo vivió la familia esas muertes? Contame un poco màs de tu tìa y tu tìo, las víctimas…

Para la familia, como toda familia que vive este tipo de tremendas experiencias, fue primero y ante todo un shock muy grande y después un inmenso dolor, tristeza, rabia. Estados y sensaciones distintas y cambiantes.

 Mi tía Graciela y mi tío Jaime son para mí, cada uno a su manera y con su estilo, símbolo de los años más felices de mi infancia y adolescencia. Con ellos compartí cosas muy especiales. Mi tía Graciela era una luchadora. Siempre con una sonrisa en la cara, muy sociable y conversadora. Nadie podía adivinar cuántas dificultades enfrentaba y cómo su amor por la familia la empujaba a seguir adelante. Para mí fue la “tía joven” que me dio consejos inolvidables, que tocaba la guitarra en mis fiestas de cumpleaños, que inventaba juegos y disfraces para todos los primos y con quien compartía la pasión por los crucigramas y los juegos de palabras.
Mi tío Jaime era un maestro, en todo el sentido de la palabra. Enseñaba hebreo, historia judía, Cábala, y tenía una inmensa capacidad de transmitir, junto a un amor incansable por la cultura judía y la docencia. Pero yo lo recuerdo como el tío de las ocurrencias más alocadas, divertido, imprevisible. Un padre siempre acompañando y apoyando a sus hijos, un hombre con quien conversar resultaba siempre placentero. El que había inventado un saludo especial para mí e inventaba palabras y sobrenombres. Pero, además – como recuerdo que dijo su hija, Sandra – era el hombre de la palabra justa, de la respuesta adecuada. Cuando sucedió el atentado, Sandra decía que seguramente él tendría la respuesta a lo que nos estaba pasando…

 

P: Sabemos bien de nuestra cobertura y vida diaria en Israel, que los atentados son tragedia  y titular durante unos días  , pero que después, sòlo los familiares de duelo quedan con esa terrible carga para siempre….¿Còmo lo vivió tu familia desde adentro?

Incluso dentro de la familia hubo reacciones diferentes. Hubo quien salió a manifestar, a participar en actos, homenajes, reclamos, y a veces a encabezarlos. Hubo quien debió salir de su mundo pequeño y privado, el mundo familiar en el que vivía, para estar de pronto frente a cientos o miles de personas dando un discurso, hablando frente a cámaras. Hubo quien se encerró y se refugió en el dolor. Yo fui de las que optó por participar, estar, gritar y reclamar todo lo posible. También usé las herramientas de mi profesión en esto, a pesar de que me trajo no pocas dificultades. Así sentía que al menos estaba haciendo algo que, si bien no traería a mis seres queridos de vuelta a la vida ni devolvería la alegría y el bullicio que solía caracterizar a mi familia,  yo sentía como un deber, un compromiso, un legado. Aquí, en Israel, he tratado cada año de señalar la fecha de alguna manera. Participo en el acto que se realiza en la ciudad de Beer Sheva y esta vez también estaré en Kiryat Yam, en el norte. He publicado notas en los diarios israelíes Maariv y Haaretz y en el periódico local de mi ciudad, y cada año me ocupo de recordarle la fecha a los responsables en las radios Kol Israel y Galei Tzahal.  Mi hijo mediano, Lior, este año dio una “clase” en el colegio secundario donde estudia, en Modiín, en Iom Hazicarón (Día de Recuerdo de los Caídos en Guerras y Atentados de Israel). Llevó fotos, relató y explicó, y provocó gran impacto y emoción.
Cada uno en la familia reaccionó a su manera, pero fue como si- a partir de los atentados –  algo se hubiese desmembrado, como si se hubiese roto el eje. Todos tenemos una herida que no cicatriza y un dolor que compartimos. Y, obviamente, ya no somos los mismos.

 

P: Al cumplirse 15 años del atentado ¿què es lo que màs duele? ¿La impunidad?

Duele la ausencia, duele la falta, la injusticia, el manoseo, la indiferencia. Y, por supuesto, la impunidad.  Duele que le duela a tan pocos. La sensación de que en algún lugar alguien disfruta y se ríe de nuestro dolor compartido, y del de cada uno. Duele no volver  a hacer crucigramas con mi tía Graciela, que no vio a sus hijos casados, que no pudo conocer a ninguno de sus nietos, que hace tanto ya que no organiza una de sus reuniones espontáneas con “lo que hay en la heladera”, sólo como  excusa para juntar a toda la familia.
Y duele saber que ya no volveremos a escuchar la risa estridente y contagiosa de mi tío Jaime,  que no envejecerá junto a la mujer con la que decidió compartir su amor y su vida, que ya no será el gran e incondicional apoyo que siempre fue para sus hijos, que ya no volverá a enseñar… Duele por él, y por cada uno de los que, como él, habían ido ingenua y desprevenidamente a trabajar, a hacer un trámite, a cumplir con la rutina de sus vidas cotidianas. Duele porque ellos sólo querían vivir y tenían derecho a vivir. Y hoy en día, tanto ellos como nosotros, tenemos derecho a tantas respuestas pendientes, a verdad y justicia.

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