Himenoplastia y una cápsula de sangre en la vagina o cómo salvar la vida de una musulmana

 En los últimos años ha aumentado considerablemente la demanda de “certificados de virginidad” y la realización de “himenoplastias”.

La himenoplastia es una cirugía que permite reconstruir el himen y devolverle a la mujer su condición de virgen, sea por razones éticas,culturales o religiosas. Por un costo de entre 300 y 1.000 dólares un ginecólogo-obstetra lleva a cabo la intervención, que se realiza casi siempre con anestesia local y dura entre 15 minutos a una hora y media.

Según el ginecólogo Nicolás Baaklini – citado por el periódico español “El Mundo” – “esta intervención quirúrgica se ha convertido en un fenómeno muy común entre las mujeres en El Líbano, en especial entre las de clase alta. Para conservar la tradición, estas mujeres deben manchar de sangre la sábana nupcial”.

Aunque no hay cifras oficiales acerca de la cantidad de operaciones de este tipo que se realizan en Medio Oriente, está claro que se trata de un fenómeno en expansión. Es que ser virgen, aunque sea con trampa, equivale a una virtud, un eco del siglo XIX, cuando la virginidad era un símbolo de altura moral y un objeto de propiedad del marido.

En muchas culturas mediterráneas y africanas, los familiares del marido pueden vengarse mediante violentas represalias y destierros de la novia desvirgada por haberlos avergonzado. En algunos países musulmanes, la novia puede ser asesinada por sus hermanos, tíos o padre. A menudo los homicidas no son castigados porque la tradición justifica este tipo de acto Para esta cultura no ser virgen es signo de ser sucia. El temor de no ser aceptadas por el marido o el padre hace que las mujeres no vírgenes recurran desesperadas a esta solución moderna. Es necesario “reparar su honra” antes de la boda.

En la himenoplastia el himen es re-creado a partir del tejido ya devastado, o bien se inserta una nueva membrana, una sustancia similar a una gelatina. En algunos casos, el revestimiento vaginal también se puede utilizar para crear un “falso” himen. Tamibén se puede insertar una cápsula de sangre en el tejido de revestimiento realista para garantizar el flujo de sangre falsa cuando el himen está roto.

La psicóloga Marie Therese Khair Badawi, profesora de la Universidad Saint-Joseph de Beirut, explica que “el tabú de la virginidad no es propio de una clase social determinada, sino de una mentalidad tradicional que prevalece siempre, incluso en algunas sociedades occidentales que quieren que la chica siga ‘intacta’ hasta el matrimonio”. De ahí que, según el ginecólogo Baaklini, muchas de sus pacientes son mujeres profesionales formadas en Europa o EEUU “que jamás se plantearon que deberían pasar por esta experiencia” hasta que vuelven a Líbano para casarse.

El problema es que el fundamentalismo islámico indica que las relaciones sexuales previas al matrimonio son pecaminosas y causa de oprobio para la familia de la chica. “La virginidad no debería importar más que a la mujer, pero en las sociedades tradicionales es propiedad de la familia de la comunidad y símbolo del honor“, puntualiza la psicóloga Badawi. Y el riesgo de las mujeres es mortal. Los crímenes de honor –asesinatos de mujeres a manos de sus familiares varones por mantener relaciones fuera o antes del matrimonio, por ser víctimas de una violación o por la mera sospecha de cualquiera de estos supuestos- acaban con 5.000 vidas cada año, según Naciones Unidas, un motivo de peso para que las chicas traten de esconder sus experiencias sexuales a ojos de sus parientes. Aunque los asesinos se justifican con el Islam, la religión no permite estos actos bárbaros: de hecho, líderes como el gran mufti sirio Ahmad Bader Hasun han denunciado estos crímenes e instado a las autoridades a revisar la legislación vigente para agravar las penas a sus autores.

“Hay una idealización del himen, que se ha convertido en representante del honor de toda la familia”, explica la doctora Badawi. “Exigiendo un himen intacto, el hombre piensa que es el primero en conquistar el cuerpo de la mujer y cree que podrá controlarla mejor“. Por tanto, provocar el sangrado “es el único objetivo de la himenoplastia, dado que ningún hombre puede saber si un himen está intacto o no”, concluye Baaklini. “Sólo un ginecólogo puede certificarlo”.

 

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Aisha, una mujer como tantas otras

Aisha Al Salim se casará pronto con su novio y cumplirá con el sueño de una boda de princesa con su novio en Pakistán, con un hermoso vestido y el velo, como corresponde en una boda estrictamente musulmana. Después de la boda, tendrá su sábana manchada con sangre en la noche de bodas, como prueba de su virginidad. Pero, lejos de ser la novia musulmana tradicional que su familia y su novio creen que es, Aisha es una moderna graduada universitaria, que ha fumado, bebido, hizo el amor e incluso ha vivido con un novio anterior, un ex compañero de trabajo inglés.

Para ocultar el hecho de que ella ha tenido relaciones sexuales, ha pagado y experimentado una dolorosa cirugía para “restaurar” su virginidad. Se trata de una decisión muy costosa, en varios sentidos, pero ella sabe muy bien que es algo que puede – literalmente – salvar su vida. El horror y la indignación que se desatarían si alguien descubriera que ella ya durmió con un hombre sería algo tan abrumador que su propia familia, estrictamente religiosa, podría matarla para morigerar la vergüenza pública.


“Mi virginidad se restableció en una delicada operación de la semana pasada, y yo honestamente lo veo como la salvación de mi vida”, dice Aisha. “Si mi marido no puede demostrar a su familia que soy virgen, seré acosada, condenada al ostracismo y enviada a casa en desgracia. Mi padre, que es un musulmán devoto, lo considerará como la máxima vergüenza. Además, honestamente creo que alguno de mis primos o tíos, que son fanáticos religiosos, me podría matar a modo de venganza, para purgar mis pecados. Por increíble que pueda parecer, los asesinatos de honor siguen siendo aceptados en nuestra religión. Desde que mi familia comenzó a organizar mi matrimonio he estado aterrorizada con lo que pueda suceder en la noche de bodas, cuando mi secreto se pueda descubrir. Sólo la cirugía de la semana pasada me ha permitido dormir tranquila”.


Aisha creció como una de las siete hijas de un musulmán creyente y practicante, de clase media, cuya familia se trasladó desde Pakistán a Inglaterra hace dos generaciones. “He asistido a una escuela secundaria católica y siempre fui muy bien aceptada por mis amigos ingleses, cuyas vidas giraban en torno a las compras y la diversión de niños. Pero cada vez más sentía la gran diferencia entre la vida normal de los adolescentes y mi casa, que era como entrar en otro mundo, un mundo donde rezábamos cinco veces por día”, relata Aisha.

No se nos permitía ver la televisión. Mis padres estaban tan preocupados de evitar las influencias occidentales que no nos permitían siquiera invitar compañeras de escuela a casa. Y todo esto hizo que las cosas que hacían mis amigos se convirtieran en mucho más atractivas para mí. Quería escabullirme los sábados por la tarde y reunirme con ellos en la ciudad, dar vueltas, ir de compras, chatear”.

La vida y el éxito académico de Aisha la llevaron a insertarse en el mundo exterior, cuando se mudó lejos de casa para estudiar en la universidad. “Al igual que los otros jóvenes, yo sólo quería ser parte de una multitud. Dejé de usar el velo y, por primera vez en mi vida comencé a usar ropa occidental, diseños que revelaban mucho más de mi cuerpo que cualquier otra cosa que había usado antes. También comencé a beber, primero una cerveza y luego, poco a poco, cosas como vodka y cócteles, que me ayudaron a perder mis inhibiciones”, recuerda. “Conocí a un estudiante de uno de mis cursos que despertó en mí sentimientos nuevos. Philip era blanco, inglés, encantador y amable. Cuando empezamos a salir le dije que era virgen y que se esperaba para mantener mi virginidad para el matrimonio. Pero, de a poco, empecé a perder mis inhibiciones y a sentir que tener una relación física con él sería agradable”.

A medida que pasaba el tiempo esa sensación se convirtió en mí en necesidad de hacer el amor. Yo luchaba con mi conciencia noche tras noche, pero ya había comenzado a tomar una píldora anticonceptiva y mis padres no estaban allí…”

“El matrimonio estaba muy lejos de mi mente. Una fatídica noche salimos y bebí demasiado. Mi cabeza daba vueltas, terminamos en la cama juntos y yo no podía resistir por más tiempo. Fue realmente hermoso, y no sentí vergüenza. Sólo cuando me desperté, a la mañana siguiente, y ví a Philip vacostado junto a mí, pensé: ‘¿Qué he hecho?”

“Cuatro meses después, la relación con Philip terminó. Cuando empecé a salir con otro estudiante, yo sabía desde el principio que íbamos a dormir juntos y lo hicimos, en la segunda noche. También tuve otra relación sexual en la universidad, con un amigo. Después de haber perdido mi virginidad, no parece importar con cuántos hombres me acosté, el daño ya estaba hecho. Además, yo estaba viviendo lejos de mis padres, y mi vieja vida de inacabable rezo y cumplimiento de las costumbres de nuestra religión parecía muy lejos”.

 
 La vuelta a casa, y el golpe de la realidad

 A los 22 años, Aisha debió regresar a casa de sus padres, después de haberse graduado. “Fue horrible”, dice. “Era como volver a una cárcel, y yo podía sentir que la mirada de mi padre me quemaba, como si él supiera todo de mí. Traté de representar el papel de obediente hija musulmana, pero yo había cambiado.Me sentía asfixiada. Mis padres querían que me quedara en Birmingham, pero encontré un trabajo y un posgrado en Londres y convencí a mis padres de que, para la familia, era un verdadero honor”.

Con un nuevo puesto de trabajo y una nueva vida, Aisha se enamoró de una colega, Steve, y se trasladó a vivir con él, en sorprendente violación de su estricta educación musulmana. “Logré mantener el secreto, pero después de dos años de vivir juntos la relación comenzó a ir mal. Él derrochaba demasiado dinero y era excesivamente celoso y posesivo. Luego surgió una posibilidad de empleo en Birmingham y mis padres estaban felices y comenzaron a hablar de mi matrimonio”.

“Me di cuenta de que tenía dos opciones. Podía volver a Londres y vivir una vida occidental, con lo que la vergüenza pesaría sobre mis pobres padres y alejaría de mí a mis hermanas, tías y tíos o seguir sus sueños de un matrimonio. Un marido musulmán tendría los mismos valores que yo, y me gustaría volver a estar dentro del sistema de apoyo de mi familia. Durante un año he representado el papel de hija obediente. Llevaba el hijab, incluso al trabajo, y ayudaba a mi madre en el cuidado de mi padre. Su felicidad con mi regreso fue algo verdaderamente conmovedor”.

niqabi3El verano pasado, la madre de Aisha anunció que había encontrado un futuro marido que provenía de una familia musulmana rica que vive en Pakistán. Como exige la tradición, las familias habían compartido dos reuniones ceremoniales y los padres de los futuros novios se pusieron de acuerdo. En julio, Aisha voló a Pakistán para reunirse con su “novio” por primera vez. “Yo estaba absolutamente aterrada. Ése era el hombre con el que se suponía que iba a pasar el resto de mi vida. No sabía si él me gustaría, o yo a él. Y en mi mente estaba esa horrible, repugnante preocupación por mi virginidad”.

 
“Pero cuando me reuní con él, me gustó inmediatamente. Él tiene 28 años, es alto, con pelo negro y muy guapo. Me hizo sentir muy bien recibida. Pasé un mes en casa de sus padres, y allí creció el amor a mi futuro marido. No nos hemos besado en todo el tiempo que pasamos juntos y durante todo ese tiempo he representado mi papel de diligente niña musulmana que oraba cinco veces por día. Después de decirle adiós a mi futuro marido, en el vuelo de regreso a Birmingham, empecé a sentir pánico por el tema de mi virginidad. La tradición musulmana exige que en mi noche de bodas mi esposo le muestre a su madre y tías la sábana ensangrentada para demostrar que su novia es pura. Si yo no sangro la boda se anulará y seré enviada a casa, en desgracia. No podía dejar de pensar en cómo hacer para engañar a mi marido y su familia y que creyeran que yo era pura”.

 

Una cápsula de sangre en la vagina

 A través de amigos, Aisha haía oido hablar de una una nueva operación para “restablecer” un himen desgarrado, y, en su desesperación, averiguó más en Internet. Allí encontró una clínica en Londres, adonde viajó bajo pretexto de un viaje de negocios. El médico dijo que la operación se realizaba con anestesia local y que podía regrear al trabajo a la mañana siguiente, aunque teniendo cuidado de no hacer movimientos bruscos que pudieran romper el himen antes de tiempo. El méidco también preguntó si yo quería, justo antes de mi boda colocar una cápsula de sangre en el himen que garantice una saludable cantidad de sangre. Sonaba excelente, y además no había elección”.

novias-con-velo “La operación fue tal como el médico predijo. Es indolora, y ahora no siento ninguna diferencia. He tenido que ahorrar durante meses para pagar tanto la operación como la cápsula, y todavía tengo deudas, pero he liberado el peso que había en mi mente. Lloré durante muchas noches preguntándome cómo haría frente a esta situación, y ahora mi secreto está a salvo”.

 Aisha está aliviada, aunque no feliz. “Me siento tan triste por todas las mujeres, como desgarrada entre dos culturas. Nuestra religión es tan rígida, y al mismo tiempo me crié entre mis amigos occidentales que tienen una forma muy distinta de pensar. La vida se hace muy confusa y me siento profundamente apenada por las niñas y mujeres que se encuentran atrapadas en el mismo dilema. Supongo que tuve suerte de poder reparar mi ‘error’ y que nadie lo sepa. Pero me asusta pensar qué le sucede a las niñas musulmanas que no tienen esta opción y son consideradas la vergüenza de sus familias. Son mujeres cuyas vidas están en riesgo”.

 

Fuentes de información utilizadas en esta nota: Diario El Mundo, Dailymail.co.uk, Islam-Watch, themuslimwoman.org

Crímenes por honor: Durmiendo con el asesino

 

En los primeros ocho meses de este año, al menos 29 mujeres resultaron muertas por crímenes de honor en Siria.

Esta semana se realizó en estos días un foro de tres días sobre los crímenes de honor, en el que participaron religiosos musulmanes y cristianos, parlamentarios, abogados y funcionarios del ministerio de Justicia y Bienes Islámicos, que lo ha organizado en forma conjunta con la Comisión Siria para los Asuntos de Familia. Este tipo de violencia es protegida por la Constitución siria, que impone penas reducidas cuando un hombre mata a la esposa, madre, o hermana “en caso de adulterio o de contactos sexuales inmorales con una tercera persona”. La mayoría de los participantes en el foro recomendaron derogar esas leyes y pidieron a líderes religiosos musulmanes y cristianos que prediquen contra estos crímenes.

Pero no todos estuvieron de acuerdo. Al menos tres diputados que estaban allí presentes se opusieron a las conclusiones del foro y advirtieron que no apoyarán semejante propuesta si es sometida a votación parlamentaria.

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de muerte por honor?

En Irak, una joven de 19 años fue asesinada por sus familiares por tener el número de teléfono de un desconocido (para ellos) en su celular. En la ciudad israelí de Ramleh, el deseo de libertad de Nadia Abu Amar no pudo ser tolerado por su propia familia. Ni siquiera el hecho de haber escapado a un refugio para mujeres en Jerusalem pudo salvarla de ser asesinada por sus parientes varones para “salvar el honor de la familia”. El jefe de policía regional que investigó el caso de Nadia en Ramleh, indicó que incluso si una mujer árabe habla por su teléfono celular o le sonríe al hombre se considera que ha violado el honor de su familia.

Casos como estos se repiten a diario en todo Medio Oriente. Cientos de mujeres y niñas son asesinadas cada año por sus familiares, que consideran que han hecho un “mal uso” de su sexualidad. Además, gran parte de estos crímenes no se denuncian, ya que se consideran asuntos familiares privados.

Esta arraigada costumbre proviene de las poderosas y estrictas normas tribales pre-islámicas del mundo árabe, según las cuales la mujer es reponsable por la decencia de su familia y su grupo social, y los hombres deben defenderla a cualquier precio. Una mujer o niña deben pagar con su vida cualquier deshonor y son las únicas responsables de la protección de su virginidad. La pérdida de la virginidad, considerada el bien más preciado, en cualquier incidente que no sea “un buen matrimonio”, conduce inevitablemente a la muerte. Incluso víctimas de violación han sido castigadas, ya que no importa si la virginidad o el honor se perdieron con o sin consentimiento de la mujer.

Entendidos en la materia que interpretan el Islam desprovistos de fanatismo aseguran que es sorprendente que las familias justifiquen los asesinatos por honor en nombre del Islam , ya que no es posible encontrar una sola norma o precepto que así lo mande. Para el caso de adulterio , explican, el Islam tiene previsto un procedimiento legal y describe todos sus pasos, pero en ningún momento contempla el asesinato.

 

 Las mujeres, víctimas de las circunstancias políticas

El sitio web “CSMonitor” informa que desde que comenzaran los enfrentamientos entre las facciones palestinas Hamás – que domina de facto la Franja de Gaza – y Al Fatah – al frente de la Autoridad Nacional Palestina – han aumentado notablemente los asesinatos por honor de mujeres palestinas. Debido a la continua violencia entre las partes, a la falta de recursos y de conocimientos, la Autoridad Palestina no ha sido capaz de desarrollar un marco coherente y constructivo para luchar contra los asesinatos por honor y, en general, contra la violencia que padecen las mujeres.

En general, y en toda la región, puede señalarse la complicidad por medio del silencio y la inacción de políticos y legisladores ante la vigencia de las leyes tribales fundamentalistas. Se puede concluir, entonces, que a menos que exista una reforma social endógena de los conservadores dentro de las sociedades, islámicas y no islámicas, cualquier esfuerzo externo e incluso legal será inútil.

Así las cosas, las mujeres viven bajo un régimen de miedo y opresión incluso en el ámbito donde deberían sentirse más cómodas, respetadas y tranquilas: el hogar y la familia. Y los asesinos, no sólo caminan libremente sin que nadie se atreva a cuestionar sus crímenes, sino que se consideran defensores del honor y la justicia.

 

 *Los datos incluidos en esta nota fueron obtenidos en las siguientes fuentes: “The Independent”, “Boston Globe”, “CSMonitor”.

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