En los primeros ocho meses de este año, al menos 29 mujeres resultaron muertas por crímenes de honor en Siria.
Esta semana se realizó en estos días un foro de tres días sobre los crímenes de honor, en el que participaron religiosos musulmanes y cristianos, parlamentarios, abogados y funcionarios del ministerio de Justicia y Bienes Islámicos, que lo ha organizado en forma conjunta con la Comisión Siria para los Asuntos de Familia. Este tipo de violencia es protegida por la Constitución siria, que impone penas reducidas cuando un hombre mata a la esposa, madre, o hermana “en caso de adulterio o de contactos sexuales inmorales con una tercera persona”. La mayoría de los participantes en el foro recomendaron derogar esas leyes y pidieron a líderes religiosos musulmanes y cristianos que prediquen contra estos crímenes.
Pero no todos estuvieron de acuerdo. Al menos tres diputados que estaban allí presentes se opusieron a las conclusiones del foro y advirtieron que no apoyarán semejante propuesta si es sometida a votación parlamentaria.
¿De qué hablamos cuando hablamos de muerte por honor?
En Irak, una joven de 19 años fue asesinada por sus familiares por tener el número de teléfono de un desconocido (para ellos) en su celular. En la ciudad israelí de Ramleh, el deseo de libertad de Nadia Abu Amar no pudo ser tolerado por su propia familia. Ni siquiera el hecho de haber escapado a un refugio para mujeres en Jerusalem pudo salvarla de ser asesinada por sus parientes varones para “salvar el honor de la familia”. El jefe de policía regional que investigó el caso de Nadia en Ramleh, indicó que incluso si una mujer árabe habla por su teléfono celular o le sonríe al hombre se considera que ha violado el honor de su familia.
Casos como estos se repiten a diario en todo Medio Oriente. Cientos de mujeres y niñas son asesinadas cada año por sus familiares, que consideran que han hecho un “mal uso” de su sexualidad. Además, gran parte de estos crímenes no se denuncian, ya que se consideran asuntos familiares privados.
Esta arraigada costumbre proviene de las poderosas y estrictas normas tribales pre-islámicas del mundo árabe, según las cuales la mujer es reponsable por la decencia de su familia y su grupo social, y los hombres deben defenderla a cualquier precio. Una mujer o niña deben pagar con su vida cualquier deshonor y son las únicas responsables de la protección de su virginidad. La pérdida de la virginidad, considerada el bien más preciado, en cualquier incidente que no sea “un buen matrimonio”, conduce inevitablemente a la muerte. Incluso víctimas de violación han sido castigadas, ya que no importa si la virginidad o el honor se perdieron con o sin consentimiento de la mujer.
Entendidos en la materia que interpretan el Islam desprovistos de fanatismo aseguran que es sorprendente que las familias justifiquen los asesinatos por honor en nombre del Islam , ya que no es posible encontrar una sola norma o precepto que así lo mande. Para el caso de adulterio , explican, el Islam tiene previsto un procedimiento legal y describe todos sus pasos, pero en ningún momento contempla el asesinato.
Las mujeres, víctimas de las circunstancias políticas
El sitio web “CSMonitor” informa que desde que comenzaran los enfrentamientos entre las facciones palestinas Hamás – que domina de facto la Franja de Gaza – y Al Fatah – al frente de la Autoridad Nacional Palestina – han aumentado notablemente los asesinatos por honor de mujeres palestinas. Debido a la continua violencia entre las partes, a la falta de recursos y de conocimientos, la Autoridad Palestina no ha sido capaz de desarrollar un marco coherente y constructivo para luchar contra los asesinatos por honor y, en general, contra la violencia que padecen las mujeres.
En general, y en toda la región, puede señalarse la complicidad por medio del silencio y la inacción de políticos y legisladores ante la vigencia de las leyes tribales fundamentalistas. Se puede concluir, entonces, que a menos que exista una reforma social endógena de los conservadores dentro de las sociedades, islámicas y no islámicas, cualquier esfuerzo externo e incluso legal será inútil.
Así las cosas, las mujeres viven bajo un régimen de miedo y opresión incluso en el ámbito donde deberían sentirse más cómodas, respetadas y tranquilas: el hogar y la familia. Y los asesinos, no sólo caminan libremente sin que nadie se atreva a cuestionar sus crímenes, sino que se consideran defensores del honor y la justicia.
*Los datos incluidos en esta nota fueron obtenidos en las siguientes fuentes: “The Independent”, “Boston Globe”, “CSMonitor”.
