Opinión: Festival de discriminación y violaciones

 

La situación de las mujeres en Israel a esta altura del milenio es peor de lo que se podía haber esperado.

La policía se encuentra desarmada frente a miles de variados casos de violencia. Y, siguiendo la táctica del “Divide y reinarás” se intenta clasificar y separar: número de mujeres golpeadas que viven en refugios,

el alto número de mujeres internadas en establecimientos psiquiátricos, los casos de asesinato de mujeres etíopes y rusas (y en este caso se endilga la cuestión a las dificultades de adaptación o a las diferencias cullturales), las decenas de mujeres árabes que son víctimas en la batalla por el honor de la familia, las miles de mujeres adultas y jóvenes que se suman cada año al círculo de violadas y sexualmente acosadas o las ancianas vícitmas de todo tipo de espantosa violencia.

A pesar del esfuerzo oficial por desdibujar la imagen de la situación, es importante que veamos el rompecabezas como una sola pieza y admitamos que se trata de un mismo fenómeno en distintas variantes.

A pesar de los avances, las mujeres fueron y siguen siendo una presa fácil.

 

 

 

 

 

Pero no sólo la Policía aporta con su ineficiencia a la eternización de la situación de las mujeres en Israel.

Cuando finalmente la policía hace algo y se presenta con el material de la investigación ante la Fiscalía, ésta llega rápidamente a vergonzosos acuerdos extrajudiciales, que constituyen un mensaje cultural compasivo con asesinos de mujeres, violadores, acosadores y hombres que comercian con mujeres sólo para ganar grandes sumas de dinero.

 

Las fallas de la Fiscalía en este sentido son tan frecuentes y vergonzantes, al punto que nos preguntamos si esto tendrá que ver con que a su cargo no hay ni una sola mujer.

 

Los legisladores nos son menos culpables de esta situación: las leyes que favorecen a las mujeres, en el mejor de los casos se convierten en letra muerta en los códigos y libros de leyes. Su existencia no influyen en la medida en que quisiéramos que lo pudieran hacer. Año tras año somos testigos de la constante discriminación en los salarios de las mujeres, en la forma de referirse a los gastos provenientes de la crianza de los hijos frente a la posibilidad de desarrollar una carrera. La sociedad se ha condenado a sí misma a una especie de “mantra” poco común: “Decide qué quieres, ¿Criar a tus hijos o tener una carrera?”

 

También en las áreas de salud, educación y formación académica vemos el inmenso abismo que hay entre las necesidades de las mujeres y las posibilidades de encontrar una respuesta equitativa a sus necesidades especiales. El Estado nombra asesoras especiales para desempeñar cargos en el área de desarrolllo y progreso de la mujer, pero no le ha destinado por el momento un presupuesto anual. Y – sorprendentemente – los recortes de personal siempre comienzan por las oficinas que se ocupan de temas relacionados con el status de la mujer en el ámbito público, o la coordinadora interministerial de la lucha contra la trata de blancas. Esta política transmite un clarísimo mensaje de desprecio.

También los medios de comunicación tienen su parte en este festival de discriminación y continúa brindando un escenario “artístico” a publicidad que presenta la imagen de la mujer como un objeto sexual, o en el mejor de los casos estereotipada como la que domina a su marido, la tonta o la superficial, entre otras posibilidades. La prensa escrita se comporta con hipocresía respecto de las mujeres, cuando en una página informa acerca de “tristes estadísticas” y del otro lado publica anuncios publicitarios de servicios de prostitución, acompañantes, y otras alternativas que les aportan grandes ganancias.

 

A pesar de las protestas, los medios de comunicación continúan brindando un espacio desigual en debates profesionales en televisión y radio y cuando ya le da lugar a las mujeres, por algún motivo se trata siempre de las mismas diez, un fenómeno que sólo contribuye a fortalecer el mensaje social que indica que no es posible encontrar más que algunas pocas mujeres inteligentes, merecedoras de ese espacio.

 

Pero mi mayor decepción se refiere a la justicia, que creíamos la última fortaleza de defensa de las mujeres. El sistema judicial se ha atrincherado tras una pared de cristal e impone obstáculos al acceso de las mujeres a la justicia. La facilidad con que castigan, como así también las expresiones que utilizan los jueces cuando se refieren a las mujeres más de una vez conmocionan y hacen que policías y fiscales se abstengan incluso de empezar a ocuparse del tema y – por supuesto – paralizan aún más a las mujeres que necesitan y no logran pedir ayuda.

 

También hay un aspecto económico esencial en el trato despectivo que el sistema judicial da a las mujeres: las puertas de un proceso penal se abren ante ellas sólo en lo relacionado con delitos contra ellas, mientras que la mayoría de las víctimas mujeres preferirían conformarse con una compensación económica digna por el daño que les ocasionaron, y con ello seguir adelante, hacia un futuro mejor.

 

 

Por Roni Elony Sadovnik.

Fuente: Ynet

 

 

 

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Eliseo
    Oct 08, 2008 @ 17:53:35

    Indignante resulta constatar la situacion que vienen padeciendo las mujeres en no pocos lugares de este Mundo, por el simple hecho de serlo … Mas sorprende para mi, es que entre estos se encuentre Israel, un Pais de reconocida tradicion democratica, donde los derechos de sus ciudadanos tienden a ser respetados … Lo cierto, es que situaciones como las aqui referidas, se producen tambien con alarmante periodicidad, en democracias fuera de toda sospecha, lo cual nos invita a preguntarnos por el funccionamiento de sus respectivos poderes judiciales … Vaya por delante, que tiendo por lo general, a aplicar a los individuos, el apelativo de “personas” haciendo abstraccion de su condicion sexual etnica ú otra … Asi pues, se trata para mi de un problema de flagrante injusticia e inaceptable discriminacion , que debe ser denunciado y combatido desde las leyes, pero tambien desde la “Educacion” en su mas amplia expresion …

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  2. Ariel
    Oct 14, 2008 @ 15:33:57

    Israel es uno de los países más hermosos del mundo, y no lo digo por judío, sino desde un punto de vista absolutamente objetivo.
    En ese hermoso país estamos conviviendo con todas las divisiones habidas y por haber, con todas las discriminaciones habidas y por haber, con todos los odios habidos y por haber.
    Arabes y judíos es una “división” fácil, pero no termina el problema. Rusos, etíopes, vatikim y jadashim, judíos y goim, haredim y no haredim, riquísimos y paupérrimos (uno de los países más injustos del mundo en materia de dinero, estadísticamente comprobado) y ahora este planteo tuyo, Roxana, de hombres y mujeres.
    Podríamos agregarle clase política y dirigencial y gente de a pie, a los que hablan hebreo con fluidez y los que no lo hablamos bien, etc.
    Israel es un milagro diario, pero porque no nos matamos y seguimos adelante.
    Claro que lo único que figura en la tapa de los diarios es el conflicto con los palestinos, allí está muy claro, sobre todo si vienen con un explosivo bajo el brazo “que somos los buenos y ellos son los malos”, por lo tanto no hay nada que revisar.
    Yo no sé si en 1948 había este despelote, perdón por el término, absolutamente intencionado, sí sé que nunca se hizo nada por resolverlo, y que los últimos gobiernos tienen política exterior (buena o mala) y no tienen política interna.
    Tzipi puede pasar a la historia, si es que llega y mira todo este desorden… y si es que mete mano para ordenarlo. No tiene grandes excusas para no hacerlo: el conflicto con los árabes existe desde hace mucho y está bastante quieto, el problema financiero-económico se resuelve más afuera que adentro del país, no hay una aliah importante como para que no se ponga orden. Es tiempo y es hora de que Israel haga algo para sí misma sin excusas.

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