Nuestro primer Sucot en Israel y el “enamorado del mercado árabe”

 

 A dos meses de haber llegado al país, recién mudados a un barrio en las afueras de Jerusalem desde el centro de absorción donde habíamos pasado el primer tiempo, nos sorprendió el primer Sucot en nuestra condición de ciudadanos israelíes.

 Asesorada (mal) por una compañera de trabajo, decidí llevar a mis hijos a conocer la Ciudad Vieja y el Kotel, el Muro de los Lamentos, paseo emocionante si los hay.

Pero resultó ser que unas 15.000 personas más habían tenido la misma idea, y cuando llegamos al lugar no podíamos creer lo que estábamos viendo. Era “Birkat HaCohanim”, la Bendición de los Sacerdotes, tradicional en Sucot y que – como todo el mundo sabe – es uno de esos días en que Jerusalem es un loquero, hay embotellamientos, empujones y muchedumbres.

Después de lograr, con muchísima dificultad, acercarnos un poquito al Muro, decidimos salir de la explanada y probar suerte con un paseo por las hermosas callecitas de la Ciudad Vieja. Pero resultó ser que nos equivocamos – obviamente porque no conocíamos el lugar – y nos metimos en el mercado árabe.

A medida que avanzábamos en las callecitas empezamos a notar que no estábamos en el lugar que habíamos buscado, pero de todos modos todo eso tenía una belleza muy especial. Colores, texturas, aromas … hasta que de pronto, un comerciante que estaba parado en la puerta de su negocio se acercó hacia nosotros, me tomó de un brazo y me metió adentro de su negocio, así, sin decir agua va.

Los chicos me siguieron, y empezamos a asustarnos, los cuatro. Les murmuré en español que no se les ocurriera hablar ni una sola palabra en hebreo, y los tres asintieron, mudos y pálidos.

Una vez adentro de lo que resultó ser un negocio de joyas, el hombre empezó – sin soltarme el brazo ni por un segundo, al contrario, tomándolo cada vez con más fuerza – a repetir una y otra vez: “tus ojos, tus ojos”…. hablándome todo el tiempo en inglés.

¿WHAT?, le pregunté

“Tus ojos son verdes”, me respondió el hombre, en trance. “Son verdes, son muy hermosos y yo te voy a regalar algo”…

Dicho esto sacó un par de aros con una piedra verde que incluso en esas circunstancias se veía preciosa.

 El hombre, cada vez más en situación de “trance de ojos verdes” me explicó que quería darme eso porque se había enamorado y porque eran verdes como mis ojos y porque él quería QUE ME QUEDARA PARA SIEMPRE CON ÉL.

Cada palabra iba acompañada por un apretón más fuerte de mi pobre brazo y , después de forcejear un poco, decidí que tenía que hacer algo porque eso se estaba poniendo muy feo.

“Vamos a hacer lo siguiente”, le propuse dirigiéndole un guiño y una mirada cómplice. “Yo estoy con mis hijos, no puedo quedarme aquí. Los voy a dejar y vuelvo a buscar mi regalo y a quedarme con vos”.

 Por suerte el hombre aceptó con mucho entusiasmo, y enseguida me soltó el brazo. Yo alcancé a decirle a mis hijos que no salieran corriendo y así caminamos, mudos y pálidos, sintiendo su mirada en nuestras espaldas, hasta la primera esquina. Cuando doblamos, salimos corriendo sin soltarnos las manos hasta que encontramos un soldado israelí que nos indicó cómo podíamos salir de ahí lo más rápido posible.

 Mi hijo mediano, Lior, preguntó con su más pura ingenuidad: “mami, ¿de verdad vas a volver con el tipo ese”?

-“Nooooo, Lior, se lo dije para que me soltara el brazo y nos dejara ir”.

– “Pero, pobre, te va a estar esperando…”

 

 

 Moshé Katzav, los jugadores de River y el “enamorado”

 Una vez que recuperamos el aliento, rumbeamos hacia la Casa Presidencial. Otra costumbre muy arraigada en Israel es que el Presidente de la Nación hace lo que se llama “Casa abierta” y recibe a todo ciudadano que quiera saludarlo y entrar a la Sucá. Para nosotros, como recién llegados, era toda una experiencia.

En aquel momento, el Presidente era Moshé Katzav, y no había llegado aún la época de los escándalos. El hombre estaba parado junto a su esposa en la recepción y estrechaba la mano de todos los que pasaban como si tuviera ganas.

Cuando llegó nuestro turno, nos dio la mano y teóricamente teníamos que seguir hacia adelante, pero a Lior se le ocurrió darle conversación y le contó que éramos nuevos inmigrantes de Argentina. Katzav nos hizo un par de preguntas sobre nuestra llegada y Lior sacó de su bolsillo unas hojas de cuaderno que llevaba y le pidió a Moshé Katzav si le podía firmar un autógrafo.

Katzav sonrió, enternecido y contento, y mientras buscaba su lapicera escuchó cómo Lior le explicaba que estaba a punto de darle el honor de firmar en la página más importante, junto a las firmas de los jugadores de River, que él había conseguido en Buenos Aires!!

Se los mencionó uno por uno, y Katzav ya estaba más que desorientado, le estampó su firma y nos fuimos a la Sucá, a mirar un espectáculo de danzas folklóricas y comer bocaditos presidenciales.

Cuando salimos, cansados pero contentos, Lior volvió a preguntar qué iba a pasar con “el pobre hombre del negocio, que te está esperando”, y lo hizo varias veces más durante los meses siguientes.

En estos seis años que pasaron, la anécdota se convirtió en una broma familiar. Solemos preguntarle a Lior – que ya no es aquel nene ingenuo –  si se le pasó el cargo de conciencia por el enamorado intempestivo, y los cuatro nos reimos mucho.

 Esta semana, justamente, estuvimos pensando si en este Sucot vamos a volver a visitarlo…

 

Anuncios

2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Eliseo
    Oct 14, 2008 @ 13:32:02

    Curiosa anecdota desde luego, que me retrotrae a mi primera visita a Yerushalayim, y al primer paseo por el barrio arabe de su ciudad vieja … !Toda una experiencia! sin duda, no siempre agradable como quedó aqui reflejado … Sorprende a primera vista, el agudizado sentido comercial del que hacen gala los vendedores que atienden los inumerables puestos de ventas que van surcando las angostas callejuelas, asi como su “intuicion” a la hora de calibrar, la procedencia de los hipoteticos clientes, a los que abordan muchas veces, utilizando expresiones en sus lenguas de origen, para asombro de estos… Fisionomistas, poliglótas y “zalameros”, activan todos los recursos imaginables, para captar la atencion, y vender sus productos a precios segun ellos, fuera de toda competencia a un publico heterogeneo y lo suficientemente distraido, como para dejarse “embaucar” por estos autenticos maestros de la venta e “ilusionistas” de la palabra y el gesto …

    Responder

  2. Ariel B.
    Oct 14, 2008 @ 14:48:33

    Pobre tipo. Mirando la foto que está más abajo creo que el “enamorado del mercado árabe” tenía razón

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: