Bombay, Londres, New York, Madrid, Jerusalem, Buenos Aires…

Cada vez es más la gente afectada por el terrorismo y, quizás por eso, es cada vez menor la consciencia acerca de los estragos que produce, del desgarro que genera, de la destrucción que impone y el dolor que siembra, en términos de seres humanos comunes, que viven sus vidas cotidianas alejados de todo eso, así, como cualquiera de nosotros.

No puedo ocultar el efecto que me produjeron las imágenes que llegaron desde Bombay. Tantos recuerdos, tanta tristeza arrinconada en mi historia personal y familiar…

 

Los papás de Moishi, la mamá de Matías

A principios de este año falleció mi padre, después de algunos meses de internaciones y sufrimientos. Durante esa última etapa, la enfermedad que padecía le provocaba, por momentos, delirios. Y sus delirios eran, exclusivamente, dos. Uno tenía que ver con todo lo que él quería darme, me decía que tenía empresas, fábricas, autos y dinero, y que todo eso era para mí. En medio de la tragedia me arrancaba sonrisas cargadas de ternura.

Su segundo y más recurrente delirio tuvo que ver con los atentados sucedidos en Buenos Aires. Con un dolor profundo que había llevado adentro durante todos estos años y, evidentemente, en el final de sus días hacía eclosión. Con sus miedos y sus pesadillas.

Es que el 17 de marzo de 1992, cuando estalló la embajada de Israel en Buenos Aires, murió mi tía, Graciela Susevich de Levinson. Y dos años después, el 18 de julio de 1994, cuando la sede de la AMIA fue derrumbada en un segundo atentado, murió mi tío, Jaime Plaksin.

 Mi tío Jaime trabajaba en Cultura, era sinónimo de teatro en Idish, de enseñanza de Talmud, de Cábala, de jaime2Torá. Y fueron muchas, muchísimas las personas que se acercaron a la familia tras su muerte, para contar que Jaime los había ayudado, que les había enseñado, que los había aconsejado. Pero él jamás contaba esas cosas, ni mucho menos se vanagloriaba. La fotografía del emisario de Jabad, las afirmaciones y los relatos elogiosos de quienes lo conocieron, me recordaron a mi tío Jaime.

 

 

Las imágenes del caos y la destrucción, el descontrol, las críticas a las autoridades locales, me llevaron otra vez a aquel día en que la representación israelí en Buenos Aires quedó destruida.

Cuando ví al pequeño Moishi transformado en un ícono, un símbolo humano de la tragedia, su imagen me retrotrajo de inmediato a las voces de los cronistas de radio y televisión y a los textos de los diarios que hablaban de Matías – mi primo Matías – a quien nadie logró sacar del espantoso escenario en que se había convertido la embajada, hasta que sacaron a su madre de abajo de los escombros.graciela

El inolvidable grito del periodista de la televisión argentina que dijo: “encontraron a la mamá de Matías” , y siguió adelante con su crónica: “el cuerpo sin vida de Graciela Levinson es retirado del lugar…”

Y la imagen de mi papá – inconfundible, incluso de espaldas – llevándose de ese lugar a mi primo Matías y a mi hermana.

Y las contracciones que se intensificaban y se aceleraban en mi vientre, en el octavo mes de embarazo, en la misma medida y con la misma velocidad con las que se intensificaba el dolor.

 

Una simple expresión de dolor

He escuchado y leído en estos días a decenas de analistas, expertos en terrorismo y política internacional. Pero ésta no es una columna sobre contraterrorismo. No trata siquiera acerca de las generalizaciones que se regenerarán ahora por parte de quienes verán a todo musulmán, árabe o parecido, sin excepción, como portador de un chaleco explosivo y un enemigo despiadado . Ni sobre los musulmanes moderados, cuya voz de repudio no se oye, por el momento. Ni sobre el papel de Irán y su influencia – directa o indirecta – sobre Pakistán.

Ni siquiera sobre cómo debería reaccionar occidente, o cuánto y cómo debe proteger el Estado de Israel a las instituciones judías en el mundo, ni sobre la saña con que los terroristas de Bombay buscaban judíos e israelíes.

Estas palabras son un reflejo de mi necesidad de respuestas, de mi sed de justicia, mi esperanza de un verdadero Nunca Más y mi amor a la vida.Esto que escribo es, en definitiva, una simple y renovada expresión de tristeza y dolor.

 

Fotos: En la primera fotografía, a la derecha, se ve a mi tío, Jaime Plaksin, junto a su esposa, Aída. En la segunda se ve a mi tía, Graciela Levinson, junto a mi padre.

Hombres violentos: La otra cara de la moneda

Quien vea desde afuera esa bonita casa ubicada en Kfar Malal no podrá jamás imaginarse lo que sucede adentro. Allí viven 13 hombres, cada uno de ellos diagnosticado como violento, especialmente respecto de su pareja.

Se trata de “Beit Noam” , el único hogar de su tipo que existe en Israel y en el mundo entero que trabaja de acuerdo a la siguiente lógica: se debe alejar al hombre violento de su familia para que reciba un tratamiento intensivo de entre 3 a 4 meses luego del cual es evaluado por un especialista, que decide si podrá volver a reencontrase con su familia.

 

beit-noam-logoLa ventaja de este sistema sobre el refugio para mujeres golpeadas es evidente, ya que la mujer y los niños permanecen en la casa . Además, después de 10 años de actividad y 350 pacientes, la Fundación Beit Noam exhibe con orgullo un 90% de éxito en el trabajo realizado.

 

“Esto no es una cárcel”, explica Orna Yoguev Rozenberg, la directora de Beit Noam. “Es una casa, con todo lo que eso implica. Cada uno de los hombres que están aquí puede irse cuando lo desee, pero la oportunidad que le damos de recibir el tratamiento es única, no puede regresar”.

La primera pregunta que surge es qué se puede hacer en tres o cuatro meses en casos de violencia extrema o de larga data. “Yo sostengo que un tratamiento de 3 o 4 meses aquí equivale a 3 o 4 años de tratamiento afuera. Aquí vienen especialistas de todo el país y de otros países a aprender y copiar el modelo. Lo que nosotros hacemos es conectar al paciente con su cuerpo y su alma. Deben llegar a ser conscientes del momento previo, el instante después del cual todo se vuelve negro. No deben llegar más a pasar esa línea. La violencia es una elección y también puedes elegir frenarla”, aclara Yoguev Rozenberg.

 

Comida, bebida, hombres

Beit Noam es un lugar muy agradable, tiene una amplia cocina en la que cada semana uno de los hombres que habitan el lugar es el encargado de cocinar para todos. Arriba hay habitaciones donde viven tres o cuatro hombres en cada una.

Las reglas y pautas del lugar son fundamentales y detrás de ellas hay fuertes argumentos profesionales. El encargado de la cocina, por ejemplo, reúne el dinero a principios de semana recibiendo de cada uno de los hombres 130 shékels y con eso debe comprar los elementos y cocinar.

El ejercicio de reunir el dinero, de pedírselo a cada uno de los compañeros, enfrenta al paciente a una violencia1situación que lo retrotrae a la relación con su mujer. Pero ahora él es el débil, que tiene que pedirle dinero a un hombre cuyas reacciones pueden llegar a ser violentas y amenazantes.

Otra situación con la que se encuentra el encargado de la cocina es, por ejemplo, el servir una comida para todos. Cuando él sirve lo que cocinó y uno de los hombres arroja la comida y le dice “esto que preparaste es una porquería”, también se encuentra ante una situación que conoce muy bien. Sólo que en el pasado no muy lejano él tenía el rol del hombre violento.

Cuando sienten que necesitan un “recreo” les enseñan a salir de la casa y hacer un circuito corto por el campo que la rodea.Si todavía no se tranquilizaron, vuelven a salir, y así una y otra vez, hasta que la serotonina y la adrenalina hacen su trabajo.

 

Testimonios de quienes salieron de la casa

Son las seis de la tarde. Está por comenzar el taller para quienes ya salieron de la casa. Entre otras parejas llegan Alef de 42 años de edad y Alef (37), su segunda esposa. El hecho violento por el cual Alef llegó a Beit Noam sucedió hace dos años, con su primera esposa. Él admite que nunca creyó que sería capaz de cambiar tanto. “Cuando llegué a esta casa yo era adicto a la cocaína. Hoy en día soy consciente de los límites y los espacios peligrosos, presto mucha atención a mis sentimientos, los analizo y puedo darme cuenta cuando empiezo a sentir enojo. Tuve un padre violento y golpeador. Aquí, en Beit Noam, comprendí que crecí agredido, sin ninguna posibilidad de asimilar la idea de que era atacado y de inmediato respondía atacando. Hoy en día, cuando me siento amenazado y siento el fuego que sube desde adentro mío, lo comprendo, lo detecto”.

Es evidente que la situación de Alef no ha sido fácil, como así tampoco el proceso que atravesó. “Como he llorado dentro de esta casa no lloré nunca en mi vida”, confiesa. “A veces era tan difícil que pensaba que hubiese sido mejor estar en la cárcel y no enfrentarme a lo que había negado toda mi vida”, agrega Alef.

Alef recuerda cuál fue el momento en que empezó a cambiar. “En Beit Noam se hacen cenas especiales todos los viernes. Un viernes durante la cena alguien me atacó, y de inmediato sentí el reflejo de atacarlo de nuevo. Y me dije a mí mismo: cálmate, te hirieron , pero puedes permitirte resultar herido. Me levanté y me fui. En ese instante comprendí que ésos eran mis miedos de la infancia, la mesa de la cena de los viernes, el momento en que recibía más golpes. De pronto entendí que ya no soy ese niño y puedo permitirme que alguien me insulte o me ataque y no es el fin del mundo. A partir de ese momento comenzó el cambio”.

 

Las lágrimas, el cambio y la liberación

 

Cuando los hombres salen de Beit Noam y vuelven a sus casas, el tratamiento pasa a abarcar también a la pareja y los hijos.

parejaOtra pareja que concurre al taller es la de J. de 48 años de edad y su esposa, G. de 30. La pareja tiene 4 niños de entre 4 meses a 6 años de edad. Debido a la violencia de J. respecto de G. llegó a Beit Noam, finalizó su tratamiento hace 6 meses y cumple también una condena a trabajos sociales.

J. asiste al taller de ex pacientes y también al taller para padres, en cuyo marco participa una vez por semana en una sesión de terapia a través del arte junto con sus hijos, que fueron testigos de sus actos de violencia.

“Antes me guardaba todo, escondía todo lo que me provoca dolor, tristeza o miedo. Escondía y callaba. Ahora soy capaz de expresar todo lo que siento”, explica J.

J. descirbe el cambio que experimentó al llegar a Beit Noam. “Desde que llegué a esta casa me sentí seguro. Desde el primer momento. Algo dentro mío comenzó a despertar. Recordé cosas mías que me gustaban cuando era niño y recordé la difícil infancia que pasé. Tuve un padre que murió muy joven y una madre que no supo arreglarse con 5 niños pequeños. No sabía qué hacer, entonces se comportaba con violencia. Pero aquí hay buenas energías, hay algo especial en esta casa. Desde el principio sentí que me querían ayudar y me sentí seguro”.

Para la mayoría de los hombres resulta muy difícil aceptar que necesitan un tratamiento, que no son “tan fuertes” como se muestran.

“Toda mi vida tuve puesta una careta con la que le decía al mundo que yo soy el más fuerte y nadie puede conmigo. Pero, de hecho, era el más débil. Al principio me fue difícil hablar, pero lo trabajé con el terapeuta y entendí que aquí no se viene a jugar, y de pronto me dí cuenta que estaba llorando, que las lágrimas caían como por sí solas,y todo se abrió”, recuerda J. “Cuando hablas por primera vez sobre el dolor y sientes el alivio, comprendes que debes seguir adelante”, explica.

El paso por Beit Noam y el tratamiento posterior han cambiado la vida de J. y de toda su familia. “Antes yo era como una especie de máquina. Me preocupaba por la casa y la comida y nada más. Ahora disfruto de mi matrimonio, de mi mujer, de mis hijos. Ni siquiera las deudas me sacan de equilibrio. Antes, si tenía una deuda me enloquecía, perdía el control. Hoy en día lo tomo con calma y pienso que poco a poco saldremos adelante”.

Fuentes: Suplemento “24 Horas” de Yediot Ajaronot

Beit Noam: www.beitnoam.org.il

Día de Lucha Contra la Violencia de Género: En memoria de las mujeres…

25 de noviembre, Día de la Lucha Contra la Violencia de Género, es el Día de Homenaje a la Memoria de las Mujeres (Iom Hazicarón*). Es el día del calendario en el que recordamos a nuestras víctimas en la “Guerra de Resistencia” letal, que llevan a cabo contra nosotras, desde hace miles de años, los hombres violentos.

 Es el día en el que inclinamos nuestras cabezas por las niñas que fueran víctimas de acoso y violencia sexual por parte de padres, hermanos, abuelos, tíos y otros hombres “cercanos”. Por las que fueran víctimas primero de un pariente y luego de un proxeneta, que las empuja primero a la adicción a las drogas y luego a la prostitución y las transforma en un objeto sexual que se puede vender una vez y otra, y otra y otra más al mejor postor, hasta que queda satisfecho o se siente hastiado.

Recordamos a las niñas que fueran torturadas, violadas y asesinadas en los llamados “asesinatos por el honor familiar” o sólo por crueldad y maldad, y a quienes ha vuelto a matar la indiferencia y la soledad.

Es el día en que recordamos también a la pequeña Rose, la de la sonrisa triste, una niña a la que nadie quiso lo suficiente como para defenderla de los incesantes ataques de sus propios familiares más cercanos. Ataques que terminaron en asesinato. Y a todas las niñas que son víctimas de abusos y ataques similares en este mismo instante y las que lo serán en los próximos días, en las próximas semanas y los próximos meses.

25 de noviembre es el día en que nos unimos a las mujeres que son víctimas de la violencia cotidiana de un compañero violento. A aquellas a quienes la “violencia en la intimidad” las oprimió y las transformó en “mujeres golpeadas”. A aquellas a quienes una ráfaga de celos violentos les hizo perder la vida.

A las mujeres que se vieron obligadas a permanecer junto a un marido violento o maltratador, porque el sistema judicial en Israel no les permitió divorciarse o separarse de él.

A aquellas a quienes la situación económica, la presión social o la falta de alternativa las obligaron a permanecer en un hogar donde corrían peligro.

Y a todas las mujeres que también hoy, mañana y pasado, seguirán sufriendo maltrato físico y psicológico en sus casas, y serán asesinadas por un marido celoso y posesivo.

Es el día en que volvemos a ver el milagro de la valentía y la supervivencia de las mujeres que fueran víctimas de violación, abuso y acoso sexual. Mujeres jóvenes que fueran abusadas y aprovechadas por hombres en quienes confiaban y con quienes compartían alguna parte de sus vidas. Mujeres que fueron obligadas a tener relaciones sexuales con un amigo y a veces con amigos del amigo. Mujeres que fueron acosadas o abusadas sexualmente por sus empleadores, colegas, profesores, líderes espirituales y religiosos, médicos, psicólogos, maestros.

Mujeres que esperaban y pedían justicia al sistema judicial israelí y se toparon con una gran pared, con indiferencia, ineficiencia y hasta con la culpabilización de la víctima.

El Día del Recuerdo es, por naturaleza, doloroso, difícil, triste. Su función es recordar cosas difíciles de recordar.

De todos modos, es más fácil recordar cuando después del Día del Recuerdo llega el Día de la Independencia, que trae la esperanza y alivia un poco el dolor y la desesperación. Pero el Día de Recuerdo de las Vïctimas de la Violencia de Género no nos lleva a ningún Día de la Independencia. La situación de las mujeres en Israel no mejora y puede llegar a empeorar en vista de la crisis económica global y sus consecuencias sociales. Los terribles hechos descriptos siguen sucediendo en Israel y la pregunta es por qué, y por qué no se avecina ningún cambio.

Entre otras cosas porque para cambiar, para liberarse, para lograr la independencia, no es suficiente recordar, también hay que luchar. Hay que ponerse de pie juntas, como grupo, establecer metas colectivas, presentar exigencias y luchar por ellas. Hay que unir fuerzas, cerrar filas, actuar con solidaridad y en conjunto. También junto a los hombres no violentos, no abusadores, no acosadores, que quieran unirse a esta lucha.

Junto con ellos debemos exigir de nuestras autoridades leyes civiles de matrimonio y divorcio. Exigir de nuestro sistema de justicia un trato respetuoso y humano. Exigir de la policía que haga cumplir la ley y nos proteja. Exigir que haya educación para la igualdad y el respeto mutuo. Exigir en los lugares de trabajo protección contra el acoso sexual. Exigir de quienes nos rodean que no sean indiferentes y tengan su propia idea sobre el asunto. Exigirnos a nosotras mismas valentía y apoyo mutuo.

Si sabemos luchar por mejorar nuestras condiciones de vida como grupo, ésa será una lucha contra la violencia de género que nos llevará a la independencia y no se terminará en el recuerdo de las víctimas. Hasta entonces, la lista de víctimas que habremos de recordar sólo aumentará.

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Fuente:

Dra. Orit Kamir (Ynet)

*Iom Hazicarón es el Día de Recuerdo y Homenaje a los Soldados Caídos en las Guerras de Israel y en Atentados Terroristas. Al término de este día solemne se celebra el Día de la Independencia.

El “efecto soldado” en la sociedad israelí

Desde que llegué al país me ha llamado mucho la atención el trato y la deferencia que tiene la gente, en general, hacia los soldados.

Es que realmente enternece verlos cargar esos bolsos enormes, los ojos chiquititos y lagañosos, subiendo a buses y trenes, en larguísimos viajes en los que sólo se dedican a dormir. Pero dormir como sólo un soldado lo puede hacer.

Cierta vez iba en el tren desde Beer Sheva (en el sur, bien al sur) hacia Tel Aviv y había muchos, muchísimos soldados. Algunos en los asientos y otros, sencillamente en el piso, durmiendo. Uno de ellos tenía la cabeza apoyada sobre su mochila, el cuerpo acurrucado en un rincón del vagón y el celular pegadito a una de sus orejas. El teléfono comenzó a sonar, con una estridente melodía jasídica, cantada y todo, y el soldadito… nada. Una vez y otra vez y otra más, y el bello durmiente… nada!

Alguien debía estar más que preocupado por él, ya que la insistencia era terrible, pero el pobre no reaccionaba.

Y la gente, lejos de enojarse o protestar (como lo harían, en general, los israelíes en cualquier otra circunstancia), se limitaba a observarlo con una expresión de pena, comprensión y ternura.

 

“Love Story” en el supermercado

Una de las cosas más difíciles que puede haber en este país es hacer las compras los jueves por la noche. Aunque más difícil, casi imposible, es el viernes a la mañana. Y totalmente imposible, una locura total, el viernes al mediodía. La gente enloquece porque todo se cierra cerca de las dos de la tarde y compran (ejem, compramos) comida como para alimentar a un batallón durante un mes.

Un viernes al mediodía estaba yo en el supermercado (no por valiente sino por inconsciente, por haber dejado las compras para último momento), en medio de la maraña de gente apurada y con muy, muy poca paciencia. Llegué a la caja y alguno ya empezaba a refunfuñar, porque no soy especialmente rápida para acomodar los productos en las bolsas… cuando de pronto llegó mi hijo mayor, Uri, que venía de la base. Todos lo vimos bajar las escaleras que se ven desde adentro del supermercado y – con su uniforme y todos los chirimbolos que lleva en la camisa – hacer su entrada triunfal. Sin darme cuenta dije en voz alta: “¡Ése es mi hijo!”

De pronto, todo pareció haberse congelado. Uri llegó hasta la caja y ante la mirada de todos me abrazó, me dio unos besos atrasados de un par de semanas y nos saludamos largamente. “Cómo te fue, tenés hambre, me compraste lo que te encargué desde la base, mejor me voy a dormir primero y después como algo”, etc, etc, etc. Y así, todo un diálogo.

Lejos de enojarse o ponerse de malhumor, la gente miraba, casi con lágrimas en los ojos. Me dí vuelta y me disculpé por la tardanza – aunque la sonrisa me llegaba de una oreja a la otra – pero todos me respondían que por favor, faltaba más, ningún problema…

Salimos de allí casi como dos héroes, mientras la gente nos veía pasar y nos saludaba.

 

Hasta el gasista se solidariza

Hace unos días, así, de pronto, en mi casa dejó de funcionar la cocina. Sólo podíamos usar el horno, que es eléctrico, y el asunto estaba bastante incómodo.

Llamé a un técnico, de esos que cobran más que los médicos y tardan más que la grúa en llegar, pero resultó ser que la cocina no tenía nada. El problema estaba en el gas.

Lo primero que hice fue revisar las últimas facturas, para ver si había pagado o si la empresa que nos suministra el gas de nuestra cocina se había cansado de esperar. Pero no, todo estaba en regla. Llamé a la empresa. Después de hacer 853 llamados, a la central, a la filial, a la división reparaciones y a no sé quién más, me prometieron que el técnico vendría el martes. Obviamente, no apareció.

El miércoles, otros tantos llamados. Rogué, supliqué, me enojé e hice algunos pucheros, y me lo prometieron para el miércoles. Obviamente, no apareció.

El jueves – ayer – a la nochecita, decidí cambiar de estrategia y se me ocurrió utilizar el “efecto soldado”. Llamé al señor Avigdor, que era el último en la línea de llamados y le dije: “tengo un hijo que es soldado combatiente y mañana viene a casa por el fin de semana, después de tres semanas. ¿No le parece que yo le tengo que cocinar algo?”

Avigdor soltó una risita avergonzada y dijo: “POR SUPUESTO. Yo me voy a ocupar”.

Esta mañana bien temprano vinieron a arreglar el gas. El técnico me explicó que lo había mandado especialmente Avigdor, se disculpó por haberse demorado tanto, y me preguntó por mi hijo el soldado, que en qué base está, cada cuánto viene a casa y si piensa quedarse en el ejército y hacer carrera.

Y ahora, ya no tengo excusas. Me voy a cocinar…

 

 

Los Ángeles de Charlie en Dubai

angeles-de-charlieSeis mujeres armadas y subidas a modernísimas motocicletas, se han convertido en el primer equipo de mujeres policías de la zona del Golfo. Pero no son los Ángeles de Charlie, aquellas mujeres bonitas que protagonizaban una famosa serie de aventuras “policiales” y respondían a un jefe al que jamás veían. Se trata de seis profesionales, entrenadas para descender desde un helicóptero utilizando equipo de rescate y para poner en riesgo sus vidas con tal de salvar otras.

Además, fueron asignadas a la custodia y protección de jefes de estado, ministros, altos oficiales y sus familias, especialmente las mujeres. Todas ellas son graduadas de la Academia Policial de Dubai y han pasado un entrenamiento militar especial, que incluye la acción antiterrorista.

Como mujeres árabes, que viven en un entorno dominado por hombres, están decididas a mostrarle a sus compañeros de uniforme y a la sociedad en general, que pueden hacerlo, y muy bien.

mujeres-policias-en-dubai1Fatima Mamari (25), una de las integrantes del equipo, explica que este sexteto está “en la línea de fuego si se produce un incidente que afecte a un VIP, un funcionario, o personalidad destacada”. Fatima ha debido librar una batalla personal, antes de comenzar esta carrera tan poco común. “En mi familia hubo sólo objeciones y críticas cuando me integré a la Policía, a los 21 años de edad”, recuerda. A pesar del tiempo, las cosas no han cambiado en este sentido. “Una mujer policía es algo que no se ve con frecuencia en nuestra sociedad. Pero creo que yo rompí el molde cuando tomé esta decisión. Cuando fui en cierta ocasión a un banco a hacer una transacción y mostré mi licencia de conducir pude ver la sorpresa en el rostro del empleado cuando vio que era de una motocicleta”, relata Fatima.

Respecto de su trabajo, Fatima asegura que “lo más importante es la confianza en uno mismo. Incluso después de casarme, sigo haciendo este trabajo. Me gusta el desafío cotidiano que hay en él”.

Mariam Ahmad (28), coincide con Fatima en cuanto al gusto por el desafío. “Elegí este trabajo para que se convierta en la profesión que ejerceré en mi vida. Cada día es el comienzo de una nueva aventura. Además, cumpliendo mis funciones, he conocido Suiza, Francia, Sudán y Bahrein en muy poco tiempo”. Mariam fue la encargada de custodiar a la hija del presidente estadounidense George Bush durante su visita a Dubai.

“No hay diferencia entre nuestras motocicletas y las de los hombres, tampoco recibimos un tratamiento especial durante el entrenamiento. Cuando nos caíamos, por ejemplo, nadie nos ayudaba a levantarnos. Me encanta lo que hago y me siento orgullosa de formar parte de este equipo y de la fuerza policial”, afirma la joven. “La misión más difícil que he cumplido hasta el momento fue la custodia de Benazir Bhutto cuando visitó Dubai. Esperábamos lo peor, incluido un atentado o cualquier tipo de intento de asesinato. Me apenó muchísimo lo que sucedió después, cuando regresó a su hogar”, dice Mariam.

Por su parte, el Brigadier Mohammad Eid Al Mansouri, director del Departamento de Seguridad Preventiva y Emergencias de la Policía de Dubai, asegura que “estas mujeres fueron elegidas por su determinación, coraje, capacidad y entusiasmo. Los antiguos conceptos sobre el rol de la mujer empiezan a cambiar en nuestro país y se puede encontrar mujeres en los más diversos ámbitos de acción y campos de trabajo”.

 

Fuente de la información: XPress

 

 

 

 

Discriminación en Egipto: La buena imagen ante todo

Tras una batalla de seis años dentro y fuera de los tribunales, la presentadora de la televisión pública egipcia Ghada al Tauil ha logrado romper un viejo tabú y salir en la pantalla con el pelo cubierto con el velo islámico o ‘hiyab’.

Pese a la omnipresencia del velo en Egipto, el régimen continúa vetando su introducción en algunos sectores que considera sensibles como la televisión, las líneas aéreas y los hoteles, para intentar mantener una imagen laica en un país de mayoría islámica y cada vez más islamizado.

Fue sólo hace tres semanas cuando Al Tauil, que había sido apartada de sus funciones durante seis años tras ponerse el ‘hiyab’, hizo su aparición ante las cámaras para presentar el primer programa de la televisión pública egipcia conducido por una presentadora con su cabello cubierto.

 

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“Hasta ahora no entiendo por qué me prohibieron salir en la pantalla después de que me pusiera el ‘hiyab’ en 2002”, ha comentado Al Tauil, para quien su decisión “es una cuestión de libertad personal”.

Pese a que en Egipto no existe ninguna ley que prohíba esta vestimenta islámica en la televisión pública, tradicionalmente se ha apartado de la pantalla a toda persona que ha intentado aparecer en antena con el tradicional ‘hiyab’.

Pese a que en 2005 la Justicia egipcia ordenó la anulación del veto impuesto a Al Tauil, la institución televisiva se negó a acatar el dictado judicial y Tauil no recuperó su puesto ante las cámaras.

Después de largas peleas con sus jefes, estos le encargaron hace tres semanas presentar el programa de contenido social titulado ‘A la mujer guapa’, de una hora de duración y que se emite en directo todos los viernes.

La primera aparición de Al Tauil el pasado 23 de octubre en la pantalla con el velo islámico fue recibida con mensajes de felicitación por parte de los espectadores.

Sin embargo, la lucha por sus derechos todavía no se ha terminado, ya que Al Tauil está decidida a recuperar su puesto como presentadora del telediario egipcio en lengua inglesa, que perdió tras ponerse el velo.

La presentadora acusó al canal de intentar hacer todo lo posible para impedir su regreso al telediario, y explicó que en algunas ocasiones le habían sustituido por otra periodista especializada en francés para evitar su aparición.

La presentadora está pensando en recurrir a los tribunales de nuevo para recuperar su puesto en estos informativos.

Ahora asegura no tener miedo, porque ya ha logrado romper el tabú del velo en la televisión, uno de los pocos bastiones del Egipto laico.

Fuente: Elmundo.es

 

 

Esha Momeni podría ser condenada a cadena perpetua

free Esha Momeni, estudiante iraní-americana, que había regresado a Irán para terminar su tesis a través de un film documental sobre la situación de la mujer y fue arrestada el 15 de octubre de 2008, salió de la prisión Evin mediante el pago de una fianza de US $ 198.000. Según declaraciones de Reza Momeni, su padre, Esha no puede salir del país y debe comparecer en audiencia ante la corte política por las acusaciones de “actuar contra la seguridad nacional y propagar contra el gobierno”. Estos cargos son suficientemente serios como para sentenciarla a cadena perpetua.

 Reza Momeni ha dicho que Esha perdió ocho kilos de peso durante su estadía en la prisión iraní, debido a la tensión y las dificultades, y que su estado general es bueno. La familia Momeni ha hipotecado la casa donde vive para poder pagar la fianza y Esha espera poder explicar ante el juez la verdadera naturaleza de sus actividades en Irán y recibir así autorización para regresar a Los Angeles.

 

Fuente de esta información: Asociación de Prisioneros Políticos Iraníes

 

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