Hombres violentos: La otra cara de la moneda

Quien vea desde afuera esa bonita casa ubicada en Kfar Malal no podrá jamás imaginarse lo que sucede adentro. Allí viven 13 hombres, cada uno de ellos diagnosticado como violento, especialmente respecto de su pareja.

Se trata de “Beit Noam” , el único hogar de su tipo que existe en Israel y en el mundo entero que trabaja de acuerdo a la siguiente lógica: se debe alejar al hombre violento de su familia para que reciba un tratamiento intensivo de entre 3 a 4 meses luego del cual es evaluado por un especialista, que decide si podrá volver a reencontrase con su familia.

 

beit-noam-logoLa ventaja de este sistema sobre el refugio para mujeres golpeadas es evidente, ya que la mujer y los niños permanecen en la casa . Además, después de 10 años de actividad y 350 pacientes, la Fundación Beit Noam exhibe con orgullo un 90% de éxito en el trabajo realizado.

 

“Esto no es una cárcel”, explica Orna Yoguev Rozenberg, la directora de Beit Noam. “Es una casa, con todo lo que eso implica. Cada uno de los hombres que están aquí puede irse cuando lo desee, pero la oportunidad que le damos de recibir el tratamiento es única, no puede regresar”.

La primera pregunta que surge es qué se puede hacer en tres o cuatro meses en casos de violencia extrema o de larga data. “Yo sostengo que un tratamiento de 3 o 4 meses aquí equivale a 3 o 4 años de tratamiento afuera. Aquí vienen especialistas de todo el país y de otros países a aprender y copiar el modelo. Lo que nosotros hacemos es conectar al paciente con su cuerpo y su alma. Deben llegar a ser conscientes del momento previo, el instante después del cual todo se vuelve negro. No deben llegar más a pasar esa línea. La violencia es una elección y también puedes elegir frenarla”, aclara Yoguev Rozenberg.

 

Comida, bebida, hombres

Beit Noam es un lugar muy agradable, tiene una amplia cocina en la que cada semana uno de los hombres que habitan el lugar es el encargado de cocinar para todos. Arriba hay habitaciones donde viven tres o cuatro hombres en cada una.

Las reglas y pautas del lugar son fundamentales y detrás de ellas hay fuertes argumentos profesionales. El encargado de la cocina, por ejemplo, reúne el dinero a principios de semana recibiendo de cada uno de los hombres 130 shékels y con eso debe comprar los elementos y cocinar.

El ejercicio de reunir el dinero, de pedírselo a cada uno de los compañeros, enfrenta al paciente a una violencia1situación que lo retrotrae a la relación con su mujer. Pero ahora él es el débil, que tiene que pedirle dinero a un hombre cuyas reacciones pueden llegar a ser violentas y amenazantes.

Otra situación con la que se encuentra el encargado de la cocina es, por ejemplo, el servir una comida para todos. Cuando él sirve lo que cocinó y uno de los hombres arroja la comida y le dice “esto que preparaste es una porquería”, también se encuentra ante una situación que conoce muy bien. Sólo que en el pasado no muy lejano él tenía el rol del hombre violento.

Cuando sienten que necesitan un “recreo” les enseñan a salir de la casa y hacer un circuito corto por el campo que la rodea.Si todavía no se tranquilizaron, vuelven a salir, y así una y otra vez, hasta que la serotonina y la adrenalina hacen su trabajo.

 

Testimonios de quienes salieron de la casa

Son las seis de la tarde. Está por comenzar el taller para quienes ya salieron de la casa. Entre otras parejas llegan Alef de 42 años de edad y Alef (37), su segunda esposa. El hecho violento por el cual Alef llegó a Beit Noam sucedió hace dos años, con su primera esposa. Él admite que nunca creyó que sería capaz de cambiar tanto. “Cuando llegué a esta casa yo era adicto a la cocaína. Hoy en día soy consciente de los límites y los espacios peligrosos, presto mucha atención a mis sentimientos, los analizo y puedo darme cuenta cuando empiezo a sentir enojo. Tuve un padre violento y golpeador. Aquí, en Beit Noam, comprendí que crecí agredido, sin ninguna posibilidad de asimilar la idea de que era atacado y de inmediato respondía atacando. Hoy en día, cuando me siento amenazado y siento el fuego que sube desde adentro mío, lo comprendo, lo detecto”.

Es evidente que la situación de Alef no ha sido fácil, como así tampoco el proceso que atravesó. “Como he llorado dentro de esta casa no lloré nunca en mi vida”, confiesa. “A veces era tan difícil que pensaba que hubiese sido mejor estar en la cárcel y no enfrentarme a lo que había negado toda mi vida”, agrega Alef.

Alef recuerda cuál fue el momento en que empezó a cambiar. “En Beit Noam se hacen cenas especiales todos los viernes. Un viernes durante la cena alguien me atacó, y de inmediato sentí el reflejo de atacarlo de nuevo. Y me dije a mí mismo: cálmate, te hirieron , pero puedes permitirte resultar herido. Me levanté y me fui. En ese instante comprendí que ésos eran mis miedos de la infancia, la mesa de la cena de los viernes, el momento en que recibía más golpes. De pronto entendí que ya no soy ese niño y puedo permitirme que alguien me insulte o me ataque y no es el fin del mundo. A partir de ese momento comenzó el cambio”.

 

Las lágrimas, el cambio y la liberación

 

Cuando los hombres salen de Beit Noam y vuelven a sus casas, el tratamiento pasa a abarcar también a la pareja y los hijos.

parejaOtra pareja que concurre al taller es la de J. de 48 años de edad y su esposa, G. de 30. La pareja tiene 4 niños de entre 4 meses a 6 años de edad. Debido a la violencia de J. respecto de G. llegó a Beit Noam, finalizó su tratamiento hace 6 meses y cumple también una condena a trabajos sociales.

J. asiste al taller de ex pacientes y también al taller para padres, en cuyo marco participa una vez por semana en una sesión de terapia a través del arte junto con sus hijos, que fueron testigos de sus actos de violencia.

“Antes me guardaba todo, escondía todo lo que me provoca dolor, tristeza o miedo. Escondía y callaba. Ahora soy capaz de expresar todo lo que siento”, explica J.

J. descirbe el cambio que experimentó al llegar a Beit Noam. “Desde que llegué a esta casa me sentí seguro. Desde el primer momento. Algo dentro mío comenzó a despertar. Recordé cosas mías que me gustaban cuando era niño y recordé la difícil infancia que pasé. Tuve un padre que murió muy joven y una madre que no supo arreglarse con 5 niños pequeños. No sabía qué hacer, entonces se comportaba con violencia. Pero aquí hay buenas energías, hay algo especial en esta casa. Desde el principio sentí que me querían ayudar y me sentí seguro”.

Para la mayoría de los hombres resulta muy difícil aceptar que necesitan un tratamiento, que no son “tan fuertes” como se muestran.

“Toda mi vida tuve puesta una careta con la que le decía al mundo que yo soy el más fuerte y nadie puede conmigo. Pero, de hecho, era el más débil. Al principio me fue difícil hablar, pero lo trabajé con el terapeuta y entendí que aquí no se viene a jugar, y de pronto me dí cuenta que estaba llorando, que las lágrimas caían como por sí solas,y todo se abrió”, recuerda J. “Cuando hablas por primera vez sobre el dolor y sientes el alivio, comprendes que debes seguir adelante”, explica.

El paso por Beit Noam y el tratamiento posterior han cambiado la vida de J. y de toda su familia. “Antes yo era como una especie de máquina. Me preocupaba por la casa y la comida y nada más. Ahora disfruto de mi matrimonio, de mi mujer, de mis hijos. Ni siquiera las deudas me sacan de equilibrio. Antes, si tenía una deuda me enloquecía, perdía el control. Hoy en día lo tomo con calma y pienso que poco a poco saldremos adelante”.

Fuentes: Suplemento “24 Horas” de Yediot Ajaronot

Beit Noam: www.beitnoam.org.il

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5 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Analía Horenstein
    Nov 26, 2008 @ 16:22:51

    Es difícil pensar en la otra cara de la moneda, en el hobre golpeador como alguien con sentimientos. Pero este proyecto me parece excelente. Si tiene tanto éxito porque hay una sola casa en todo el mundo

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  2. Eliseo
    Nov 27, 2008 @ 09:38:41

    A la vista de los resultados obtenidos, cabriá calificar este modo de “terapia” como exitoso, y digno de ser aplicado con mayor profusion … No estante, sigo considerando que una formacion educativa de base, fundada en valores, tales como el respecto propio y ajeno, la aceptacion de la singularidad, ó el reconocimiento de la dignidad intrinsica a todo ser humano, permanece como la mejor pedagogia preventiva y formativa que pueda darse, sin desdeñar por ello como quedó dicho, la puesta en practica de iniciativas como la aqui reseñada …

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  3. Jorge
    Nov 27, 2008 @ 09:48:16

    coincido con Eliseo solo que la educación es lo que evitaría que la gente llegue a esa sitaución y la terapia que se da en ese casa es justamente para los uqe no recibieron ese tipo de enseñanza y llegaron a ser violentos. Es el remedio para cuando no hubo prevención. Muy bueno el artículo y muy bueno el blog

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  4. Raquel Reznik
    Nov 27, 2008 @ 18:15:07

    Visité tu hermosísima página e hice un post con tu artículo ‘El efecto soldado…’ que me encantó, sugiriendo que nuestros lectores te lean.
    ¡Te felicito!

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  5. Canzoneri, Claudio I.
    Nov 27, 2008 @ 19:24:03

    Siguiéndola a Raquel, le envié el link a gente de mi ciudad que intenta actuar para solucionar este problema.
    Un cordial saludo y los mejores deseos.

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