“Nylon Road”: Cómic autobiográfico de una mujer iraní y divorciada

Parsua Bashi nació en Irán en 1996 y vivió – hasta el año 2004 en que dejó el país – la Revolución parsua-bashiIslámica, la guerra contra Irak y los cambios en la sociedad iraní, las limitaciones y vejaciones que sufrían las mujeres y el relegamiento de sus derechos.
Entre los años 1984 y 1989 Parsua estudió diseño gráfico y arte en la Universidad de Teherán.

En 2004 Parsua se trasladó a Suiza, después de dudarlo mucho y pensar que debía quedarse en su país y cambiar las cosas.

En una entrevista concedida a la Agencia de Noticias EFE, Parsua recuerda que se casó con un compañero de trabajo, porque supuso que la boda la alejaría de las estrictas leyes que le impedían tener vida social más allá de los límites de su casa. Pero admite que fue un error. Y ese error ha tenido para ella un precio muy alto, ya que al divorciarse, su marido y el gobierno le quitaron a su hija, dado que en Irán divorcio y maternidad no son compatibles.

Parsua Bashi ha publicado un libro – cuyo título es “Nylon Road” – en el que , mediante un cómic, reflejaESPAÑA-CÓMIC-IRÁN un diálogo real que tuvo consigo misma, acerca de su condición de simpatizante comunista, estudiante de arte, madre,mujer divorciada e inmigrante. En el cómic aparecen personajes reales de su vida en Irán y ella misma , como niña, adolescente y adulta, con quienes dialoga y debate.

“Nylon Road” fue publicado en alemán en 2006 y ahora acaba de editarse la versión en español (Editorial Norma)y Parsua asegura que está más que satisfecha con la respuesta que ha tenido su cómic.
 

 

 

Anuncios

Mujeres palestinas, rotas y asustadas

Por Ricardo Mir, Xornal.com (A Coruña)

Su tío empezó a violarla cuando tenía seis años. Su abuelo la ataba a un árbol, le pegaba y le daba tierra para comer. Su madrastra la encerraba durante días sin comida en una habitación y, a veces, le forzaba a comer excrementos. Y su padre intentó matarla con un cuchillo tras acusarla de ser una puta. Estos son algunos de los estadios del terror que han marcado la vida de Walla, una mujer palestina de 18 años, que encontró la libertad al entrar en el único centro de acogida para mujeres maltratadas que existe en los territorios palestinos.

Mehwar está a las afueras de Belén y su arquitectura recuerda a la de una cárcel moderna, con muros imponentes, verjas de hierro y una garita de seguridad a la entrada. “Aquí llegan solo los casos más extremos, mujeres que han sufrido abusos durante 10 o 20 años”, explica Naji Ibrahim, directora del centro Mehwar, dependiente de la Autoridad Nacional Palestina. “Llegan rotas y asustadas, con la autoestima bajo cero. Nuestra misión es hacer que se sientan seguras y en casa. Muchas reciben asistencia psicológica y con el tiempo se ponen a estudiar o a trabajar porque, para su reintegración, necesitan ser independientes”, prosigue la directora. Desde su puesta en marcha en marzo del año pasado, 79 mujeres, 19 de ellas con niños, han buscado refugio en el centro.

 

mehwad-centre

Falta de privacidad

La gran mayoría pide ayuda tras sufrir abusos sexuales en el seno de la familia. “Su calvario empieza cuando tienen entre 6 y 11 años. Las viola el padre, el tío o el hermano y los abusos se prolongan durante años”, explica Ibrahim. No existen datos oficiales para medir la incidencia del incesto en Palestina, pero a tenor de los casos registrados por Mehwar, es muy elevado.

La explicación podría estar en la propia idiosincrasia de la sociedad palestina, una sociedad tribal de familias extendidas, donde padres e hijos viven a menudo con sus respectivas familias en una misma vivienda. “En muchas casas no hay prácticamente privacidad, viven todos juntos en espacios reducidos. Algunas comunidades, además, se han convertido en mundos herméticos por las restricciones de movimiento impuestas por Israel”, opina Ibrahim.

Abusos interiorizados

A Mehwar llegan pocos casos de mujeres maltratadas por sus maridos. “Aunque les peguen tres veces al día, ninguna abandona el hogar”, explica la italiana Elena Gentili, trabajadora social de Mehwar. Los abusos están tan interiorizados que, según una encuesta reciente, siete de cada diez mujeres árabe-israelíes –teóricamente más emancipadas que sus vecinas palestinas– no consideran que las bofetadas, los insultos o las humillaciones del marido constituyan casos violencia doméstica.

Las palestinas que no aguantan más se encuentran en un callejón sin salida. No reciben ayuda económica de la Administración, a diferencia de las mujeres israelíes, y socialmente pasan a ser unas apestadas. “Si se van de casa pierden los hijos y la reputación. La gente las considera mujeres indignas”, añade Gentili. Además solo tienen a su disposición dos centros de acogida: Mehwar, en Belén, y otro de emergencia en Jericó, donde la estancia máxima se reduce a un mes.

Hasta hace algún tiempo, explica Gentili, se empleaban también como refugio viviendas particulares, intencionalmente secretas, pero su verdadera naturaleza pasaba enseguida a ser dominio público.

Papel mojado

Las leyes palestinas castigan el incesto y el maltrato, pero sus mecanismos de implementación dejan mucho que desear. Los tribunales tardan años en dictar sentencia y en muchos casos, según los expertos, se absuelve a los maltratadores antes de haber examinado las pruebas. Incluso cuando los culpables acaban en la cárcel, muchos recurren al soborno y tardan muy poco en volver a la calle.

Protegida por los muros de Mehwar, Walla ha recuperado la sonrisa. “Me siento fuerte y ya no tengo miedo. Puedo dormir con la luz apagada y la puerta cerrada porque aquí hay gente que habla conmigo, me da cariño y me protege”, dice mientras una de las trabajadoras sociales del centro la abraza y le acaricia el pelo.

Ha vuelto a estudiar y sueña con ir a la Universidad, pero Walla sabe que su reintegración social no va a ser fácil. “Mucha gente no quiere contratarlas porque piensan que la familia irá a buscarlas. La culpa en esta sociedad patriarcal siempre recae sobre la mujer”, concluye la directora del centro, Naji Ibrahim.

Mujeres y fútbol en la ciudad de Tel Aviv

Ayer, señoras y señores, hubo “Derby” en el Estadio Bloomfield de Tel Aviv. Se jugó el clásico de la ciudad: Macabi Tel Aviv (de azul y amarillo) Vs HaPoel Tel Aviv (de rojo y algo de blanco). HaPoel Tel Aviv pasó a los octavos de final del Nacional, y yo estuve allí. Una más de las no pocas mujeres presentes en el estadio – aunque todavía somos minoría – a pesar del frío, el viento y un poco de lluvia.

No soy una gran entendida en fútbol, sólo me gusta, me divierte y me alegra. Quizás fue por las ganas y la necesidad de tener un lenguaje común con mis hijos varones, por las largas sesiones a las que me sometía Uri cuando era pequeñito, en las que me contaba – con lujo de detalles y sin permitir que desviara la mirada ni por un instante – los partidos que jugaba en los recreos y en la escuelita de fútbol. Quizás porque Lior nos hacía parar a cada uno de los miembros de la familia aproximadamente una hora y media para que él nos tirara penales.  O por las veces que me preguntaron su edad en las plazas y parques, admirados por su precoz y notable  talento futbolístico.

 Como decía, no soy una gran entendida, y tampoco quiero sonar altanera, pero hay detalles que no se me escapan. Hasta donde yo sé, los jugadores deben patear la pelota hacia el arco contrario, subir, atacar, contraatacar. Desde que llegué al país y empecé a ver partidos de fútbol me llama la atención la costumbre – y me crispa bastante los nervios – de los jugadores israelíes de jugar “para atrás”, a la defensa propia, al arquero… Y no me queda claro por qué, ni para qué.  De vez en cuando está bien, pero taaanto…

Otra actitud llamativa es la que tienen muchos – e incluso la observé ayer en los jugadores de Hapoel, el equipo israelí que adopté a falta de River – de recibir la pelota y no saber qué hacer con ella, para dónde tirarla ni a quién. Y es así como cortan el ritmo y la continuidad de jugadas que empiezan bien y se van diluyendo.

Cuando el arquero se pasea por el centro de la cancha

Anoche, en el minuto 31 Maharan Lala, de HaPoel, marcó el primer gol, “cocinado” por uno de los mejores jugadores que me pareció haber visto ayer sobre el césped,  Dimitar Telkiyski. El brasileño Douglas Da Silva también tuvo algo que ver. Eso, más un par de piruetas con las piernas, fue lo único decente que hizo durante los casi 95 minutos de juego. Pero el entrenador, Eli Gutman, decidió dejarlo hasta el final y en cambio sacó a Telkiyski. Desde la tribuna, los “aficionados”, le comunicaron que no estaban de acuerdo.

En el minuto 91 la tribuna de HaPoel  estallaba de los nervios. “No sea cosa que nos metan un gol justo ahora”… decía más de uno. La verdad es que hacía frío y nadie tenia ánimos para seguir soportando semejante partido. Los jugadores de HaPoel jugaban bastante mal, pero por suerte los de Macabi lo hacían peor. Y se perdieron varios goles.

 Yo tuve muchas ganas de cantar “la hora referí”, pero no me la sé en hebreo. 

Y en ese momento sucedió algo inesperado:  Vincent  Enyeama, el arquero de HaPoel y a mi modesto entender el héroe de la noche, sorprendió a propios y ajenos. Todos los jugadores de Macabi Tel Aviv estaban en el área de HaPoel, en un desesperado intento por lograr un empate de último momento, esperando el saque de Enyeama.

gg856915

 Y Enyeama – Vincent para los amigos – le pasó la pelota elegantemente y con la mano a Samuel Yeboah, que estaba solito en el mediocampo, frente al arquero de Macabi, Dragoslav Jevrić (léanlo en voz alta si son machos), que ni siquiera tuvo tiempo de acomodarse en el arco, cuando la pelota entró, tranquilita ella, marcando el segundo gol y sellando el triunfo de HaPoel.

Nunca le preguntes sobre fútbol a una mujer

El ambiente es muy particular en un estadio de fútbol en Israel y en la ciudad de Tel Aviv. Claro que no se parece a un Betar Ierushalaim contra Bnei Sajnin, pero tampoco a un Boca-River, o un Peñarol-Nacional, o cualquier otro clásico. Todo es mucho más suave, más familiar y delicado. Incluso en la 5, la tribuna donde están los más fanáticos, los más ruidosos, había un par de muchachos con el torso desnudo, un bombo que sonaba cada tanto y muchos cantitos. Pero nada demasiado alocado. Se veía folklórico y hasta sonaba afinado.

72829738nn8En la tribuna donde yo estaba todos nos hicimos amigos. Nos convidábamos semillitas de girasol y conversábamos animadamente en los tramos más aburridos del partido. Una chica estudiaba para un examen de la universidad y los de alrededor le deseaban que tuviera más suerte que Macabi.

En esta renovada experiencia de ir al estadio de fútbol en Tel Aviv, he descubierto un par de cosas.

En primer lugar he observado que un hombre jamás le consulta algo sobre fútbol a una mujer. En  cierto momento, en el extremo opuesto hubo una jugada interesante, hasta que la pelota terminó yéndose a cualquier lado. Mi vecino de la derecha preguntó quién había pateado, y yo dije: “Badir”. El hombre volvió a preguntar quién pateó, y yo le dije un poquito más fuerte (bueno, un poco más que un poquito, aunque era obvio que me había escuchado) que Walid Badir. Entonces el tipo le gritó al que estaba a mi izquierda: “Iosi, ¿quién pateó?”, a lo cual Iosi respondió: “Badir, creo…” Y el otro se sonrojó un poquito y dejó de preguntar.

Por otra parte, así como los inmigrantes no podemos contar o hacer operaciones matemáticas en hebreo sino sólo en la lengua materna, he llegado a la conclusión de que los insultos, al menos en el estadio de fútbol y en noche de Derby,  sólo me salen en castellano.

Tzipi, Bibi… ¿y?

                                                                                                        

Después de la exitosa, lluviosa y fría jornada electoral, llegó el momento de entender los resultados. ¿Entonces? ¿Quién ganó, Tzipi o Bibi? ¿Gana el que tiene más votos o el que tiene más aliados en su bloque?

tzipibibiLos israelíes quedamos totalmente desconcertados ante los discursos triunfales de Tzipi, que invitaba a Bibi a unirse a SU gobierno y de Bibi que invitaba a la emocionada Tzipi al SUYO.  Sé que no sirve de consuelo, pero no somos los únicos… el mundo entero nos mira con asombro. A tal punto que la Unión Europea publicó un aviso de felicitación a “los triunfadores” de las elecciones generales en Israel. Como para salir, en forma diplomática, del brete.

Las mujeres en el nuevo Parlamento, la Knesset Número 18

Pero no todo es Tzipi y Bibi, ni el ascenso de Liberman, o cómo habrán de acomodarse Israel Beitenu y Shas en una misma coalición. La nueva conformación de la Knesset, tiene también su costado interesante. Al menos por el momento, cuando los nuevos diputados y diputadas aún no tuvieron tiempo para comenzar a decepcionar … digo, a trabajar.

21 mujeres fueron electas para el nuevo período parlamentario, una cifra récord en la historia de Israel. En la anterior había 17, pero luego se sumó Tzvia Grinfeld, del partido de izquierda Meretz.

En el partido Kadima fueron electas 7 diputadas: Tzipi Livni, Dalia Itzik, Ruhama Abraham, Marina Solodkin, Ronit Tirosh, Dra. Rajel Adato, Orit Suaretz. En el Likud, 5: Leah Nes, Limor Livnat, Tzipi Jotobely, Guila Gamliel y Miri Reguev. Las parlamentarias por Israel Beitenu serán Sofa Landber, Orli Levy, Anastasia Mijaeli,Faina Kirshenbaum y Lia Shemtov.

Hanin Zuabi, la primera diputada árabe

haninzuabi2Hanin Zuabi es la primera mujer elegida como diputada por parte de un partido árabe. Se encontraba en el tercer lugar de la lista del Partido Balad, y debió esperar hasta último momento para confirmar su elección. Pero lo logró.

Zuabi vive en la ciudad de Nazareth, tiene 39 años de edad y fue elegida en forma unánime para ocupar el tercer lugar en la lista que presentó su partido en estas elecciones. Hasta hace muy poco tiempo dirigió la Fundación “Ilam”, cuyo objetivo y labor consiste en elevar el nivel de conscientización sobre temas árabes en la prensa israelí.

Zuabi entró en la Knesset por iniciativa del fundador del partido Balad, el ex diputado Asmi Bishara, quien propuso que en todo tercer lugar de cualquier lista partidaria hubiera una mujer.

haninzuabi1“Todavía no he captado del todo el hecho de que voy a ser diputada”, dijo Zuabi a poco de conocer los resultados definitivos. Todavía no tiene claro si se mudará de Nazareth a Jerusalem, o viajará de un punto a otro todos los días, pero sí sabe que “el primer objetivo será trabajar por los derechos de las mujeres y traerlos al primer plano de la labor parlamentaria, y luego otros temas importantes como el status de los periodistas palestinos y fortalecer la prensa árabe en Israel”.

Preguntada por la prensa israelí acerca de cómo explica que hasta ahora ninguna mujer había sido postulada como candidata en un lugar real por ningún partido árabe, Hanin Zuabi, responde: “Tampoco veo tantas mujeres judías en la política judía, pero su pregunta no deja de ser cierta. Hay barreras sociales. Los recursos políticos y el margen de maniobra política de los palestinos en Israel es muy reducido. Un hombre palestino tampoco puede ser primer ministro o presidente en Israel. Para las mujeres el problema es doble, porque existen barreras dentro de nuestra propia sociedad“.

De todos modos, la nueva diputada Hanin Zuabi asegura que “nuestra sociedad está sedienta de igualdad y el partido Balad respondió a esa aspiración social”.

Fuente de la información: Ynet, Walla, Tajamoa.org 

Trabajando en día de elecciones

Una vez más, pasó, uno de esos días en que todo lo que es complicado puede serlo mucho más.

A pesar de la tecnología y sus vericuetos cada vez más indescifrables pude realizar mi trabajo de cobertura para el canal Intereconomía, para el que trabajo. Después vinieron la lluvia, el frío y el granizo, cosa de terminar de complicar la situación.

Pero, a pesar de todo y en algún  momento de la jornada, preparé un pequeño informe para el programa de radio de mi amigo Claudio, o más formalmente hablando Claudio Goldman, conductor del programa de radio “Emet, la Verdad de la Gente”, que se emite en la radio FM Flores de Buenos Aires.

Y aquí está, lo comparto…