Crímenes de honor: “La familia es lo primero”

La joven paksitaní Saima Bibi, de 17 años de edad, fue electrocutada y murió a manos de sus propios familiares, que se reunieron en un “Consejo de Aldea” y decidieron que debía ser castigada. Su delito: haberse enamorado de un hombre al que su familia no aceptaba e intentar casarse con él. Saima Bibi “deshonró” a su familia y por ello, según un portavoz policial, se hallaron en el cuerpo de la joven “indicios de tortura y quemaduras en el cuello, espalda y manos”. El padre y un tío de la niña fueron detenidos.

 El asesinato no fue cometido en un arrebato de furia o en medio de una discusión – lo cual no implicaría ningún atenuante – sino que fue fría y cruelmente premeditado.

Según la agencia de noticias Europa Press, “Al parecer, Bibi se enamoró de un vecino suyo, Dilawar, con quien se fugó hace un mes a Karachi, la principal ciudad del país. La joven regresó a su aldea de origen con la promesa de sus familiares de que permitirían su matrimonio, pero éstos finalmente se negaron alegando que el joven procede de una casta inferior”.

Los crímenes de honor representan un método abierto y brutal de control, opresión y subordinación de las mujeres por los hombres.

En las sociedades modernas el concepto de “honor” se refiere a la conducta individual, a la integridad de una determinada persona de acuerdo a su comportamiento social. En las sociedades comunales, este término abarca el comportamiento social colectivo de una familia. En este tipo de sistemas, un individuo es responsable por el honor de todo el grupo familiar, así, el honor de un hombre depende del comportamiento de su mujer, el de un padre, de la conducta de sus hijas.

Es por ello que las mujeres se ven obligadas a considerar cada aspecto de sus vidas en función del honor familiar y su reputación depende de cualidades tales como sumisión, modestia y obedicencia. Las posibilidades de que una familia perdone lo que considera una ofensa al honor son mínimas y si la víctima potencial logra escapar del castigo, necesitará protección a perpetuidad, especialmente si se tiene en cuenta las amplias redes de parientes y amigos que estarían dispuestos a ejecutar la sentencia o a delatarla.

Debido a que este fenómeno se produce generalmente en comunidades cerradas, ello genera una red de vigilancia y rumores, y tanto la familia como la comunidad tienen un rol activo en la represión de la autonomía de las mujeres. Además, el concepto de ofensa al honor se centra más en una percepción pública que en un comportamiento real, y el “juicio”, como así también la “sentencia” se producen sin ninguna necesidad de pruebas por parte de quien acusa y sin posibilidad alguna de que la mujer presente pruebas de su inocencia.

Por otra parte, las faltas al honor suelen ser castigadas en forma pública y con extrema crueldad, de modo tal que produzcan un “efecto disuasorio” en las mujeres en general.

Algunas de las acciones o situaciones fuertemente ligadas a la violencia supestamente destinada a defender el honor y que pueden provocar la pena de muerte son:

  • Pérdida de la virginidad fuera del matrimonio
  • Embarazo antes del matrimonio
  • Infidelidad
  • Mantener una relación que no cuenta con la aprobación familiar
  • Pedir el divorcio
  • Pedir la tenencia de los hijos después del divorcio
  • Dejar el hogar familiar o marital sin autorización
  • Causar escándalo o provocar rumores en la comunidad
  • Ser víctima de violación

 

De todos modos, algunos casos de violencia y crímenes de honor son motivados por conductas tales como reir en exceso o en forma estridente, mirar por la ventana, recibir un obsequio o utilizar un baño público.

De acuerdo con la prensa internacional, al menos 650 mujeres fueron asesinadas durante el año 2009 en Pakistan por delitos de honor.

Este dato, parcial y no oficial, muestra a las claras que este tipo de atrocidades sólo se cometen en el contexto de un “terreno fértil”. Un espacio que la ley y la justicia han dejado vacío y que ha sido ocupado por la opresión y la brutalidad contra una gran cantidad de mujeres a las que nadie defiende.

Fuentes de información: Europa Press , “Women Against Shariah”, “The Republic of Cousins. Women’s Opression in Mediterranean Society” (Tillion)

¡Kafa, Enough, Basta ya!

 

 

Es cierto, los periódicos libaneses hablan de la reunión de gabinete a poco de conocerse el informe sobre la investigación del asesinato del ex primer ministro Rafik Al Hariri. También muestran a su hijo, Said, que ha encendido las luces de un bello árbol de navidad en pleno centro de Beirut. Y, por supuesto, el frío, el pronóstico meteorológico y los rumores sobre la supuesta boda de la cantante Elissa con un empresario libio.

Sin embargo, hay más noticias en la realidad libanesa, aunque no todas se destaquen por igual.

 Cientos de personas – hombres y mujeres – participaron el pasado viernes en Beirut, en la formación de una cadena humana para reclamar respeto a los derechos de la mujer y el fin de la violencia doméstica. Los manifestantes llevaban banderas y pañuelos blancos, y pancartas en las que podía leerse: “Sé un verdadero hombre, súmate, para poner fin a la violencia contra la mujer”.

 Anthony Keedi, uno de los organizadores, ha explicado que se trata de una camapaña destinada a involucrar a los hombres en esta causa, y que , si bien se trata de una campaña mundial que se viene desarrollando desde hace varios años, es la primera vez que se introduce en Medio Oriente. De acuerdo con Keedi, “muchos libaneses apoyan esta causa una vez que comprenden que se trata de un asunto de derechos humanos y no exclusivamente un problema de mujeres”.

 Esta manifestación no ha sido la única en Bierut en las últimas semanas, sino que ha formado parte de la campaña mundial denominada “16 Días de Activismo Contra la Violencia Contra la Mujer”. En Beirut, la campaña incluyó la presentación de un estudio piloto realizado por las organizaciones activistas “Kafa” (Basta) y Oxfam.

El estudio indica que la mayoría de los hombres en El Líbano crecen ya sea como testigos o víctimas de violencia doméstica y que ésta se encuentra por igual en las familias libanesas, sin distinción de status socio-económico ni de religión. También muestra que para los libaneses la violencia doméstica consiste en golpes o violación, pero no incluye maltratos, ni abusos piscológicos o verbales. Además el estudio indica que los libaneses son, desde pequeños “bombardeados con las normas de la masculinidad”.

 

Por una ley que proteja a las mujeres

 La campaña encabezada por la organización Kafa tiene como principal objetivo lograr un cambio en la legislación libanesa, en la cual no existe ninguna norma que proteja a las mujeres de la violencia ejercida dentro de sus propias casas.

La activista Marita Kassis, citada por medios internacionales, ha criticado a los gobiernos de Medio Oriente que “firman tratados internacionales de protección de los derechos humanos, como lo hiciera El Líbano, pero no los respeta,  no los aplica cuando se trata de las mujeres”.

 En este sentido, Joseph Jabbra, presidente de la Universidad Libanesa Americana, que participó en la campaña, aseguró al periódico The Daily Star: “Vivimos en un país en el que creemos que gozamos de muchísimos derechos, pero nuestras normas relativas a la mujer son algunas de las más arcaicas, datan del período otomano”. “Tenemos que ejercer presión sobre los gobiernos para cambiar estas leyes obsoletas, de modo que el conjunto de la sociedad pueda avanzar”, agregó.

 Cuatro universidades participaron en la campaña y en ellas se recogieron 850 firmas al petitorio en el que se exige una ley que proteja los derechos de la mujer. De acuerdo con los organizadores, se estima que un 42% de esas firmas pertenecen a hombres.

 “No se trata sólo de hablar o de colocarse una cinta blanca, sino de una acción real”, aseguró Anthony Keedi. “La firma del petitorio es una forma directa para que los jóvenes comiencen a detener la violencia contra las mujeres en su país”.

 

 

De acuerdo con el sitio web de la ONG libanesa Kafa, se trata de un grupo de “profesionales multi disciplinarios y activistas de derechos humanos que han fundado en 2005 esta organización sin fines de lucro, apolítica, no confesional y comprometida con el logro de la igualdad de género, la no discriminación y la promoción de los derechos humanos de mujeres y niños”.

“Kafa pugna por una sociedad en la que todos sus integrantes lleven una vida libre de violencia y explotación, que tengan un acceso equitativo a las oportunidades, y que sus derechos humanos sean protegidos y respetados”.

“La misión de Kafa es trabajar por la erradicación de todas las formas de violencia de género y la explotación de mujeres y niños, a través de la reforma jurídica, el cambio de políticas y prácticas que influyen en la opinión pública y el apoyo a mujeres, niños y todos los grupos y personas marginadas”.

 

Fuentes de Información: The Daily Star Lebanon, Voice of America, Kafa.org.lb

No, no es una broma pesada …

 

Desde hace unas semanas Irán ocupa un sitio en la Comisión de Derechos de la Mujer de la ONU. Organismos de Derechos Humanos de los más diversos países del mundo han hecho escuchar sus voces y calificaron el hecho de “inadmisible” y hasta de “broma cruel”. Personalmente creo que han pecado de educados, discretos y diplomáticos.

Según explica el sitio web de la ONU, la ” Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, formada por 45 Estados Miembros, examina el progreso de la mujer hacia la igualdad en todo el mundo, prepara recomendaciones sobre la promoción de los derechos de la mujer en las esferas política, económica, social y educacional y trata problemas del derecho de la mujer que exigen atención inmediata. También redacta tratados y otros instrumentos destinados a mejorar la condición de la mujer en la ley y en la práctica”.

 ¿Cómo se explica, entonces, que Irán forme parte de esa comisión? Técnicamente, había dos sitios libres y sólo se presentaron dos candidaturas, la de Irán y la de Tailandia, por lo cual el ingreso fue prácticamente automático. De todos modos, habría resultado más productivo y sin lugar a dudas mucho menos nocivo, que el sitio de Irán quedara vacío.

Pero el mundo mira y calla. Los países occidentales y democráticos observan. La Casa Blanca se ha conformado con un tibio comunicado según el cual “Irán trata a las mujeres muy por debajo de las normas internacionales y no merece pertenecer a esa comisión”.

Además, Irán intentó en primer término ser aceptado en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, pero no lo consiguió. O sea que, los mismos países que no permitieron que un régimen autocrático y dictatorial sea parte del selecto grupo de luchadores por los derechos de los mortales, no tienen inconveniente alguno cuando se trata de las mujeres.

¿Qué podrá aportar Irán a la labor de esta comisión? ¿Una nueva perspectiva sobre los derechos de la mujer? ¿Nuevas ideas sobre cómo implementar la igualdad de géneros? ¿Un debate profundo sobre el respeto a la dignidad, en este caso de la mujer? ¿Nuevas propuestas para promover la integración de la mujer en ámbitos de los que es excluida?

Porque … a no engañarse, señores: En Irán las mujeres tienen muchos derechos:

Derecho a mirar a través del Burka.

Derecho a ser lapidada si se sospecha que cometió adulterio o alguna conducta indigna.

Derecho, a los 9 años de edad, a estar casada con alguien mayor que el padre.

Derecho a gozar de la compañía de un hombre, cuando éste decide que ella puede salir de su casa.

Derecho al castigo y la opresión.

Derecho a callar y a sufrir.

La inclusión de Irán en la Comisión de la Condición Social y Jurídica de la Mujer en la ONU realmente parece una broma pesada. Pero no es más que un acto de crueldad e injusticia, de indiferencia e insensibilidad, cuyo resultado nefasto se mide en vidas perdidas.

¿Hacia dónde nos llevan los autobuses “Kosher”?

 

 

 Algunos historiadores aseguran que en la Edad Media se discutió si la mujer tiene alma. Aquí, en Israel, por estos días, se discute la legalidad de los autobuses “kosher mehadrin”, o sea autobuses en los cuales los hombres viajan en la parte delantera y las mujeres, atrás … sólo atrás. Se evalúa, en realidad, la posibilidad de institucionalizar la discriminación.

 Es sabido que algunas instituciones y personas particulares, recurrieron a la justicia para intentar frenar lo que consideran un abuso de poder, humillación, discriminación y violación de los derechos más básicos de las mujeres. Y, por esas cosas de la justicia, nuestro ministro de Transporte, Israel Katz, (que quién sabe cuándo habrá subido a un autobús por última vez) debió expresarse.

 Y el hombre dijo, muy serio, que está a favor de la separación entre hombres y mujeres en esas líneas de transporte, pero que ésta debe hacerse en forma voluntaria. También aseguró – y no, no estaba bromeando – que hay que poner un cartel que indique que la separación no es obligatoria. Lo cual refuerza mi teoría de que el funcionario no sólo no viaja en autobús desde la época de la secundaria, sino que además no tiene idea de cuál es la realidad en la que viven y viajan las mujeres en el mundo ortodoxo. ¿O será que sabe y no le interesa? ¿O será que le interesa pero menos que sus propios intereses?

 En este mismo blog escribí, hace un tiempo, una nota sobre el trato que recibí en más de una ocasión al subir a un autobus en el que había religiosos ortodoxos. Y ni siquiera se trataba de los autobuses kosher mehadrin… Algunas de las mujeres que presentaron la demanda contra esta medida relataron situaciones similares, y aún peores.

 Pero, más allá de las anécdotas, toda esta situación – a mi entender – plantea algunas preguntas más profundas. Preguntas cuyas respuestas, muy probablemente, determinen nuestro futuro como país y como sociedad.

 

 ¿Tolerancia a las minorías o el fin de los valores democráticos?

 Cuando se conoció públicamente la opinión emitida por el ministro Katz, uno de los representantes de la comunidad ortodoxa que encabeza la lucha por la institucionalización de las líneas “kosher mehadrin” dijo que estaban “muy satisfechos porque el ministro reconoce y respeta las necesidades especiales del público ortodoxo”. Y, en este punto, cabe la pregunta: ¿Estamos ante un caso de respeto hacia las costumbres y la cultura de una minoría que vive en nuestro país o de un “permiso oficial para discriminar”?

 Si bien es cierto que toda democracia debe respetar y hacer respetar las culturas minoritarias que viven en ella, también lo es – y en igual medida – que hay valores universales que están por encima. Toda democracia tiene que poder garantizar el cumplimiento de sus valores básicos – derechos humanos y derechos civiles, como por ejemplo la libertad – siguiendo una escala de valores que no puede adaptarse a las circunstancias. No a la cantidad de votos que esa minoría provea al gobierno, no a la coacción comercial y a las medidas que suelen tomar los ortodoxos de dejar masivamente de comprar en tal o cual cadena de negocios, empresa de servicios, etc,etc.

 La libertad, el derecho a no ser discriminado por sexo o por lo que fuera, son valores que superan “las necesidades particulares” de cualquier minoría.

 Más de uno me dirá que a las mujeres ortodoxas nadie las obliga a viajar en la parte trasera del autobus, que viven como viven porque quieren y porque así lo deciden, en base a la educación que recibieron.

 Suponiendo que esto realmente sea así, aquí entra en juego otro principio. El hecho de que se separe a las mujeres de los hombres en un autobus es, en sí mismo discriminación de género.

 Hay valores básicos – insisto, derechos humanos y derechos civiles – que ninguna democracia está dispuesta a resignar , aunque la víctima sí lo esté. O dicho de otra manera: aunque la mujer esté dispuesta a ser discriminada y a que sus derechos no sean respetados, el Estado tiene el derecho y el deber de intervenir para evitar tal discriminación o frenarla, para evitar que sus principios y valores democráticos fundamentales sean pisoteados junto con la dignidad de las mujeres.

 Si un trabajador aceptara, por el motivo que fuese, ser esclavo, el Estado no podría permitirlo. Incluso aunque él insista y asegure que lo hace por propia voluntad, que nadie lo ha obligado.

 Y, justamente por eso, resulta preocupante lo que ha dicho nuestro ministro de Transporte…

 

Viajar en la parte de atrás es más barato

 Más allá del hecho – inexplicable por cierto – de que viajar en autobuses Kosher es más barato (sí, sí, el boleto es más barato que en los demás), no hay que olvidar que se trata de transporte público, subsidiado por el Estado, ese al que todos nosotros le pagamos nuestros impuestos.

 Y precisamente a esto se refirió el juez Michael Jeshin, ex miembro de la Corte Suprema de Israel, a quien escuché decir hace unos días lo siguiente: “si los ortodoxos quieren que las mujeres viajen en el baúl o sobre el techo de los autobuses, yo no tengo inconveniente … pero no tengo por qué subvencionarlo con mis impuestos.

 Lo único que puedo decir al respecto es que yo tampoco pago impuestos para eso.

 

De Rosa Parks a Rosa … la de la línea 1 que circula por Jerusalem

 ¿Alguien recuerda a Rosa Parks? La activista por los derechos civiles que – en Montgomery, Alabama, en el año 1955 – fue arrestada por negarse a cederle el asiento a un hombre de raza blanca en un autobus público. En aquellos tiempos, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos sentenció que “el hecho mismo de la separación en un autobus constituye discriminación y humillación y es contraria a la Constitución Nacional”.

 La separación entre hombres y mujeres en los autobuses me recuerda otras segregaciones, abusos y discriminaciones que hemos visto y repudiado a lo largo de la historia. Hacia allí nos conducen – sin paradas intermedias y a precio subsidiado – los autobuses Kosher.

 

 

Fuentes y autores consultados: Moshe Negvi, Dr. Avi Sagui, Rajel Azaria, Einat Horvitz. Ynet, Haredim, Sentencias de la Corte Suprema de los EEUU, Centro de Pluralismo Judío.

 

 

 

¿Soplan nuevos vientos en la Autoridad Nacional Palestina?

 

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, ha nombrado – por primera vez en la historia palestina – a una mujer como gobernadora del distrito de Ramallah y Al Bireh. Se trata de Leila Ghannam, quien ya ha ocupado altos puestos en el partido Al Fatah, que gobierna la ANP. Entre ellos se destaca la dirección general de Ministerio de Bienestar Social y del Centro de Igualdad y Derechos Femeninos.

Ghannam, quien está al mando a partir de ahora del principal centro político y económico de la ANP, es soltera, no tiene hijos y recientemente ha concluido con éxito su doctorado en Psicología.

 En las últimas elecciones internas de Fatah, en el mes de agosto pasado, ninguna mujer accedió a un puesto en el Consejo Central, aunque más tarde algunas de ellas fueron integradas al Consejo Revolucionario, considerado segundo en la línea de jerarquía institucional.

 Leila Ghannam, entrevistada por el periódico israelí Ynet, se ha mostrado molesta cuando le preguntaron si fue nombrada por su condición de mujer. “Recibí este nombramiento debido a la confianza que el presidente tiene en mí y no por ser mujer. Esto prueba que el presidente Abbas no discrimina a la gente por su género y elige a sus colaboradores de acuerdo a la capacidad”, asegura la nueva funcionaria.

 El despacho de Ghannam está adornado con fotografías de Yasser Arafat y ubicado junto al Hospital General en Ramallah. El cargo que ocupa es clave y de amplia influencia en toda Cisjordania, donde hay sólo 9 personas más (hombres, por supuesto) que ocupan puestos similares. Entre sus nuevas funciones, está la de comandar las fuerzas de seguridad municipales y el contacto con el ejército israelí.

 Si bien Leila Ghannam insiste en presentar su nombramiento como algo natural, está claro que se trata de un hecho novedoso y significativo, distante de la vivencia cotidiana de la mujer palestina. Para más de una mujer en Cisjordania, sin lugar a dudas, esta noticia representa la esperanza de un cambio para mejor.

 

 

Fuentes de la información: Ynet, Ria Novosti, Maan News Agency

Violación y post-trauma: La realidad israelí

Investigadores del Instituto Tel Jai en Israel realizaron un estudio en el que compararon, por primera vez, las reacciones a distintos tipos de traumas con el objeto de establecer quiénes desarrollan síntomas postraumáticos más graves. El estudio revela que las mujeres que han sido víctimas de una violación desarrollan síntomas de post-trauma mucho más graves que aquellos que sufren estrés postraumático por guerras, accidentes de tránsito, enfermedades graves o la muerte de una persona muy cercana.

En la investigación participaron 341 personas que vivieron situaciones traumáticas. Los participantes respondieron un cuestionario elaborado por científicos estadounidenses que mide el nivel de reacción postraumática sobre la base de datos relacionados con el pánico, imágenes recurrentes de recuerdos, flashes, pesadillas, sensación de desamparo, desesperación y depresión. El cuestionario también evalúa el grado de autoinculpación de la víctima.

Los investigadores hallaron que un 25,6% de las mujeres mostraron niveles graves de postrauma, frente a un 11,4% de afectados por otro tipo de situaciones traumáticas. “Las reacciones postraumáticas pueden observarse a través de pensamientos invasivos relacionados con el hecho, flashes, trastornos del sueño, o la sensación de que el hechoMIDEAST ISRAEL CREATIVE traumático domina la vida de la víctima, ataques de pánico y, como consecuencia, problemas y dificultades en la vida cotidiana”, explica la Dra. Avigail Mor, una de las responsables de la investigación.

Las reacciones postraumáticas se desarrollan más allá de la reacción inmediata al hecho y diversas publicaciones médicas describen casos de reacciones que se producen mucho tiempo después de la vivencia traumática, semanas, meses e incluso años.

“El objetivo de la investigación es alertar al público y a las autoridades sobre la gravedad del trauma que provocan las violaciones y poner el tema en un lugar bien alto en el orden de prioridades y la consciencia pública”, asegura Mor. Hay otros aspectos en los cuales los traumas son diferentes. Por ejemplo, en el caso de las violaciones el nivel de autoinculpación es mucho más grave que en los demás casos y se exterioriza mediante expresiones tales como “me comporté como una idiota”, o “me lo merecía”.

 

Según este estudio un 46,2% sintieron culpa por lo sucedido en muy alto grado, mientras que en los demás casos de postrauma la cifra alcanza el 20,4%.  La culpa que sienten las víctimas de violación es consecuencia de la culpabilización social, que es internalizada por las víctimas y se transforma en culpa“, detalla la profesional.

Los responsables de la investigación aseguran que un trauma provocado en forma intencionada y dirigido hacia una persona en particular deja secuelas mucho más graves que otro tipo de traumas, como por ejemplo tras una guerra, donde el soldado se encuentra frente a un ejército, y la situación traumática no apunta exclusivamente a él. En la violación, el ataque no sólo está dirigido a una persona en particular, sino también a su intimidad“, enfatiza la Dra Avigail Mor.

 

Promedio de casos de estrés post-traumático por año en Israel , según las causas que lo producen:

 Violaciones:  3.000CAR ACCIDENT

Guerras:  4.000

 Accidentes de tránsito:  30.000

Anuncio de una enfermedad grave:  20.000

Muerte de una persona cercana:  cientos de miles

 

Fuente de la información: Diario Haaretz

Elogio de la locura

“Tenía 18 años, vestía con desenfado, exigía ser tratada como cualquier muchacha italiana y, por si fuera poco, acababa de irse a vivir con su novio, un católico 13 años mayor que ella. A ojos de El Ketawi Dafani, un inmigrante musulmán de 45 años procedente de Marruecos y que desde hace ocho vive en Italia, su hija Sanaa se había occidentalizado demasiado y estaba ‘deshonrándole’.
Por ello, y tras una semana de intentos en vano, el pasado martes la degolló en un bosque de Pordenone, al noreste de Italia. Italia asiste espeluznada a este asesinato de honor, agravado por las declaraciones de la madre de Sanaa justificando a su marido y asegurando que de alguna manera su hija se buscó ser asesinada. “Sanaa con nosotros estaba bien. Lo único que mi marido no quería era que saliera de noche con chicos. Sanaa cometió un error al marcharse de casa. También se ha equivocado mi marido. Pero es mi marido, el padre de mis hijos, estamos casados desde hace 22 años. ¿Qué sentido tendría que no le perdonara?”, ha sentenciado Fatna Sharok, de 39 años.
Su hija había conocido a su novio hace seis meses en el restaurante en el que Saana trabajaba como camarera y del que Massimo es copropietario. Pero el padre de la joven, ayudante de cocinero en otro local de la zona, nunca había aprobado la relación: no sólo por los 13 años de diferencia entre ambos sino, sobre todo, por motivos culturales y religiosos: él es católico y ella musulmana. La situación se hizo tan insostenible que degeneró el martes en tragedia.
Massimo y Sanaa se dirigían como todos los días en coche al restaurante donde trabajaban cuando, de repente, El Ketawi les obligó a detener el vehículo. Se inició entonces una violentísima discusión a gritos, que se agravó cuando el padre de Sanaa sacó un cuchillo. Massimo trató de interponerse y recibió una cuchillada que lo dejó malherido, mientras Sanaa escapaba corriendo al bosque. Su padre la siguió hasta alcanzarla. “No me había visto nunca hasta ese día. Mató a su hija por motivos religiosos”, ha declarado Massimo desde el hospital”. Diario El Mundo (España)

Por algún motivo que no tengo muy claro, “Elogio de la Locura” fue el título que vino a mi mente cuando leí esta noticia y decidí – instantáneamente -que pasaría a formar parte de mi blog. Y no es que el pobre Erasmo de Rótterdam tuviera algo que ver con la fe musulmana y mucho menos con tan perversa interpretación, con  los crímenes de honor, o la posiblidad de que una madre justifique el asesinato de su propia hija y decida perdonarlo … Pero sí asimilaba la locura con la estupidez, protagonista de su relato.

Claro que el padre de Sanaa, al igual que su amante esposa, están locos en el sentido “cotidiano” de la palabra, el que nos sale de la boca del estómago junto con una gran náusea al leer semejante noticia. Pero sin duda sabían lo que hacían, lo habían pensado, decidido y planeado y no tenían dudas de las razones con que justificarían semejante proceder. En pocas palabras: son imputables. O en palabras propias: juzgables, castigables.

Pero dicho como me sale del alma sería: ojalá pasen el resto de sus días en la cárcel, y alguna vez comprendan que nadie es dueño de una vida ajena, que nada justifica un asesinato y que la vida de un hijo es lo más sagrado, mucho más que cualquier dogma, religión o principio. Que lo comprendan ellos y quienes todavía inculcan el asesinato como modo de enmendar la conducta de los hijos, como salvación de un supuesto honor más alto que el de honrar la vida.

Ojalá el de Sanaa se transforme – en virtud de la publicidad de su calvario, que no tienen ni han tenido tantos otros – en un caso de justicia verdadera y castigo ejemplar, un verdadero “Elogio de la cordura”.

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