Crímenes de honor: “La familia es lo primero”

La joven paksitaní Saima Bibi, de 17 años de edad, fue electrocutada y murió a manos de sus propios familiares, que se reunieron en un “Consejo de Aldea” y decidieron que debía ser castigada. Su delito: haberse enamorado de un hombre al que su familia no aceptaba e intentar casarse con él. Saima Bibi “deshonró” a su familia y por ello, según un portavoz policial, se hallaron en el cuerpo de la joven “indicios de tortura y quemaduras en el cuello, espalda y manos”. El padre y un tío de la niña fueron detenidos.

 El asesinato no fue cometido en un arrebato de furia o en medio de una discusión – lo cual no implicaría ningún atenuante – sino que fue fría y cruelmente premeditado.

Según la agencia de noticias Europa Press, “Al parecer, Bibi se enamoró de un vecino suyo, Dilawar, con quien se fugó hace un mes a Karachi, la principal ciudad del país. La joven regresó a su aldea de origen con la promesa de sus familiares de que permitirían su matrimonio, pero éstos finalmente se negaron alegando que el joven procede de una casta inferior”.

Los crímenes de honor representan un método abierto y brutal de control, opresión y subordinación de las mujeres por los hombres.

En las sociedades modernas el concepto de “honor” se refiere a la conducta individual, a la integridad de una determinada persona de acuerdo a su comportamiento social. En las sociedades comunales, este término abarca el comportamiento social colectivo de una familia. En este tipo de sistemas, un individuo es responsable por el honor de todo el grupo familiar, así, el honor de un hombre depende del comportamiento de su mujer, el de un padre, de la conducta de sus hijas.

Es por ello que las mujeres se ven obligadas a considerar cada aspecto de sus vidas en función del honor familiar y su reputación depende de cualidades tales como sumisión, modestia y obedicencia. Las posibilidades de que una familia perdone lo que considera una ofensa al honor son mínimas y si la víctima potencial logra escapar del castigo, necesitará protección a perpetuidad, especialmente si se tiene en cuenta las amplias redes de parientes y amigos que estarían dispuestos a ejecutar la sentencia o a delatarla.

Debido a que este fenómeno se produce generalmente en comunidades cerradas, ello genera una red de vigilancia y rumores, y tanto la familia como la comunidad tienen un rol activo en la represión de la autonomía de las mujeres. Además, el concepto de ofensa al honor se centra más en una percepción pública que en un comportamiento real, y el “juicio”, como así también la “sentencia” se producen sin ninguna necesidad de pruebas por parte de quien acusa y sin posibilidad alguna de que la mujer presente pruebas de su inocencia.

Por otra parte, las faltas al honor suelen ser castigadas en forma pública y con extrema crueldad, de modo tal que produzcan un “efecto disuasorio” en las mujeres en general.

Algunas de las acciones o situaciones fuertemente ligadas a la violencia supestamente destinada a defender el honor y que pueden provocar la pena de muerte son:

  • Pérdida de la virginidad fuera del matrimonio
  • Embarazo antes del matrimonio
  • Infidelidad
  • Mantener una relación que no cuenta con la aprobación familiar
  • Pedir el divorcio
  • Pedir la tenencia de los hijos después del divorcio
  • Dejar el hogar familiar o marital sin autorización
  • Causar escándalo o provocar rumores en la comunidad
  • Ser víctima de violación

 

De todos modos, algunos casos de violencia y crímenes de honor son motivados por conductas tales como reir en exceso o en forma estridente, mirar por la ventana, recibir un obsequio o utilizar un baño público.

De acuerdo con la prensa internacional, al menos 650 mujeres fueron asesinadas durante el año 2009 en Pakistan por delitos de honor.

Este dato, parcial y no oficial, muestra a las claras que este tipo de atrocidades sólo se cometen en el contexto de un “terreno fértil”. Un espacio que la ley y la justicia han dejado vacío y que ha sido ocupado por la opresión y la brutalidad contra una gran cantidad de mujeres a las que nadie defiende.

Fuentes de información: Europa Press , “Women Against Shariah”, “The Republic of Cousins. Women’s Opression in Mediterranean Society” (Tillion)

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Roxana Saberi, la punta de un monumental iceberg

La periodista iraní-norteamericana Roxana Saberi fue detenida a fines de enero en Teherán, donde residía desde 2003. Saberi, que nació en Estados Unidos y creció en Fargo, Dakota del Norte, se mudó a Irán hace seis años y trabajó como periodista independiente para varias organizaciones en Estados Unidos y en Gran Bretaña, como National Public Radio y The British Broadcasting Corporation.

freeroxana1 Tiene la ciudadanía iraní pues su padre nació en Irán. Roxana Saberi fue condenada a ocho años de prisión, acusada de espionaje en favor de Estados Unidos, después de un proceso que se realizó a puertas cerradas el pasado 13 de abril, y que duró 15 minutos. El pasado 21 de abril, la periodista inició una huelga de hambre y ha jurado continuar con esta medida hasta tanto le devuelvan su libertad. Los padres de Roxana Saberi, que la visitaron en la prisión de Evin e incluso le entregaron un ramo de flores por su cumpleaños número 32, aseguraron que se encuentra “muy débil y pálida y sólo está bebiendo agua azucarada, para continuar viva”.

Una más de una lista demasiado extensa

El caso de Roxana Saberi no es precisamente el primero en Irán, y cabe presumir que tampoco será el último. El régimen de los Ayatollahs se las arregla para controlar a la prensa local tanto como a la extranjera, algo que por lo general resulta más difícil y para lo cual se debe utilizar la imaginación y algunos otros recursos. Uno de ellos ha sido y es la captura y encarcelamiento de mujeres periodistas.

En el marco de este régimen y con la policía y el poder judicial bajo control del poder político más extremo, no resulta difícil no resulta difícil detener, mantener en la cárcel e incluso condenar – por lo general por el delito de espionaje – a periodistas extranjeros.

prensairanPero a los periodistas iraníes no les va mucho mejor. De acuerdo con la organización Human Rights Watch “editores de periódicos independientes, responsables de medios y periodistas en Irán sufren detenciones arbitrarias, ataques y juicios”, que afectan en forma directa la posbilidad de desarrollar su labor y su libertad de expresión. Algunos bloggers iraníes aseguran que hay periodistas que han sido golpeados, encarcelados e incluso asesinados por publicar algo que ha sido mal visto por las autoridades religiosas de Irán.

Según la organización Reporteros Sin Fronteras, hay seis periodistas y dos blogueros en cárceles iraníes. El gobierno local le ha dado especial relevancia al caso del bloguero iraní-canadiense Hossein Derakhshan, preso desde noviembre acusado de haber expresado injurias contra el Islam chiita en su blog y convertido, a partir de entonces, en otro símbolo de la lucha por la libertad de expresión en Irán.

Censura y autocensura … a la orden del día

Reporteros sin Fronteras y Amnistía Internacional han denunciado en diversas ocasiones la creciente censura que existe en Irán. Porque no sólo no se conceden acreditaciones para ejercer el periodismo, como le pasó a Roxana Saberi, que carecía de ella desde 2006, sino que también se cierran periódicos.

Según la la escritora iraní Nazarin Amirian, citada por el periódico Soitu.es, “en los últimos años se han cerrado al menos 84 periódicos, que son los contrarios al régimen”. Además, se prohíben libros, películas y especialmente el censura-irangobierno se dedica a bloquear sitios web. Los portales de opositores en el exilio son, por supuesto, los más afectados. La organización Reporteros Sin Fronteras asegura que ejercer el periodismo con libertad en Irán es imposible.

Según los periodistas locales, el arma más utilizada es la acreditación, que no sólo necesitan los extranjeros, sino también los iraníes. En cualquier momento, las autoridades pueden denegar, quitar o no renovar la acreditación. Es por ello que todos los periodistas, incluso los corresponsales extranjeros, tienen mucho cuidado con lo que publican o bajan el tono de sus expresiones, a modo de autocensura.

Por otra parte, la Constitución iraní establece que todas las emisoras de radio y canales de televisión deben operar bajo control del Estado.

¿Y cómo se las arreglan para controlar a los corresponsales extranjeros? Los equipos técnicos son locales, o sea que controlan todo lo que se graba y la edición también está a cargo de técnicos iraníes.

Denuncias no precisamente nuevas para crímenes reiterados

Hace poco menos de un año, la Asamblea de Delegados de PEN Internacional (“PEN. A World Association of Writers”), emitía un comunicado en el que señalaba que Irán tiene el mayor índice de detenciones de periodistas en Medio Oriente, en las que se violan los derechos a la libertad de expresión y a un juicio justo, a menudo, con largos períodos de detención incomunicada.

Además, el comunicado advertía que la Asamblea:

Está perturbada por la ofensiva de Irán contra escritoras, periodistas y activistas, la cual condujo a decenas de detenciones arbitrarias, incluida la de la periodista y miembro honoraria de PEN Parvin Ardalan, cuyos cargos se basan en su participación en reuniones pacíficas. Le impidieron salir de Irán para recibir el premio Olof Palme 2007 en Suecia.

Está alarmada por el aumento en la cantidad y en la diversidad de violaciones al derecho a la libertad de expresión en Irán, donde escritores y periodistas aún son amenazados, citados a comparecer en tribunales revolucionarios y detenidos. El uso agresivo de la censura de Internet conlleva el riesgo de que se arreste a los bloggers.

Expresa su profunda preocupación por el hecho de que las autoridades hayan prohibido la publicación de cientos de libros, incluidos aquellos que ya aparecieron en publicaciones impresos una o varias veces, y hayan utilizado esta política para presionar a los editores independientes. Además, se han eliminado libros de las bibliotecas. También se preocupa por los escritores, los periodistas y otros individuos que han sido detenidos en contra de su derecho a la libertad de expresión, torturados en centros de detención antes del juicio, aislados en celdas solitarias durante semanas y privados de sus derechos elementales a un debido proceso.

Exige la liberación inmediata e incondicional de todos los escritores y periodistas detenidos en Irán en contravención al Artículo 19 del Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos, respecto del cual Irán es un país signatario.

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Fuentes de la información: http://freeroxana.net/, Strategy Page, Human Rights Watch, Soitu.es, InternationalPen.org

Vida secreta de las princesas del harén

Por M. Antonia Sánchez Vallejo
El País. Madrid

Es el club de las primeras damas del Golfo, un fenómeno llamativo si se contempla desde el conservadurismo feudal de la región, y en el que algunos quieren ver un gesto de apertura y otros más una cuestión de estilismo, como si las royals locales no pudieran sustraerse al magnetismo de la glamurosa Rania de Jordania.

Pero al lado de Mozah o Haya, enésimas esposas de los gobernantes de Qatar o Dubai -se desconoce el número exacto de coesposas de cada uno de ellos-, hay otras primeras damas que se pliegan a la tradición de la zona: la del ostracismo de la vida pública, que las condena a no tener derecho a la existencia. El perfil velado de la jequesa Sabika bint Ibrahim de Bahrein o la invisibilidad de la jequesa Fatima bint Mubarak, viuda del emir de Abu Dabi, son dos ejemplos del lado oscuro.

Pese a que la última ostenta el título oficial de Madre de la Nación, nadie logra ponerle cara: está prohibido fotografiarla o filmarla, y no tiene biografía oficial. No se sabe dónde nació, qué edad tiene o cuántos hijos dio al emir. Sólo consta una cosa: que, a pesar de no ser la reina madre -el actual gobernante de Abu Dabi, Khalifa Bin Zayed al Nahyan, es hijo de otra de las coesposas de su marido-, su ascendiente sobre el país supera con creces el del aquél.

Una cortesana de origen extranjero que frecuenta el palacio desgrana la escasa información existente sobre la jequesa Fatima amparada en un obligado anonimato. “No fue la primera esposa del emir, pero sí la favorita. Éste se prendó de ella cuando la descubrió, durante un viaje por el país, en una tribu del desierto. Tenía 13 años y era analfabeta. La jequesa aprendió a leer y escribir una vez casada. Desde entonces respalda iniciativas educativas. Y el hecho de haber tenido que compartir a su marido con otras mujeres le hace ver el harén con desagrado: no le gusta que sus hijos tengan varias mujeres”, confiesa esta residente en Abu Dabi. Imposible contrastar la información: hablar de la jequesa es tabú.

En el amplio trecho que va de la abaya (túnica negra tradicional) a los modelos de Versace que luce en sus apariciones públicas en Occidente la jequesa Mozah, estas mujeres salvan también el abismo que media entre las tribus del desierto y la galaxia global. Si la jequesa de Abu Dabi no tiene rostro, Mozah -edad indefinida, licenciada en Sociología, notorio planchado facial- y Haya -35 años, amazona olímpica, formación oxoniense- disponen sin embargo de página web, o como quiera llamarse el incensario virtual que da cuenta de sus múltiples actividades sociales.

Mozah, la única mujer pública del jeque Hamad Bin Khalifa al Thani, es enviada especial de la Unesco para la mozahEducación Básica y Superior y, desde 2005, miembro del Grupo de Alto Nivel de la Alianza de Civilizaciones. Pero su fuerte es el ámbito educativo. En 2003 impulsó la constitución de un fondo internacional para la educación superior en Irak, y en su país amadrina la Ciudad de la Educación, un megacampus situado a las afueras de Doha con facultades de las mejores universidades estadounidenses, como Carnegie Mellon o Georgetown. La jequesa ha recibido doctorados honoris causa de todas ellas. Y la revista Forbes la incluyó en 2007 en la lista de las 100 mujeres más influyentes del mundo.

El matrimonio del jeque Mohamed Bin Rashid al Maktoum con la hermanastra del rey Abdalá de Jordania, Haya, ha hecho ganar peso político a Dubai, y multiplicado el atractivo del emirato. Haya, 25 años menor que su esposo, es la madre de su decimonoveno hijo. Embajadora de buena voluntad del Programa Mundial de Alimentos de la ONU y presidenta de la Federación Hípica Internacional, Haya, que en su juventud frecuentó los hipódromos españoles, es un valor añadido por su proximidad al reino hachemí.

“Todas estas primeras damas constituyen una importante baza a la hora de vender el Golfo a los inversores extranjeros, pero no es sólo una cuestión cosmética. Y aunque la first lady de Qatar sea, con diferencia, la más exhibicionista, por así decirlo; la más aficionada a las cámaras, tras esta proyección mediática, inédita en la región, está una realidad inapelable, la de que estos países están acortando la brecha de género”, dice Mohamed Youssef, consultor internacional con base en Abu Dabi.

Así, entre los vectores de negocio de los pequeños Estados del Golfo no sólo figuran el petróleo o los rascacielos imposibles, también el glamour. Es ahí donde entran en juego estas mujeres, auténticas imágenes de marca a la hora de atraer inversiones, cosmopolitismo y eventos sociales. O sea, negocio.

Aunque la imagen, a veces, no lo es todo. En noviembre pasado, el hotel Emirates Palace de Abu Dabi, un siete estrellas colosal, acogió la segunda cumbre de la Organización de Mujeres Árabes bajo el patrocinio de la jequesa Fatima bint Mubarak. Entre cenas de gala y besamanos sólo para mujeres -los hombres fueron recluidos en edificios aparte-, las sesiones de trabajo eran retransmitidas por circuito cerrado de televisión. A la cita acudió lo más granado del papel cuché oriental: la esposa de Mohamed VI de Marruecos, la siria Asma al Assad y la reina de Jordania, entre otras. Rania, falda lápiz, stilettos y delgadez de astilla, reinaba cual top model entre un enjambre de fotógrafos y cámaras… hasta que llegó la jequesa Fatima. Fundido en negro. Plano fijo castigado de cara a la pared. La jequesa, menuda, cetrina, vestida de negro de la cabeza a los pies y luciendo un bocado de cuero repujado sobre la mandíbula -un signo de sumisión en algunas tribus del desierto-, logró eclipsar a la reina de corazones.

“Nylon Road”: Cómic autobiográfico de una mujer iraní y divorciada

Parsua Bashi nació en Irán en 1996 y vivió – hasta el año 2004 en que dejó el país – la Revolución parsua-bashiIslámica, la guerra contra Irak y los cambios en la sociedad iraní, las limitaciones y vejaciones que sufrían las mujeres y el relegamiento de sus derechos.
Entre los años 1984 y 1989 Parsua estudió diseño gráfico y arte en la Universidad de Teherán.

En 2004 Parsua se trasladó a Suiza, después de dudarlo mucho y pensar que debía quedarse en su país y cambiar las cosas.

En una entrevista concedida a la Agencia de Noticias EFE, Parsua recuerda que se casó con un compañero de trabajo, porque supuso que la boda la alejaría de las estrictas leyes que le impedían tener vida social más allá de los límites de su casa. Pero admite que fue un error. Y ese error ha tenido para ella un precio muy alto, ya que al divorciarse, su marido y el gobierno le quitaron a su hija, dado que en Irán divorcio y maternidad no son compatibles.

Parsua Bashi ha publicado un libro – cuyo título es “Nylon Road” – en el que , mediante un cómic, reflejaESPAÑA-CÓMIC-IRÁN un diálogo real que tuvo consigo misma, acerca de su condición de simpatizante comunista, estudiante de arte, madre,mujer divorciada e inmigrante. En el cómic aparecen personajes reales de su vida en Irán y ella misma , como niña, adolescente y adulta, con quienes dialoga y debate.

“Nylon Road” fue publicado en alemán en 2006 y ahora acaba de editarse la versión en español (Editorial Norma)y Parsua asegura que está más que satisfecha con la respuesta que ha tenido su cómic.
 

 

 

Mujeres palestinas, rotas y asustadas

Por Ricardo Mir, Xornal.com (A Coruña)

Su tío empezó a violarla cuando tenía seis años. Su abuelo la ataba a un árbol, le pegaba y le daba tierra para comer. Su madrastra la encerraba durante días sin comida en una habitación y, a veces, le forzaba a comer excrementos. Y su padre intentó matarla con un cuchillo tras acusarla de ser una puta. Estos son algunos de los estadios del terror que han marcado la vida de Walla, una mujer palestina de 18 años, que encontró la libertad al entrar en el único centro de acogida para mujeres maltratadas que existe en los territorios palestinos.

Mehwar está a las afueras de Belén y su arquitectura recuerda a la de una cárcel moderna, con muros imponentes, verjas de hierro y una garita de seguridad a la entrada. “Aquí llegan solo los casos más extremos, mujeres que han sufrido abusos durante 10 o 20 años”, explica Naji Ibrahim, directora del centro Mehwar, dependiente de la Autoridad Nacional Palestina. “Llegan rotas y asustadas, con la autoestima bajo cero. Nuestra misión es hacer que se sientan seguras y en casa. Muchas reciben asistencia psicológica y con el tiempo se ponen a estudiar o a trabajar porque, para su reintegración, necesitan ser independientes”, prosigue la directora. Desde su puesta en marcha en marzo del año pasado, 79 mujeres, 19 de ellas con niños, han buscado refugio en el centro.

 

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Falta de privacidad

La gran mayoría pide ayuda tras sufrir abusos sexuales en el seno de la familia. “Su calvario empieza cuando tienen entre 6 y 11 años. Las viola el padre, el tío o el hermano y los abusos se prolongan durante años”, explica Ibrahim. No existen datos oficiales para medir la incidencia del incesto en Palestina, pero a tenor de los casos registrados por Mehwar, es muy elevado.

La explicación podría estar en la propia idiosincrasia de la sociedad palestina, una sociedad tribal de familias extendidas, donde padres e hijos viven a menudo con sus respectivas familias en una misma vivienda. “En muchas casas no hay prácticamente privacidad, viven todos juntos en espacios reducidos. Algunas comunidades, además, se han convertido en mundos herméticos por las restricciones de movimiento impuestas por Israel”, opina Ibrahim.

Abusos interiorizados

A Mehwar llegan pocos casos de mujeres maltratadas por sus maridos. “Aunque les peguen tres veces al día, ninguna abandona el hogar”, explica la italiana Elena Gentili, trabajadora social de Mehwar. Los abusos están tan interiorizados que, según una encuesta reciente, siete de cada diez mujeres árabe-israelíes –teóricamente más emancipadas que sus vecinas palestinas– no consideran que las bofetadas, los insultos o las humillaciones del marido constituyan casos violencia doméstica.

Las palestinas que no aguantan más se encuentran en un callejón sin salida. No reciben ayuda económica de la Administración, a diferencia de las mujeres israelíes, y socialmente pasan a ser unas apestadas. “Si se van de casa pierden los hijos y la reputación. La gente las considera mujeres indignas”, añade Gentili. Además solo tienen a su disposición dos centros de acogida: Mehwar, en Belén, y otro de emergencia en Jericó, donde la estancia máxima se reduce a un mes.

Hasta hace algún tiempo, explica Gentili, se empleaban también como refugio viviendas particulares, intencionalmente secretas, pero su verdadera naturaleza pasaba enseguida a ser dominio público.

Papel mojado

Las leyes palestinas castigan el incesto y el maltrato, pero sus mecanismos de implementación dejan mucho que desear. Los tribunales tardan años en dictar sentencia y en muchos casos, según los expertos, se absuelve a los maltratadores antes de haber examinado las pruebas. Incluso cuando los culpables acaban en la cárcel, muchos recurren al soborno y tardan muy poco en volver a la calle.

Protegida por los muros de Mehwar, Walla ha recuperado la sonrisa. “Me siento fuerte y ya no tengo miedo. Puedo dormir con la luz apagada y la puerta cerrada porque aquí hay gente que habla conmigo, me da cariño y me protege”, dice mientras una de las trabajadoras sociales del centro la abraza y le acaricia el pelo.

Ha vuelto a estudiar y sueña con ir a la Universidad, pero Walla sabe que su reintegración social no va a ser fácil. “Mucha gente no quiere contratarlas porque piensan que la familia irá a buscarlas. La culpa en esta sociedad patriarcal siempre recae sobre la mujer”, concluye la directora del centro, Naji Ibrahim.

Irán arremete contra su Premio Nobel, Shirin Ebadi

La policía iraní ha cerrado el Centro para la Protección de los Derechos Humanos (CPDH) de la premio Nobel de la Paz Shirin Ebadi. Agentes de uniforme y de paisano se presentaron el pasado domingo en su sede y, sin orden judicial alguna, procedieron a su clausura, según denunció ayer la propia premio Nobel. La medida, que se produjo cuando el centro se disponםa a celebrar el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, es una nueva vuelta de tuerca de las autoridades para tratar de silenciar a quienes denuncian las violaciones de los derechos humanos en Irán. El régimen la acusa de crear una atmósfera contraria al sistema

Cerca de 300 personas estaban invitadas a la ceremonia en la que el CPDH iba a rendir homenaje a Taqi Rahmani, un activista polםtico que pasó 17 años en prisión tras la Revolución Islámica. El acto no llegó a celebrarse. Varias decenas de policías allanaron el local, echaron a todos los reunidos y procedieron a sellar la entrada. No hubo detenidos.

Un comunicado judicial difundido por la agencia semioficial Mehr aseguraba que las declaraciones del CPDH han creado una atmףsfera “de publicidad mediática contra el sistema en los últimos años”. Según la misma fuente, el centro carecía de los permisos legales para seguir con su actividad. En efecto, el Gobierno iraní lo prohibió en 2006, pero había seguido operando en un edificio del norte de Teherán que Ebadi compró con dinero del premio Nobel de la Paz que recibió en 2003.

 

ebadi2“El cierre de nuestras oficinas no hará que cesemos en nuestras actividades”, declaró Ebadi. La premio Nobel aseguró  que sus miembros se reunirán en algún otro lugar y continuarán apoyando a quienes defienden las libertades y los derechos básicos. En su opinión, los recientes informes del centro acusando al Gobierno iraní de violaciones de derechos humanos podrían haber desencadenado la clausura.

Amparado por el prestigio internacional de Ebadi, el Centro para la Protección de los Derechos Humanos se permite una inusual franqueza en sus denuncias. Sus miembros han documentado que, desde la llegada a la presidencia de Mahmud Ahmadineyad, han aumentado las ejecuciones, incluidas las de menores, y las presiones sobre los activistas de los derechos humanos.

En su informe anual del pasado mes de mayo, el centro destacó que “las libertades de expresión y de informacón se habían reducido aún más”. También hace campaña para que se prohíban los castigos inhumanos, como la lapidación o las amputaciones.

 

El aprecio de los iraníes hacia su trabajo se puso de manifiesto en la emotiva recepción que le dispensaron a la activista cuando regresó a Teherבn tras recibir el Nobel. Decenas de miles de personas acudieron al aeropuerto con flores y bloquearon durante horas los accesos. Era la primera iraní y la primera musulmana en lograr tan alto galardón, y el Gobierno, entonces presidido por el reformista Mohamed Jatamí, ni siquiera se molestó en felicitarla.

Su trabajo es especialmente valioso dado que la República Islámica no permite la entrada en el país ni de representantes de la oficina de derechos humanos de Naciones Unidas ni de miembros de otras organizaciones independientes. Dos de éstas, Human Rights Watch (HRW) y la Campaña por los Derechos Humanos en Irán, así como la presidencia francesa de la Unión Europea, condenaron ayer enégicamente el cierre del CPDH y exigieron al régimen de Teherán su inmediata reapertura.

“Esta operación hace temer un objetivo más amplio de silenciar a la comunidad de defensores de los derechos humanos en Irán”, denunció un comunicado de HRW. “No se trata sólo de un ataque contra Shirin Ebadi y sus colegas iraníes, sino contra toda la comunidad de activistas, de la que ella es un miembro destacado e influyente”, aseguró el director ejecutivo de esa organizaciףn, Kenneth Roth.

Fuente: El País

La inhumana ¿vida? de las mujeres en zonas bajo dominio talibán

voodoo2016_4La siguiente lista ofrece sólo una visión abreviada de la infernal vida que las mujeres afganas se ven obligadas a vivir bajo el régimen de los talibanes y refleja una amplia y dolorosa serie de privaciones y sufrimientos.

 

Las  mujeres, a ojos de los talibanes, no tienen importancia, salvo a los fines de la producción de niños, la satisfacción sexual de los hombres y la realización de los quehaceres domésticos.

 

En zonas que se encuentran bajo control de los talibanes, las violaciones y asesinatos de mujeres que supuestamente han transgredido sus restricciones son la norma.

 

Esas restricciones que los talibanes imponen a las mujeres incluyen:

 

 1- Completa prohibición del trabajo femenino fuera de sus hogares, que igualmente se aplica a profesoras, inginieras y demás profesionales. Sólo unas pocas doctoras y enfermeras tienen permitido trabajar en algunos hospitales en Kabul.

2- Completa prohibición de cualquier tipo de actividad de las mujeres fuera de sus casas a no ser que sea acompañadas de su mahram (pariente cercano masculino como padre, hermano o marido).

3- Prohibición a las mujeres de cerrar tratos con comerciantes masculinos.

4- Prohibición a las mujeres de ser tratadas por doctores hombres.

5- Prohibición a las mujeres de estudiar en escuelas, universidades o cualquier otra institución educativa (los talibán han convertido las escuelas para chicas en seminarios religiosos).

6- Las mujeres deben llevar un largo velo (burqa), que las cubre de la cabeza a los pies.

7- Azotes, palizas y abusos verbales contra las mujeres que no vistan acorde con las reglas talibán o contra las mujeres que no vayan acompañadas de su mahram.

8- Azotes en público contra aquellas mujeres que no oculten sus tobillos. beating5

9- Lapidación pública contra las mujeres acusadas de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio (un gran número de amantes son lapidadas hasta la muerte bajo esta regla).

10- Prohibición del uso de cosméticos (a muchas mujeres con las uñas pintadas les han sido amputados los dedos).

11- Prohibición a las mujeres de hablar o estrechar las manos a varones que no sean mahram.

12- Prohibición de reír en voz alta (ningún extraño debe oír la voz de una mujer).

13- Prohibiciónde llevar zapatos con tacones, que pueden producir sonido al caminar (un varón no puede oir los pasos de una mujer).

14- Prohibición de viajar en taxi sin su mahram.

15- Prohibición a las mujeres de tener presencia en la radio, la televisión o reuniones públicas de cualquier tipo.

16- Prohibición a las mujeres de practicar deportes o entrar en cualquier centro o club deportivo.

17- Prohibición a las mujeres de conducir bicicletas o motocicletas, aunque sea con sus mahrams.

18- Prohibición de llevar indumentarias de colores vitosos. En términos de los talibán, se trata de “colores sexualmente atractivos”.

19- Prohibición a las mujeres de reunirse con motivo de festividades o con propósitos recreativos.

20- Prohibición a las mujeres de lavar ropa en los ríos o plazas públicas.

21- Modificación de toda la nomenclatura de calles y plazas que incluyan la palabra “mujer.” Por ejemplo, el “Jardín de las Mujeres” se llama ahora “Jardín de la Primavera”.

22- Las mujeres tienen prohibido asomarse a los balcones de sus pisos o casas.

23- Todas las casas deben tener ventanas opacas, para que las mujeres para que las mujeres no puedan ser vistas desde fuera de sus hogares.

24- Los sastres tienen terminantemente prohibido tomar medidas a las mujeres y coser ropa femenina.

25- Las mujeres tienen prohibido el acceso a los baños públicos.

26- Prohibición a las mujeres y a los hombres de viajar en un mismo autobús. Los autobuses se dividen ahora en “sólo hombres” o “sólo mujeres”.

27- Prohibición de pantalones acampanados, aunque se lleven bajo el burqa.

28- Está prohibido fotografiar o filmar a mujeres.

29- Prohibición de imágenes de mujeres impresas en revistas y libros, o colgadas en los muros de casas y tiendas.

 

taliban_execution21Aparte de las anteriores restricciones a las mujeres, los talibán también:

– Prohiben escuchar música, no sólo a mujeres sino también a los hombres.

– Prohiben ver películas, televisión y vídeos, a todas las personas.

– Prohiben celebrar el tradicional año nuevo (Nowroz) el 21 de marzo, ya que lo consideran una actividad pagana.

 – Han desautorizado el día internacional del trabajo (1º de mayo), porque es tachado de festividad “comunista”.

– Han ordenado que toda persona que tenga nombre no islámico se lo cambie.

– Obligan a la juventud afgana a raparse el pelo.

– Ordenan que los varones vistan indumentaria islámica y lleven gorra.

– Ordenan que los hombres no se afeiten o recorten sus barbas, que deben crecer lo bastante como para caber en un puño bajo la barbilla.

– Ordenan que todo el mundo acuda a las oraciones en las mezquitas cinco veces al día.

– Prohiben el cuidado de pichones y el adiestramiento de aves, describiéncolas como actividades no-islámicas. Quienes violan esta norma son encarcelados y los pájaros deben morir. El vuelo de cometas también ha sido vetado.

– Obligan a todos los espectadores, cuando animan a deportistas, a cantar Allah-u-Akbar (Dios es grande) y aplaudir.

 

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Fuente de la información: Rawa.org

 

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