Crímenes de honor: “La familia es lo primero”

La joven paksitaní Saima Bibi, de 17 años de edad, fue electrocutada y murió a manos de sus propios familiares, que se reunieron en un “Consejo de Aldea” y decidieron que debía ser castigada. Su delito: haberse enamorado de un hombre al que su familia no aceptaba e intentar casarse con él. Saima Bibi “deshonró” a su familia y por ello, según un portavoz policial, se hallaron en el cuerpo de la joven “indicios de tortura y quemaduras en el cuello, espalda y manos”. El padre y un tío de la niña fueron detenidos.

 El asesinato no fue cometido en un arrebato de furia o en medio de una discusión – lo cual no implicaría ningún atenuante – sino que fue fría y cruelmente premeditado.

Según la agencia de noticias Europa Press, “Al parecer, Bibi se enamoró de un vecino suyo, Dilawar, con quien se fugó hace un mes a Karachi, la principal ciudad del país. La joven regresó a su aldea de origen con la promesa de sus familiares de que permitirían su matrimonio, pero éstos finalmente se negaron alegando que el joven procede de una casta inferior”.

Los crímenes de honor representan un método abierto y brutal de control, opresión y subordinación de las mujeres por los hombres.

En las sociedades modernas el concepto de “honor” se refiere a la conducta individual, a la integridad de una determinada persona de acuerdo a su comportamiento social. En las sociedades comunales, este término abarca el comportamiento social colectivo de una familia. En este tipo de sistemas, un individuo es responsable por el honor de todo el grupo familiar, así, el honor de un hombre depende del comportamiento de su mujer, el de un padre, de la conducta de sus hijas.

Es por ello que las mujeres se ven obligadas a considerar cada aspecto de sus vidas en función del honor familiar y su reputación depende de cualidades tales como sumisión, modestia y obedicencia. Las posibilidades de que una familia perdone lo que considera una ofensa al honor son mínimas y si la víctima potencial logra escapar del castigo, necesitará protección a perpetuidad, especialmente si se tiene en cuenta las amplias redes de parientes y amigos que estarían dispuestos a ejecutar la sentencia o a delatarla.

Debido a que este fenómeno se produce generalmente en comunidades cerradas, ello genera una red de vigilancia y rumores, y tanto la familia como la comunidad tienen un rol activo en la represión de la autonomía de las mujeres. Además, el concepto de ofensa al honor se centra más en una percepción pública que en un comportamiento real, y el “juicio”, como así también la “sentencia” se producen sin ninguna necesidad de pruebas por parte de quien acusa y sin posibilidad alguna de que la mujer presente pruebas de su inocencia.

Por otra parte, las faltas al honor suelen ser castigadas en forma pública y con extrema crueldad, de modo tal que produzcan un “efecto disuasorio” en las mujeres en general.

Algunas de las acciones o situaciones fuertemente ligadas a la violencia supestamente destinada a defender el honor y que pueden provocar la pena de muerte son:

  • Pérdida de la virginidad fuera del matrimonio
  • Embarazo antes del matrimonio
  • Infidelidad
  • Mantener una relación que no cuenta con la aprobación familiar
  • Pedir el divorcio
  • Pedir la tenencia de los hijos después del divorcio
  • Dejar el hogar familiar o marital sin autorización
  • Causar escándalo o provocar rumores en la comunidad
  • Ser víctima de violación

 

De todos modos, algunos casos de violencia y crímenes de honor son motivados por conductas tales como reir en exceso o en forma estridente, mirar por la ventana, recibir un obsequio o utilizar un baño público.

De acuerdo con la prensa internacional, al menos 650 mujeres fueron asesinadas durante el año 2009 en Pakistan por delitos de honor.

Este dato, parcial y no oficial, muestra a las claras que este tipo de atrocidades sólo se cometen en el contexto de un “terreno fértil”. Un espacio que la ley y la justicia han dejado vacío y que ha sido ocupado por la opresión y la brutalidad contra una gran cantidad de mujeres a las que nadie defiende.

Fuentes de información: Europa Press , “Women Against Shariah”, “The Republic of Cousins. Women’s Opression in Mediterranean Society” (Tillion)

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La inhumana ¿vida? de las mujeres en zonas bajo dominio talibán

voodoo2016_4La siguiente lista ofrece sólo una visión abreviada de la infernal vida que las mujeres afganas se ven obligadas a vivir bajo el régimen de los talibanes y refleja una amplia y dolorosa serie de privaciones y sufrimientos.

 

Las  mujeres, a ojos de los talibanes, no tienen importancia, salvo a los fines de la producción de niños, la satisfacción sexual de los hombres y la realización de los quehaceres domésticos.

 

En zonas que se encuentran bajo control de los talibanes, las violaciones y asesinatos de mujeres que supuestamente han transgredido sus restricciones son la norma.

 

Esas restricciones que los talibanes imponen a las mujeres incluyen:

 

 1- Completa prohibición del trabajo femenino fuera de sus hogares, que igualmente se aplica a profesoras, inginieras y demás profesionales. Sólo unas pocas doctoras y enfermeras tienen permitido trabajar en algunos hospitales en Kabul.

2- Completa prohibición de cualquier tipo de actividad de las mujeres fuera de sus casas a no ser que sea acompañadas de su mahram (pariente cercano masculino como padre, hermano o marido).

3- Prohibición a las mujeres de cerrar tratos con comerciantes masculinos.

4- Prohibición a las mujeres de ser tratadas por doctores hombres.

5- Prohibición a las mujeres de estudiar en escuelas, universidades o cualquier otra institución educativa (los talibán han convertido las escuelas para chicas en seminarios religiosos).

6- Las mujeres deben llevar un largo velo (burqa), que las cubre de la cabeza a los pies.

7- Azotes, palizas y abusos verbales contra las mujeres que no vistan acorde con las reglas talibán o contra las mujeres que no vayan acompañadas de su mahram.

8- Azotes en público contra aquellas mujeres que no oculten sus tobillos. beating5

9- Lapidación pública contra las mujeres acusadas de mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio (un gran número de amantes son lapidadas hasta la muerte bajo esta regla).

10- Prohibición del uso de cosméticos (a muchas mujeres con las uñas pintadas les han sido amputados los dedos).

11- Prohibición a las mujeres de hablar o estrechar las manos a varones que no sean mahram.

12- Prohibición de reír en voz alta (ningún extraño debe oír la voz de una mujer).

13- Prohibiciónde llevar zapatos con tacones, que pueden producir sonido al caminar (un varón no puede oir los pasos de una mujer).

14- Prohibición de viajar en taxi sin su mahram.

15- Prohibición a las mujeres de tener presencia en la radio, la televisión o reuniones públicas de cualquier tipo.

16- Prohibición a las mujeres de practicar deportes o entrar en cualquier centro o club deportivo.

17- Prohibición a las mujeres de conducir bicicletas o motocicletas, aunque sea con sus mahrams.

18- Prohibición de llevar indumentarias de colores vitosos. En términos de los talibán, se trata de “colores sexualmente atractivos”.

19- Prohibición a las mujeres de reunirse con motivo de festividades o con propósitos recreativos.

20- Prohibición a las mujeres de lavar ropa en los ríos o plazas públicas.

21- Modificación de toda la nomenclatura de calles y plazas que incluyan la palabra “mujer.” Por ejemplo, el “Jardín de las Mujeres” se llama ahora “Jardín de la Primavera”.

22- Las mujeres tienen prohibido asomarse a los balcones de sus pisos o casas.

23- Todas las casas deben tener ventanas opacas, para que las mujeres para que las mujeres no puedan ser vistas desde fuera de sus hogares.

24- Los sastres tienen terminantemente prohibido tomar medidas a las mujeres y coser ropa femenina.

25- Las mujeres tienen prohibido el acceso a los baños públicos.

26- Prohibición a las mujeres y a los hombres de viajar en un mismo autobús. Los autobuses se dividen ahora en “sólo hombres” o “sólo mujeres”.

27- Prohibición de pantalones acampanados, aunque se lleven bajo el burqa.

28- Está prohibido fotografiar o filmar a mujeres.

29- Prohibición de imágenes de mujeres impresas en revistas y libros, o colgadas en los muros de casas y tiendas.

 

taliban_execution21Aparte de las anteriores restricciones a las mujeres, los talibán también:

– Prohiben escuchar música, no sólo a mujeres sino también a los hombres.

– Prohiben ver películas, televisión y vídeos, a todas las personas.

– Prohiben celebrar el tradicional año nuevo (Nowroz) el 21 de marzo, ya que lo consideran una actividad pagana.

 – Han desautorizado el día internacional del trabajo (1º de mayo), porque es tachado de festividad “comunista”.

– Han ordenado que toda persona que tenga nombre no islámico se lo cambie.

– Obligan a la juventud afgana a raparse el pelo.

– Ordenan que los varones vistan indumentaria islámica y lleven gorra.

– Ordenan que los hombres no se afeiten o recorten sus barbas, que deben crecer lo bastante como para caber en un puño bajo la barbilla.

– Ordenan que todo el mundo acuda a las oraciones en las mezquitas cinco veces al día.

– Prohiben el cuidado de pichones y el adiestramiento de aves, describiéncolas como actividades no-islámicas. Quienes violan esta norma son encarcelados y los pájaros deben morir. El vuelo de cometas también ha sido vetado.

– Obligan a todos los espectadores, cuando animan a deportistas, a cantar Allah-u-Akbar (Dios es grande) y aplaudir.

 

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Fuente de la información: Rawa.org

 

¿Respeto, juego electoral o sumisión?

 

¿Dónde está la fotografía de Tzipi Livni?

En el camino de Tel Aviv a Jerusalem desapareció la imagen de la candidata del partido Kadima en las elecciones generales en Israel, Tzipi Livni, de los carteles de campaña.

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¿Adónde fue a parar la ministra de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni, o mejor dicho, su fotografía?

Ésta es la pregunta que plantea el periódico Yediot Ajaronot, que muestra también dos posters de la campaña electoral del partido Kadima, uno de la ciudad de Tel Aviv y el segundo de Jerusalem.

Según los periodistas de Yediot Ajaronot, en las ciudades de Bnei Brak y Jerusalem, la imagen de Tzipi Livni no figura en la propaganda electoral, debido a la oposición de los ultraortodoxos a la publicación de la imagen de una mujer.

En el partido Kadima explicaron que “los carteles fueron colocados por empresas en cada zona donde se realiza la campaña y también en otras zonas se exhibe el cartel sin fotografías. En una próxima etapa de la campaña lo reemplazaremos por otros, con imágenes de Tzipi Livni, salvo en los lugares donde respetaremos la sensibilidad de los habitantes respecto de tales fotografías”.

Fuente: Yediot Ajaronot

Bombay, Londres, New York, Madrid, Jerusalem, Buenos Aires…

Cada vez es más la gente afectada por el terrorismo y, quizás por eso, es cada vez menor la consciencia acerca de los estragos que produce, del desgarro que genera, de la destrucción que impone y el dolor que siembra, en términos de seres humanos comunes, que viven sus vidas cotidianas alejados de todo eso, así, como cualquiera de nosotros.

No puedo ocultar el efecto que me produjeron las imágenes que llegaron desde Bombay. Tantos recuerdos, tanta tristeza arrinconada en mi historia personal y familiar…

 

Los papás de Moishi, la mamá de Matías

A principios de este año falleció mi padre, después de algunos meses de internaciones y sufrimientos. Durante esa última etapa, la enfermedad que padecía le provocaba, por momentos, delirios. Y sus delirios eran, exclusivamente, dos. Uno tenía que ver con todo lo que él quería darme, me decía que tenía empresas, fábricas, autos y dinero, y que todo eso era para mí. En medio de la tragedia me arrancaba sonrisas cargadas de ternura.

Su segundo y más recurrente delirio tuvo que ver con los atentados sucedidos en Buenos Aires. Con un dolor profundo que había llevado adentro durante todos estos años y, evidentemente, en el final de sus días hacía eclosión. Con sus miedos y sus pesadillas.

Es que el 17 de marzo de 1992, cuando estalló la embajada de Israel en Buenos Aires, murió mi tía, Graciela Susevich de Levinson. Y dos años después, el 18 de julio de 1994, cuando la sede de la AMIA fue derrumbada en un segundo atentado, murió mi tío, Jaime Plaksin.

 Mi tío Jaime trabajaba en Cultura, era sinónimo de teatro en Idish, de enseñanza de Talmud, de Cábala, de jaime2Torá. Y fueron muchas, muchísimas las personas que se acercaron a la familia tras su muerte, para contar que Jaime los había ayudado, que les había enseñado, que los había aconsejado. Pero él jamás contaba esas cosas, ni mucho menos se vanagloriaba. La fotografía del emisario de Jabad, las afirmaciones y los relatos elogiosos de quienes lo conocieron, me recordaron a mi tío Jaime.

 

 

Las imágenes del caos y la destrucción, el descontrol, las críticas a las autoridades locales, me llevaron otra vez a aquel día en que la representación israelí en Buenos Aires quedó destruida.

Cuando ví al pequeño Moishi transformado en un ícono, un símbolo humano de la tragedia, su imagen me retrotrajo de inmediato a las voces de los cronistas de radio y televisión y a los textos de los diarios que hablaban de Matías – mi primo Matías – a quien nadie logró sacar del espantoso escenario en que se había convertido la embajada, hasta que sacaron a su madre de abajo de los escombros.graciela

El inolvidable grito del periodista de la televisión argentina que dijo: “encontraron a la mamá de Matías” , y siguió adelante con su crónica: “el cuerpo sin vida de Graciela Levinson es retirado del lugar…”

Y la imagen de mi papá – inconfundible, incluso de espaldas – llevándose de ese lugar a mi primo Matías y a mi hermana.

Y las contracciones que se intensificaban y se aceleraban en mi vientre, en el octavo mes de embarazo, en la misma medida y con la misma velocidad con las que se intensificaba el dolor.

 

Una simple expresión de dolor

He escuchado y leído en estos días a decenas de analistas, expertos en terrorismo y política internacional. Pero ésta no es una columna sobre contraterrorismo. No trata siquiera acerca de las generalizaciones que se regenerarán ahora por parte de quienes verán a todo musulmán, árabe o parecido, sin excepción, como portador de un chaleco explosivo y un enemigo despiadado . Ni sobre los musulmanes moderados, cuya voz de repudio no se oye, por el momento. Ni sobre el papel de Irán y su influencia – directa o indirecta – sobre Pakistán.

Ni siquiera sobre cómo debería reaccionar occidente, o cuánto y cómo debe proteger el Estado de Israel a las instituciones judías en el mundo, ni sobre la saña con que los terroristas de Bombay buscaban judíos e israelíes.

Estas palabras son un reflejo de mi necesidad de respuestas, de mi sed de justicia, mi esperanza de un verdadero Nunca Más y mi amor a la vida.Esto que escribo es, en definitiva, una simple y renovada expresión de tristeza y dolor.

 

Fotos: En la primera fotografía, a la derecha, se ve a mi tío, Jaime Plaksin, junto a su esposa, Aída. En la segunda se ve a mi tía, Graciela Levinson, junto a mi padre.

El “efecto soldado” en la sociedad israelí

Desde que llegué al país me ha llamado mucho la atención el trato y la deferencia que tiene la gente, en general, hacia los soldados.

Es que realmente enternece verlos cargar esos bolsos enormes, los ojos chiquititos y lagañosos, subiendo a buses y trenes, en larguísimos viajes en los que sólo se dedican a dormir. Pero dormir como sólo un soldado lo puede hacer.

Cierta vez iba en el tren desde Beer Sheva (en el sur, bien al sur) hacia Tel Aviv y había muchos, muchísimos soldados. Algunos en los asientos y otros, sencillamente en el piso, durmiendo. Uno de ellos tenía la cabeza apoyada sobre su mochila, el cuerpo acurrucado en un rincón del vagón y el celular pegadito a una de sus orejas. El teléfono comenzó a sonar, con una estridente melodía jasídica, cantada y todo, y el soldadito… nada. Una vez y otra vez y otra más, y el bello durmiente… nada!

Alguien debía estar más que preocupado por él, ya que la insistencia era terrible, pero el pobre no reaccionaba.

Y la gente, lejos de enojarse o protestar (como lo harían, en general, los israelíes en cualquier otra circunstancia), se limitaba a observarlo con una expresión de pena, comprensión y ternura.

 

“Love Story” en el supermercado

Una de las cosas más difíciles que puede haber en este país es hacer las compras los jueves por la noche. Aunque más difícil, casi imposible, es el viernes a la mañana. Y totalmente imposible, una locura total, el viernes al mediodía. La gente enloquece porque todo se cierra cerca de las dos de la tarde y compran (ejem, compramos) comida como para alimentar a un batallón durante un mes.

Un viernes al mediodía estaba yo en el supermercado (no por valiente sino por inconsciente, por haber dejado las compras para último momento), en medio de la maraña de gente apurada y con muy, muy poca paciencia. Llegué a la caja y alguno ya empezaba a refunfuñar, porque no soy especialmente rápida para acomodar los productos en las bolsas… cuando de pronto llegó mi hijo mayor, Uri, que venía de la base. Todos lo vimos bajar las escaleras que se ven desde adentro del supermercado y – con su uniforme y todos los chirimbolos que lleva en la camisa – hacer su entrada triunfal. Sin darme cuenta dije en voz alta: “¡Ése es mi hijo!”

De pronto, todo pareció haberse congelado. Uri llegó hasta la caja y ante la mirada de todos me abrazó, me dio unos besos atrasados de un par de semanas y nos saludamos largamente. “Cómo te fue, tenés hambre, me compraste lo que te encargué desde la base, mejor me voy a dormir primero y después como algo”, etc, etc, etc. Y así, todo un diálogo.

Lejos de enojarse o ponerse de malhumor, la gente miraba, casi con lágrimas en los ojos. Me dí vuelta y me disculpé por la tardanza – aunque la sonrisa me llegaba de una oreja a la otra – pero todos me respondían que por favor, faltaba más, ningún problema…

Salimos de allí casi como dos héroes, mientras la gente nos veía pasar y nos saludaba.

 

Hasta el gasista se solidariza

Hace unos días, así, de pronto, en mi casa dejó de funcionar la cocina. Sólo podíamos usar el horno, que es eléctrico, y el asunto estaba bastante incómodo.

Llamé a un técnico, de esos que cobran más que los médicos y tardan más que la grúa en llegar, pero resultó ser que la cocina no tenía nada. El problema estaba en el gas.

Lo primero que hice fue revisar las últimas facturas, para ver si había pagado o si la empresa que nos suministra el gas de nuestra cocina se había cansado de esperar. Pero no, todo estaba en regla. Llamé a la empresa. Después de hacer 853 llamados, a la central, a la filial, a la división reparaciones y a no sé quién más, me prometieron que el técnico vendría el martes. Obviamente, no apareció.

El miércoles, otros tantos llamados. Rogué, supliqué, me enojé e hice algunos pucheros, y me lo prometieron para el miércoles. Obviamente, no apareció.

El jueves – ayer – a la nochecita, decidí cambiar de estrategia y se me ocurrió utilizar el “efecto soldado”. Llamé al señor Avigdor, que era el último en la línea de llamados y le dije: “tengo un hijo que es soldado combatiente y mañana viene a casa por el fin de semana, después de tres semanas. ¿No le parece que yo le tengo que cocinar algo?”

Avigdor soltó una risita avergonzada y dijo: “POR SUPUESTO. Yo me voy a ocupar”.

Esta mañana bien temprano vinieron a arreglar el gas. El técnico me explicó que lo había mandado especialmente Avigdor, se disculpó por haberse demorado tanto, y me preguntó por mi hijo el soldado, que en qué base está, cada cuánto viene a casa y si piensa quedarse en el ejército y hacer carrera.

Y ahora, ya no tengo excusas. Me voy a cocinar…

 

 

Los Ángeles de Charlie en Dubai

angeles-de-charlieSeis mujeres armadas y subidas a modernísimas motocicletas, se han convertido en el primer equipo de mujeres policías de la zona del Golfo. Pero no son los Ángeles de Charlie, aquellas mujeres bonitas que protagonizaban una famosa serie de aventuras “policiales” y respondían a un jefe al que jamás veían. Se trata de seis profesionales, entrenadas para descender desde un helicóptero utilizando equipo de rescate y para poner en riesgo sus vidas con tal de salvar otras.

Además, fueron asignadas a la custodia y protección de jefes de estado, ministros, altos oficiales y sus familias, especialmente las mujeres. Todas ellas son graduadas de la Academia Policial de Dubai y han pasado un entrenamiento militar especial, que incluye la acción antiterrorista.

Como mujeres árabes, que viven en un entorno dominado por hombres, están decididas a mostrarle a sus compañeros de uniforme y a la sociedad en general, que pueden hacerlo, y muy bien.

mujeres-policias-en-dubai1Fatima Mamari (25), una de las integrantes del equipo, explica que este sexteto está “en la línea de fuego si se produce un incidente que afecte a un VIP, un funcionario, o personalidad destacada”. Fatima ha debido librar una batalla personal, antes de comenzar esta carrera tan poco común. “En mi familia hubo sólo objeciones y críticas cuando me integré a la Policía, a los 21 años de edad”, recuerda. A pesar del tiempo, las cosas no han cambiado en este sentido. “Una mujer policía es algo que no se ve con frecuencia en nuestra sociedad. Pero creo que yo rompí el molde cuando tomé esta decisión. Cuando fui en cierta ocasión a un banco a hacer una transacción y mostré mi licencia de conducir pude ver la sorpresa en el rostro del empleado cuando vio que era de una motocicleta”, relata Fatima.

Respecto de su trabajo, Fatima asegura que “lo más importante es la confianza en uno mismo. Incluso después de casarme, sigo haciendo este trabajo. Me gusta el desafío cotidiano que hay en él”.

Mariam Ahmad (28), coincide con Fatima en cuanto al gusto por el desafío. “Elegí este trabajo para que se convierta en la profesión que ejerceré en mi vida. Cada día es el comienzo de una nueva aventura. Además, cumpliendo mis funciones, he conocido Suiza, Francia, Sudán y Bahrein en muy poco tiempo”. Mariam fue la encargada de custodiar a la hija del presidente estadounidense George Bush durante su visita a Dubai.

“No hay diferencia entre nuestras motocicletas y las de los hombres, tampoco recibimos un tratamiento especial durante el entrenamiento. Cuando nos caíamos, por ejemplo, nadie nos ayudaba a levantarnos. Me encanta lo que hago y me siento orgullosa de formar parte de este equipo y de la fuerza policial”, afirma la joven. “La misión más difícil que he cumplido hasta el momento fue la custodia de Benazir Bhutto cuando visitó Dubai. Esperábamos lo peor, incluido un atentado o cualquier tipo de intento de asesinato. Me apenó muchísimo lo que sucedió después, cuando regresó a su hogar”, dice Mariam.

Por su parte, el Brigadier Mohammad Eid Al Mansouri, director del Departamento de Seguridad Preventiva y Emergencias de la Policía de Dubai, asegura que “estas mujeres fueron elegidas por su determinación, coraje, capacidad y entusiasmo. Los antiguos conceptos sobre el rol de la mujer empiezan a cambiar en nuestro país y se puede encontrar mujeres en los más diversos ámbitos de acción y campos de trabajo”.

 

Fuente de la información: XPress

 

 

 

 

La embajadora de Dinamarca en Israel se solidariza con Tzipi Livni

El 1 de septiembre pasado presentó sus credenciales diplomáticas la nueva embajadora de Dinamarca en Israel,Liselotte Plesner, ante el presidente Shimon Peres. Poco antes del acto, la embajadora debió pasar junto con los demás diplomáticos el rito del saludo y estrechar la mano a todos los miembros del servicio diplomático. Sólo que, en su caso, todos se dirigían a su marido que la acompañaba, Nicolai, y felicitaban al “nuevo embajador”. “Al principio nos resultó divertido. Le daban tarjetas de presentación y le decían frases sobre expectativas de cooperación y trabajo conjunto. Incluso me pareció que él lo estaba disfrutando. Hasta que dije: ‘momento, yo soy la embajadora aquí'”.

No es ésta la primera vez que Plesner – diplomática de 48 años de edad – se topa con este tipo de reacciones. En su cargo anterior, cuando era directora del Departamento Político del ministerio de Relaciones Exteriores de su país, solía concurrir a las reuniones acompañada por su asistente personal, un muchacho unos cuantos años más joven que ella. Tanto en Bruselas como en otras capitales europeas, todos pensaban que él justamente era el diplomático y ella la asistente que lo acompañaba.

“Esto muestra que todavía hay mucho camino por andar”, dice la embajadora. “En Dinamarca, como en otros países de la región, hay una situación de bastante igualdad para la mujer, pero eso es en cierta forma un mito. En el ámbito privado prácticamente no existe y en el ámbito público hay muchas mujeres en los cargos menores y, a medida que se asciende en el escalafón de pronto ves sólo hombres. Hay mujeres en nuestro parlamento y 50% de los diplomáticos jóvenes son mujeres. Pero en el nivel de directores la mayoría son hombres”, explica.

En Israel hay hay 85 representaciones diplomáticas extranjeras, 15 de las cuales están a cargo de una mujer. Israel tiene 95 representaciones en el mundo y en sólo 11 hay una mujer a la cabeza. Entrevistada por el periódico Haaretz, la embajadora Plesner dice buscar inspiración en las mujeres que llegaron a altos puestos en la política europea. Carme Chacón, por ejemplo, que tiene sólo 37 años y es la ministra de Defensa de España. Rachida Dati, de 43 años de edad, la ministra de Justicia francesa. Plesner relata que trabajó, en el marco del puesto que ocupaba en la Cancillería, en contacto directo con miembros del ejército danés, represntantes de la OTAN y otros organismos militares. “Hablábamos sobre Irak, Irán, y sobre el proceso de paz en Medio Oriente”, relata Plesner. “Nunca tuve ningún problema, al contrario, recuerdo que había una cooperación especialmente buena y fructífera. Una mujer sin duda puede lograr eso”.

Sin introducirse en los laberintos de la política interna israelí y sin decir – por supuesto – cuál es el candidato que apoya, Plesner asegura que se sorprendió mucho, y no precisamente para bien, con aquella famosa pregunta que dirigieron a Tzipi Livni sobre quién atenderá el teléfono a las tres de la madrugada. “¿Le habrían preguntado algo así si se tratara de un hombre? Mi impresión sobre Livni es excelente. No juega con su femineidad y no trata de congraciarse con la gente. Se ve como una persona extremadamente profesional y no alguien que busca atajos sólo para caerle bien a alguien”, advierte.

Ése es precisamente el modelo que la propia Plesner exhibe: ni femenino ni masculino, sino profesional. “Las mujeres tienen que avanzar y no pensar si están actuando de acuerdo con los códigos masculinos, o sea duros, o femeninos, o sea más suaves y delicados. Hay que salir de esa forma de pensamiento de hombre-mujer. Una mujer, al igual que un hombre, debe saber hacer bien su trabajo. A veces se dice que hay que dejar que actúen las mujeres allí donde los hombres fracasaron. También esto es un error: las mujeres no son mejores que los hombres. Todo lo que hay que hacer es tomar las decisiones correctas y dirigir. Y eso no tiene nada que ver con la cuestión de hombre-mujer”, asegura la embajadora Liselotte Plesner.